Así se fotografían los más bellos parques naturales de Colombia

Así se fotografían los más bellos parques naturales de Colombia

Septiembre 09, 2018 - 08:29 a.m. Por:
Anderson Zapata R. / Reportero de El País
serranía del chiribiquete

Foto de la Serranía del Chiribiquete.

Gabriel Eisenband / Especial para El País

Que hable Colombia con sus paisajes. Esa es la intención del fotógrafo barranquillero Gabriel Eisenband Gontovnik, quien con su cámara recorrió durante un año el país desde la alta Guajira hasta el vasto Amazonas, y desde los confines del Vichada hasta las hermosas playas del Pacífico nariñense y así logró adentrarse en 42 de los 59 Parques Nacionales Naturales, una expedición que para él ha sido “el emprendimiento más intenso de su vida”.

“Este viaje ha sido una aventura llena de experiencias riquísimas. Fue un recorrido que me permitió recorrer la Colombia profunda por vía terrestre, fluvial y aérea”, afirma Gabriel, quien recientemente publicó con Villegas Editores el libro ‘Parques Nacionales Naturales de Colombia’, una verdadera joya de la fotografía nacional.

En entrevista con Gaceta, este apasionado por la fotografía que ha recorrido Europa, América y ha llegado hasta Nueva Zelanda con su lente, habló sobre cómo surgió la idea de realizar este libro de 286 páginas, los retos climáticos a los que debió enfrentarse, cuáles fueron los lugares que más le impactaron por su belleza y explica por qué, en plena era de Internet y de las plataformas virtuales, vale la pena hacer un libro impreso a todo color con los paisajes de Colombia.

Fue un de trabajo en el que recorrió Colombia, ¿cómo vivió esa experiencia y de quién fue la idea?

Todo nació por una necesidad. Yo he hecho fotografía toda mi vida, pero en busca de tener una estabilidad económica no podía dedicarme del todo a esta pasión. Trabajaba para la fotografía pero no vivía de ella. El tiempo libre se lo dedicaba a viajes fotográficos, mientras mi mundo laboral estaba en lo corporativo. Llegó un momento en que me sentía atascado y estancado en ese mundo. Sentía que no estaba dejando fluir mi vida y decidí hacer un alto en el camino, me retiré de mi trabajo en 2015 y empecé a viajar por Colombia. Viajé durante un año y cuando terminé me acerqué a Parques Naturales, les mostré mi trabajo y les dije que quería hacer una exposición en Bogotá en honor a nuestros parques.

A ellos les gustó el trabajo y me dieron su apoyo. Una vez me dieron esa respuesta realicé la exposición el 9 de noviembre de 2016, día de los Parques Naturales, en Galería La Cometa y fue un éxito.

¿Cómo se contactó con el editor Benjamín Villegas para poder realizar el libro?

En la exposición que realicé el 9 de noviembre estuvo Benjamín Villegas, vio mis fotos y me dijo que el proyecto era perfecto para llevarlo a un libro y hacer una nueva publicación sobre los Parques Nacionales.

La semana siguiente nos reunimos en su oficina y le propuse que no dividiéramos el libro por partes, sino por regiones y que tampoco habláramos nosotros, sino los parques. Quería cederle la palabra a la naturaleza. No quería un libro intelectual, sino uno documental. Quería conectar emocionalmente a la gente con los Parques Naturales.

Gabriel Eisenband

Gabriel Eisenband.

Especiales para El País

¿Cómo fue posible visitar 59 Parques Naturales en un año?

Junto con Andrés Hurtado, otro fotógrafo que participó en el libro, le mostramos el proyecto a Parques Naturales y les interesó la idea. La única condición que nos pidieron para apoyarnos con la publicación fue que en el libro debían estar incluidos todos los parques.

Inicialmente yo les había propuesto hacer 50 parques porque quería dedicarme a lo que tuviera mayor valor escénico en lo que a fotografía se refiere. Además, es importante aclarar que nuestro trabajo depende de la luz y vivimos en un país tropical, por lo que realizar ese trabajo en un año iba a ser casi imposible. Por ese motivo se decidió contar con fotografías complementarias de Andrés Mauricio López y así poder cerrar esa brecha que teníamos.

Finalmente visité 42 parques y Andrés fue a 15. Hubo tres o dos parques a los que no pudimos ir por motivos de seguridad, pues en el tiempo en que se realizó el proyecto estos lugares todavía eran fortines de disidencias de la guerrilla y no se nos permitía entrar.

Malpelo

Santuario de Flora y Fauna de Malpelo.

Andrés Mauricio López / Especial para El País

¿Por qué, en plena era digital, vale la pena publicar un libro con cientos de fotografías de Colombia?

La tierra tiene un mensaje y decirlo o escribirlo en nuestro idioma es ponerlo en nuestro contexto. Yo quería que ese mensaje fuera dado por las imágenes de los paisajes para que Colombia cantara. Con el libro quise mostrarle al mundo esa voz de nuestra tierra. Con las fotografías busco que los colombianos conozcan nuestros verdaderos monumentos, que no son los puentes ni los edificios, sino esa tierra que está bajo protección. La idea era conectar a la gente espiritual y emocionalmente con la tierra colombiana mediante este trabajo fotográfico. Tampoco quería hablar del tema de la conservación del medio ambiente y de los parques porque de eso ya se ha hablado. Nosotros queríamos, por medio del libro, hacer que la gente se conecte, sienta amor y admiración por estas tierra y diga: “Esos lugares definitivamente hay que mantenerlos limpios. No debemos construir nada sobre los Parques Naturales”. El libro es un testamento de lo que tenemos que cuidar.

De los 42 parques que visitó, ¿cuál es el que más recuerda?

Hay dos parques que yo no conocía y me impactaron bastante. Uno se llama El Tuparro y está ubicado en la Región de la Orinoquía.
Me impactó estar en el Río Orinoco y ver esa enorme extensión de sabana que en época de lluvia se inunda y hay que navegar en lancha y durante el verano, es decir, durante cinco meses, se convierte en tierra seca y árida. Es increíble como un día lo puedes andar a pie y otro hay que navegar y disfrutar de agua cristalina. El pasto crece bajo del agua y es algo maravilloso.  También me gustaría que los colombianos conocieran el Raudal De Maipures, ubicado allí mismo. Este lugar es algo maravilloso y fue perfecto para las fotografías porque había mucha luz, algo poco común en los Parques Naturales, pues la mayoría están ubicados en los páramos que son de mucha niebla o en bosques oscuros.
El segundo lugar que me dejó sin palabras fue el  Parque Nacional Natural Sanquianga, ubicado en el departamento de Nariño. Llegar allí es descubrir que las playas más hermosas de Colombia están en ese remoto lugar y no en el Caribe.  Allí usted podrá ver kilómetros de playas solitarias y el salvaje mar Pacífico. Apreciar esas grandes y desiertas extensiones de playas fue algo fantástico y me encantaría volver.

¿Cuál fue el mayor reto climático que debió enfrentar para poder hacer las fotografías?

Ya era claro que teníamos que hacer el proyecto en doce meses, por lo que no podíamos esperar el verano para hacer algunas fotos y tocaba ir a los sitios, arriesgarse y esperar a que no lloviera. El mayor reto que viví fue en el Parque Nacional Natural Páramo de Pisba, ubicado en la Cordillera Oriental en la Región Andina de los Andes. Allí teníamos una agenda muy apretada y cuando llegamos los campesinos de la zona nos bloquearon la subida porque estaban en una disputa territorial y querían utilizar el parque para ciertas actividades.  Como no pudimos acceder a la parte más alta y más vistosa del parque, nos vimos obligados a buscar otro sitio y hacer otra agenda. Cuando llegamos a este lugar inmediatamente empezó a llover y la lluvia no se detuvo durante tres días, por lo que me tocó estar metido dentro de una pequeña carpa todo ese tiempo. Fue algo desesperante porque si quería ir al baño me mojaba o si quería cocinar también. Siempre terminaba mojado.

Recuerdo que dentro de la carpa tenía libros y música, pero llegó el momento en que me desesperé e iba a abandonar la misión porque se me estaba acabando la comida.

Sin embargo, cuando la expedición había sido un fracaso, la última tarde se abrió completamente el cielo y se pudieron realizar muy buenas fotografías. Fue un premio.

Muchas veces la mejor foto no es la que mejor se ve sino la que mejor historia tiene detrás de ella. ¿Esto aplica para su viaje?

Sí. Sí aplicamos ese concepto a las fotos que logré captar en el Parque Nacional Natural Páramo de Pisba. Las imágenes que tomé esa vez fueron las más difíciles de todas.

¿Por qué, en plena era digital, vale la pena publicar un libro con cientos de fotografías de Colombia?

La tierra tiene un mensaje y decirlo o escribirlo en nuestro idioma es ponerlo en nuestro contexto. Yo quería que ese mensaje fuera dado por las imágenes de los paisajes para que Colombia cantara. Con el libro quise mostrarle al mundo esa voz de nuestra tierra. Con las fotografías busco que los colombianos conozcan nuestros verdaderos monumentos, que no son los puentes ni los edificios, sino esa tierra que está bajo protección. La idea era conectar a la gente espiritual y emocionalmente con la tierra colombiana mediante este trabajo fotográfico. Tampoco quería hablar del tema de la conservación del medio ambiente y de los parques porque de eso ya se ha hablado. Nosotros queríamos, por medio del libro, hacer que la gente se conecte, sienta amor y admiración por estas tierra y diga: “Esos lugares definitivamente hay que mantenerlos limpios. No debemos construir nada sobre los Parques Naturales”. El libro es un testamento de lo que tenemos que cuidar.

De los 42 parques que visitó, ¿cuál es el que más recuerda?

Hay dos parques que yo no conocía y me impactaron bastante. Uno se llama El Tuparro y está ubicado en la Región de la Orinoquía.

Me impactó estar en el Río Orinoco y ver esa enorme extensión de sabana que en época de lluvia se inunda y hay que navegar en lancha y durante el verano, es decir, durante cinco meses, se convierte en tierra seca y árida. Es increíble como un día lo puedes andar a pie y otro hay que navegar y disfrutar de agua cristalina. El pasto crece bajo del agua y es algo maravilloso.

También me gustaría que los colombianos conocieran el Raudal De Maipures, ubicado allí mismo. Este lugar es algo maravilloso y fue perfecto para las fotografías porque había mucha luz, algo poco común en los Parques Naturales, pues la mayoría están ubicados en los páramos que son de mucha niebla o en bosques oscuros.

El segundo lugar que me dejó sin palabras fue el  Parque Nacional Natural Sanquianga, ubicado en el departamento de Nariño. Llegar allí es descubrir que las playas más hermosas de Colombia están en ese remoto lugar y no en el Caribe.

Allí usted podrá ver kilómetros de playas solitarias y el salvaje mar Pacífico. Apreciar esas grandes y desiertas extensiones de playas fue algo fantástico y me encantaría volver.

¿Cuál fue el mayor reto climático que debió enfrentar para poder hacer las fotografías?

Ya era claro que teníamos que hacer el proyecto en doce meses, por lo que no podíamos esperar el verano para hacer algunas fotos y tocaba ir a los sitios, arriesgarse y esperar a que no lloviera. El mayor reto que viví fue en el Parque Nacional Natural Páramo de Pisba, ubicado en la Cordillera Oriental en la Región Andina de los Andes. Allí teníamos una agenda muy apretada y cuando llegamos los campesinos de la zona nos bloquearon la subida porque estaban en una disputa territorial y querían utilizar el parque para ciertas actividades.

Como no pudimos acceder a la parte más alta y más vistosa del parque, nos vimos obligados a buscar otro sitio y hacer otra agenda. Cuando llegamos a este lugar inmediatamente empezó a llover y la lluvia no se detuvo durante tres días, por lo que me tocó estar metido dentro de una pequeña carpa todo ese tiempo. Fue algo desesperante porque si quería ir al baño me mojaba o si quería cocinar también. Siempre terminaba mojado.

Recuerdo que dentro de la carpa tenía libros y música, pero llegó el momento en que me desesperé e iba a abandonar la misión porque se me estaba acabando la comida.

Sin embargo, cuando la expedición había sido un fracaso, la última tarde se abrió completamente el cielo y se pudieron realizar muy buenas fotografías. Fue un premio.

Muchas veces la mejor foto no es la que mejor se ve sino la que mejor historia tiene detrás de ella. ¿Esto aplica para su viaje?

Sí. Sí aplicamos ese concepto a las fotos que logré captar en el Parque Nacional Natural Páramo de Pisba. Las imágenes que tomé esa vez fueron las más difíciles de todas.

Usted escribió en un pequeño texto titulado ‘El Poder de la Imagen’, que: “Vivir y sentir este país ha sido, sin duda, el emprendimiento más intenso de mi vida. Ha sido vivir con sentido, con un propósito claro y maravilloso”.

Yo llevaba viajando en mis ratos libres, 10 o 15 años, pero eran viajes de unos días o vacaciones. Eso es muy diferente a emprender un proyecto de este tamaño e importancia donde básicamente se está todo el año andando. Hacer este libro fue algo muy intenso porque algunas veces no alcanzaba a digerir una experiencia y ya estaba viajando a otro lugar. A eso me refería. A veces no tenía mucho tiempo para quedarme en un lugar un par de días más. Muchas veces dije: “Que sitio tan espectacular para quedarnos un par de días más”, pero no se podía.

¿Es verdad que en un buen día de trabajo usted solo toma una foto buena?

Como lo que yo hago es fotografía expresiva y no documental, yo no llego a un sitio y tomo 200 fotos y después escojo la que haya salido más linda. Yo en un día excelente tomo dos fotografías buenas, y en un día bueno tomo una. Entonces, mucha gente me dice: “Debes tener mil fotos buenas por parque”, y yo les respondo que solo tengo una foto buena por día, pues yo estoy en un sitio y allí me quedo esperando a que la luz sea la apropiada. Mi trabajo consta de tres pilares: composición, luz y paciencia. Todos igual de importantes. Hay veces que las cosas no salen y que uno tiene que ajustarse a lo que diga la tierra, pues usted puede estar esperando a se ilumine el bosque, la montaña o el mar, pero resulta que la luz está pegando en otro lado y sin luz no hay nada, y sin composición menos. Lo que uno hace en cada fotografía es moverse con el clima, que a veces colabora de una manera fantástica y en otras ocasiones te obliga a repensar lo que querías decir o mostrar. Si bien uno siempre quiere mostrar el aspecto más impactante de un sitio, hay días en que el paisaje te dice que no es por allí, sino por otro camino y se debe hacer una toma más sutil o suave y no mostrar ese gran paisaje. Hay días en que el clima nos obliga a hacer imágenes más poética.

parque Tinigua

Parque Natural Tinigua.

Gabriel Eisenband / Especial para El País

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad