Así se vivía la Navidad en uno de los barrios más tradicionales y salseros de Cali

Diciembre 31, 2021 - 12:17 a. m. 2021-12-31 Por:
Francia Elena Barrera, directora de la Orquesta D’Caché
Orquesta D’Caché

De izquierda a derecha, de pie: Diana María Arias, Lucero Bolaños, Francia Elena Barrera, Yesenia Soto, Eli V, Liliana Camacho, Belly Betancourth, Zorayda Parra, Delfy Asprilla. Sentadas Silvana Monsalve, Carmen Campo y Betty Kaar.

Foto: Especial para El País

La época de la Navidad y fin de año significa para mí un encuentro de emociones y recuerdos muy lindos de infancia, que con el paso del tiempo cada vez cobran mayor valor; en el barrio La Independencia de Cali, donde transcurrieron mis primeros años, de seguro había muchas necesidades, sin embargo, los vecinos se las ingeniaban encontrando espacios para la rumba y la diversión. Iniciando diciembre, nos dábamos a la tarea de recopilar tapas de gaseosas para aplanarlas, golpeándolas con una piedra, luego las perforábamos en el centro por donde les pasábamos un trozo de alambre que uníamos en sus puntas, formando así un rudimentario pero efectivo instrumento de percusión que llamábamos pandereta y usábamos para acompañar los cánticos de las novenas al Niño Dios, que hacíamos en familia acompañados de varios niños del vecindario y al final cada uno recibía dulces navideños. Las calles eran adornadas con coloridos festones, y en una fraterna juntanza eran pintados los sardineles, se generaba un ambiente de fiesta, de algunas casas sacaban los bafles de sonido a los andenes y era principalmente la salsa, la música que sonaba, pues ya Cali estaba adoptando como propios aquellos ritmos que nos llegaron desde Cuba, Puerto Rico y Nueva York.

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“Ya van a empezar las fiestas, las fiestas de Navidad … del compositor Roberto García, en la inigualable voz de Héctor Lavoe, el cantante de los cantantes, y con la singular sonoridad del cuatro de Yomo Toro, retumba aún en mis recuerdos de aquella época en la que recibí mis primeras improvisadas clases de baile, en casa con mis hermanos y hermanas mayores, quienes ya eran muy buenos bailadores y participaban de los agüelulos (reuniones bailables vespertinas) que organizaban con sus amigos del barrio en algunas de sus casas. Recuerdo que mi hermano Julio Cesar me decía “tienes que aprender a bailar bien, pues caleño que se respete (aunque yo nací en Roldanillo, soy caleña por adopción) tiene que bailar bien salsa, además una muchacha puede ser muy bonita, pero si no sabe bailar, nadie la saca”, je, je, y yo no quería que me dejaran sentada.

“Lo lay lelo lee, lo lay lelo la, aunque usted no quiera les vengo a cantar” … Sí, y así, inicialmente sin quererlo, sin pretenderlo, me fue atrapando ese sonido que invita a bailar, me fui enamorando de la salsa, y yo, quien desde muy niña empecé cantando baladas y música andina colombiana que me enseñaba mi madre, sin saberlo, me estaba preparando para ser una de las cantantes pioneras del importante movimiento femenino de la salsa en nuestra región. Por ello cuando me integré al Son de Euterpe por invitación de José Eliecer Castillo y seguidamente al grupo Gaviotas de Olga Lucía Rivas, que posteriormente a sugerencia de la disquera adoptó el nombre de Son de Azúcar, fue fácil para mi empezar a cantar salsa.

Posteriormente, en el año 92, junto a José Norvey Arias, mi esposo, constituimos la orquesta femenina D’caché e incluimos en nuestro repertorio para las actuaciones, aquel tema interpretado por Lavoe y obviamente fuimos creando nuestro repertorio propio con canciones como ‘No soy un juego’ (que grabé inicialmente en el año 90 con Son de Azúcar y luego con D’caché), Ven a mi Cali, ‘Reina rumba’ y otras más. Con nuestra orquesta hemos recorrido muchos países llevando en alto la salsa que identifica a la cultura caleña, desde niña y por siempre esta música me ha acompañado puedo decir, entonces, que la salsa ha marcado una presencia muy fuerte en mi vida. Aunque, aclaro, me encantan y disfruto muchos géneros musicales, he abordado boleros, baladas, folclor colombiano y latinoamericano incluyendo tangos, por tanto me considero una interprete versátil.

Hay muchas otras canciones que me evocan aquellas épocas hermosas como Cantares de Navidad, compuesta por el puertorriqueño Benito de Jesús en 1952, vocalizada por Rodofo Aicardi con Los Hispanos, pero especialmente cuando de nuevo vuelvo a escuchar, Aires de Navidad me remonta a esos años ya lejanos y la nostalgia aflora entonces en mi corazón, pues me llegan muchísimos recuerdos: de mi escuela Soledad Acosta de Samper, de mi colegio Joaquín de Caicedo y Cuero, de mis profesoras y profesores muchos de las cuales ya no están, de mis amigos del barrio, también de Francisco Lerma, mi único tío materno quien vivía en Bogotá y su visita en fin de año era toda una fiesta para la familia, pues además coincidía con diciembre, Navidad y Feria de Cali.

Mi madre, mi tío Francisco y muchos más ya no nos acompañan físicamente, pero vuelven a nosotros a través de aquellas canciones que marcaron la época, cuando los tuvimos presentes, esa es parte de la magia de las canciones, de la música que definitivamente nutre el alma y se hace imprescindible.

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