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De una botella de plástico a una mascarilla contra el Covid-19, el ingenioso diseño de un caleño

Mayo 31, 2020 - 07:55 a. m. Por:
Santiago Cruz Hoyos, editor de Crónicas de El País

Todos los desarrollos, diseños y la tecnología de fabricación de la máscara están disponibles en la nube para quien desee fabricarlas y ajustarlas a las necesidades de cada región. La idea es que sirva como método de protección contra el coronavirus tanto en adultos como en niños.

Especial para El País

Francisco Mantilla ha vivido entre el plástico. Su familia tuvo durante años una empresa dedicada a hacer botellas de agua, de gaseosa, de aceite. Ahora él es el gerente de Moma Machinery, una compañía que importa las máquinas con las que hacen las botellas.

Las máquinas provienen de China e Italia, principalmente; dos de los países más golpeados por el coronavirus. Eso afectó a la empresa por supuesto. Pero aquello no es lo único en lo que el Covid – 19 ha rozado la vida de Francisco.

Hace un par de meses tuvo suerte. Estaba invitado a una convención de importadores en Europa. A último momento no pudo ir debido a un pequeño accidente. Pocos días después se enteró que todos los asistentes a la convención se contagiaron con el virus. Nadie murió, pero uno de los invitados contagió a su papá y la historia tuvo un final fatal.

Lea además: La 'vajilla' comestible que creó un caleño para ayudar al planeta

Además Francisco, como todos, ha debido mantenerse en cuarentena. Lo uno y lo otro lo llevó a hacerse una pregunta que no lo dejó tranquilo durante días: ¿cómo contener el coronavirus sin contener a las personas?

Francisco Mantilla, gerente de Moma Machinery, una importadora de máquinas para hacer botellas de plástico.

Especial para El País

En la compañía Moma Machinery cuenta con una división encargada de hacer moldes para botellas. Basta llevar el diseño. Entonces se le ocurrió crear una mascarilla a partir de una botella de plástico PET de cinco litros, el mismo material con el que se hacen las botellas de agua o gaseosa, prediseñada para que una vez se utilice su contenido, se use como mascarilla de bioseguridad.

– De esta manera el costo final de la mascarilla para la gente podría ser cero. Es decir: se compra la botella, se utiliza el contenido, y después la botella puede seguir siendo usada como máscara. El Pet es un material lavable.

El objetivo, explica emocionado, es cubrir completamente el rostro de las personas: los ojos, la boca, la nariz. Como una especie de casco, solo que transparente. Así, cree Francisco, el mundo podría salir de nuevo a trabajar, a estudiar, a viajar, al estadio, sin riesgo de contagiarse.

– Mi filosofía con este invento que espero que la ciencia valide parte de una certeza: la solución del coronavirus debe ser sostenible en el tiempo. El confinamiento es una buena solución, pero no se puede mantener en el tiempo. Si seguimos así el transporte público va a quebrar. Opera con apenas el 30 % de su capacidad. Lo mismo sucederá con las aerolíneas y con el resto de la economía. Entonces mi propuesta es garantizar la protección individual de las personas pero viviendo en comunidad.

Francisco Mantilla espera que las máscaras sean validadas por científicos para garantizar que ofrecen una protección completa del virus que causa el Covid-19.

Hacer las mascarillas de bioseguridad del mismo material en que se hacen las botellas de gaseosa o de agua tiene muchas ventajas, agrega. El plástico Pet, para empezar, es reciclable. También es económico – producir la máscara podría costar $1800 - y además es un material de producción masiva.

Porque otra de las premisas de Francisco es esa: están bien las máscaras artesanales que algunos están fabricando con lo que tienen a la mano, pero no son la solución al coronavirus. No es posible hacer de manera artesanal millones de máscaras de bioseguridad, y en poco tiempo. El mundo lo que menos tiene ahora es eso: tiempo.

– Y a un problema masivo no se le puede dar una solución artesanal.
Francisco no piensa en hacerse rico con la máscara. Ni siquiera se la ha ocurrido patentar el diseño. Sería egoísta con el mundo, dice. Su idea en cambio es regalar tanto el diseño como los moldes. Todos los desarrollos y la tecnología de fabricación los subió a la nube para que las personas puedan copiar la máscara “y ajustarla a las necesidades de cada región”.

Algunos empresarios amigos suyos que se encuentran en China y en Costa Rica ya comenzaron a fabricarlas. Esta semana Francisco envió por su parte una donación de 700 mascarillas para Leticia, en el Amazonas, donde los casos de coronavirus cada día son más y las comunidades no tienen cómo protegerse. El departamento registra casi 2000 casos confirmados; es la quinta región con más contagios en Colombia.

Francisco envió a Leticia, además de las máscaras, los moldes para producirlas localmente. La planta de agua de Coca Cola en la región se encargará de ello. Igualmente lo han llamado aerolíneas que ven en el invento una opción de volver a volar con cupo lleno sin poner en riesgo a los pasajeros, así como odontólogos y médicos precavidos que prefieren una protección total de su rostro además de los tapabocas N95.

– Si pretendemos retornar a la vida normal necesitamos un sistema que nos proteja individualmente y no de manera colectiva. Esto puede ayudar. Es una solución económica y amigable con el medio ambiente. Convirtamos las botellas que compramos en nuestras máscaras de bioseguridad.

Esta es la primera donación de las mascarillas para Leticia, en el Amazonas. Se enviaron 700, además de los moldes para fabricarlas. La planta de agua de Coca Cola en la región se encargará de ello.

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