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Antonio Sanint, el 'mago' que ahora encanta a Netflix

Mayo 30, 2020 - 11:55 p. m. Por:
Por Isabel Peláez y Johana Fiallo, reporteras de El País

El actor colombiano Antonio Sanint, quien personifica a Juanquini en la serie de Netflix, 'Chichipatos'.

Especial para El País

De niño tímido, introvertido y con un déficit de atención que no le permitía memorizar mayor cosa, Antonio Sanint Jaramillo se convirtió con el tiempo en un mago de la publicidad, de la actuación y del ‘stand up comedy’ en Colombia, pero además en gestor del ‘stand up coaching’, que enseña a los empresarios a ofrecer discursos memorables.

Creador y protagonista de comerciales de televisión exitosos como en el que decía: “¿Te lo repito? ¿Te lo repito? ¿Te lo repito?”, de una famosa crema dental, o en el que enseñó a los hombres a dejar de usar productos de belleza femeninos “para rizos definidos”, este publicista es uno de los pioneros del stand up comedy en Colombia junto a su gran amigo Julián Arango.

Ha actuado en telenovelas como Alicia en El País de las Mercancías, El Inútil, Dora la Celadora, En los Tacones de Eva, La Pola, Pobres Ricos, y en la película El Paseo 1. Ahora es Juan Morales o el mago Juanquini en la serie de Netflix ‘Chichipatos’. Antes de desaparecer, para que no lo atrape la mafia o la policía, habló con El País.

¿Le gustaban los magos desde niño? ¿Ha aprendido trucos?

Sí, siempre me ha apasionado la magia. Tengo amigos magos, la magia hay que aprenderla de pequeño para hacerla bien, pero me encanta, me he visto todos los magos por ver en YouTube. Para el papel de Juanquini estudié con el mago español Karim y con Gustavo Lorgia en Colombia.

¿Cuál fue el gran reto de este papel?

Estar jugando constantemente con los momentos difíciles, que se viera el drama que está pasando, y no solamente la comedia, sino que fuera una historia que tuviera también una parte humana, real, el sufrimiento de una persona que aunque siga ahí por una cosa cómica, realmente no es tan gracioso lo que le está pasando y lo que le va a pasar.

¿En qué momento de la vida real le gustaría a usted desaparecer?

¡Uy! Me gustaría desaparecerme en momentos en los que no me va muy bien en el escenario, que son pocos, pero ha pasado.

En la ficción desaparece a un mafioso, El Ñato Orduz. ¿En la realidad a quién le gustaría desaparecer?

A los malditos corruptos, que no tienen corazón, y que se están robando la plata que va para auxilios a quienes lo necesitan por esta pandemia.

¿Desde niño hacía caras?

Sí, mi mamá me decía: “No haga tanto esa cara que se va a quedar así”.

¿De quién heredó el humor?

De mi papá, de la parte Gutiérrez de la familia, son de Manizales y allí se decía que mi abuela y las hermanas de mi abuela eran muy graciosas, y mi tía abuela para recaudar fondos para distintas causas llenaba el teatro, se subía al escenario a echar cuentos y era muy divertida. Aunque a mí no me tocó mucho eso, creo que la vena oral y humorística viene por ese lado.

Petaco y el Pote están inspirados en su papá y en el padre de Julián Arango, ¿qué opinaban ellos?

(Risas) Realmente están inspirados en una parte, porque ellos también son de Manizales, cuando íbamos a Manizales se les salía todo el paisa, pero cuando veníamos a Bogotá se volvían muy rolos. Fue una forma de burlarse de esa gente que se vuelve rola cuando está en Bogotá.

¿Cuál es la clave para que una amistad dure 36 años, o más? Ese tiempo llevan usted y Julián de amigos

Nosotros tenemos una charla que llamamos ‘Pata ’e gallina’, sobre ayudar al otro a subir. Nunca ha habido envidia ni resentimiento de nada. Nos encanta trabajar juntos, pero cuando a alguno le sale un proyecto, el otro lo apoya para que le vaya muy bien. Esa es la clave. Y nunca nos hemos metido con la novia del otro.

¿Cómo ha mantenido a raya, en el escenario, su déficit de atención?

El déficit de la atención yo creo que se controla con la pasión, cuando uno está muy apasionado por algo, se concentra de verdad. Me vine a dar cuenta con el tiempo que yo tenía atención selectiva: solo por las cosas que realmente me apasionan; en las otras, me vuelo. Eso en el colegio hacía que yo me viera con un problema de aprendizaje, como un retraso. Los compañeritos me hacían sentir menos que ellos, me la montaban y me hacían bullying. Eso hizo que yo tuviera la autoestima muy baja y con esa timidez y esa introversión mías sí he tenido que luchar mucho el resto de la vida.

¿A qué se dedicaban sus padres? ¿Cómo es su relación con sus hermanas?

Mi padre era arquitecto, falleció hace seis años. Y mi madre tenía finca raíz y era empresaria, culta, inteligente, sagaz, emprendió negocios que aún no existían en Colombia, arregló la casa de mi abuela y creó su tienda de ropa, fue de las primeras en llegar a la Calle 82. También murió. Mi relación con mis hermanas, María y Helena, ha sido siempre muy buena, las quiero y admiro muchísimo, son grandes mujeres.

Usted actuó en Los Tacones de Eva, ¿qué admira de las mujeres al ponerse en sus zapatos?

La fortaleza y la resistencia, el amor incondicional por sus hijos que es algo que los hombres estamos muy lejos de tener, un amor tan puro y tan grande como el de ellas. Y sus grandes orgasmos; los nuestros son insignificantes, muy chiquitos, muy rápidos.

A muchos hombres después de los 50 años les da por ser más extremos o intentar hazañas, ¿en su caso, qué cosas le ha dado por hacer?

Sabe que con esta cuarentena me ha dado por ser más saludable, comer más saludable, hacer más ejercicio. Locuras las he tenido desde siempre, sigo con la banda de rock tocando de vez en cuando en bares.

Ah, sí, en Instagram lo hemos visto en conciertos y su perro Paco le hace coro, aullando...

Sí, y lo tengo enfermito, tiene eso que les pasa mucho a los perros salchichas: la columna vertebral se le está comprimiendo, está en el veterinario.

A propósito de la vida fit: su pareja Marcela Barajas, @marcelafit, es una gurú en el tema, ¿por ella desistió de ser ‘Sanintfat’?

Llevo cinco años con ella, en un principio me decían “oiga, lo deben tener muy fit” y yo inconscientemente decía “a mí nadie me manda, voy a comer lo que quiera”, y me engordé mucho, subí seis kilos y no eran de músculo. Pero desde el año pasado empecé a ver cómo come ella lo que quiere, y se da sus lujos, entonces ahora como muy bien y sano, en porciones medidas. Eso me ha ayudado muchísimo, me le he pegado a sus rutinas y me encanta poder compartirlas con ella.

Usted escribió el libro ‘Tome pa’ que lleve’, sobre frases muy colombianas. ¿Incluyó la palabra Chichipato?

No, no está. En ese libro recopilé frases graciosas que tenemos los colombianos y que alguien alguna vez dijo, bobadas como “la pasta no engorda, el que engorda es uno”.

¿Para qué cosa es un inútil?

Para lo que me apasiona no, para muchas cosas sí soy un completo inútil, según Marcela me propongo arreglar lo que falla en la casa, pero fallo en el intento. En esta cuarentena peor, como tenemos más tiempo veo un bombillo mal puesto, saco la caja de herramientas, y a las tres horas termina uno llamando al electricista para que arregle lo que uno dañó.

¿Para qué se considera un mago?

Para salirme con la mía con Marcela. La enamoré con pura lora.

¿Qué lo hace reír a usted?

Mis amigos comediantes que admiro. Por estos días estoy teniendo unos en vivo, unas sesiones a las que les puse Comediantes en Cuarentena, y hablamos una hora en vivo, También me hacen reír mucho Julián, Marcela, y mis hijos que tienen muy buen humor.

¿Qué se siente tener hijos millennials?

¡Uich! Eso es complicado, mi generación se encargó de traer la tecnología, los millennials lo único que tenían que hacer era el carro volador, y no lo hicieron porque estaban muy ocupados haciendo sus apps, publicando sus tuits y sintiéndose ofendidos por todo.

Últimamente ha estado viviendo en Manhattan, ¿extrañaba Colombia?

Mucho, ahora estoy en Colombia y me encanta. Estaba ensayando una obra con Julián Arango, que íbamos a estrenar, y nos cogió acá la cuarentena.

¿Y qué viene después de Chichipatos?

Chichipatos segunda temporada. En cuarentena, los shows corporativos virtuales han sido difíciles, pero me ha gustado aprender de este medio al que no estábamos tan adaptados.

2. Salvados por la risa

Su pasión por el humor y la comedia comenzó a dar frutos en el año 2000 con su primer stand up comedy ‘Ríase el show’ junto a su gran amigo de infancia y también actor Julián Arango, una propuesta que luego de 17 años volvió a conquistar al público colombiano a través de Netflix.

Ambos se conocieron cuando tenían 14 años de edad en Bogotá, “mamando gallo” como dice Julián, sin saber que tenían mucho más en común que solo su gusto por el humor.

Antonio Sanint y Julián Arango han compartido escenario por 20 años con su Stand Up conjunto ‘Ríase el Show’.

“Antonio estaba haciendo un fragmento de El Flecha, de David Sánchez Juliao, audio-relato que yo me sabía también, él estaba en casa de un amigo en común pero nunca nos habíamos visto y desde ese momento nos hicimos muy amigos, pues compartíamos ese gusto que había sido heredado de nuestros padres y que con el tiempo nos enteramos que también eran amigos y tenían en común ese sentido del humor. Además, en ese momento sus situaciones familiares eran muy parecidas, papás separados, papás de Manizales, mamadores de gallo e irresponsables y mamás muy serias y echadas para adelante”, cuenta Julián, recordando como si fuera ayer, y entre risas, lo que ha sido su amistad.

Un par de chicos muy tímidos que gracias a sus cómicos personajes se atrevieron a crear acentos y a escudarse en la actuación, para hacer lo que de otra manera no hubiera sido posible.

“La actuación nos unió, nos salvó de todos los problemas cuando encontramos en el escenario el lugar donde queríamos estar siempre, ya sea juntos o cada uno por su lado, y con Antonio hay algo muy chévere y es como un escalón, cosa que él hace me pone a mi alerta y yo igual. Somos motivadores el uno para el otro”, dice el actor de producciones memorables como ‘Yo soy Betty, la fea’, ‘Perro Amor’ y ‘El inútil’. En esa última ambos compartieron set.

Entre las anécdotas más risibles de este par de amigos, se encuentra la del cubrimiento para CM& del Reinado Nacional de Belleza, donde luego de cada emisión invitaban a salir a las reinas, pero ninguna les prestó mayor atención, excepto Guainía y Vichada, así que se disfrazaron como ‘room service’ del hotel donde se hospedaban para verlas por un rato; o la hazaña de Arango, después de pasar 10 minutos en el escenario completamente solo, pues Sanint, su compañero de risas, había tenido un problema estomacal y el show tenía que continuar.

Hoy este par de cachacos reinventados y veteranos de las tablas, que con desparpajo hacen reír hasta al más indolente, dos años después de presentar en Netflix ‘Ríase el show’, se encuentran en negociaciones con la plataforma streaming para volver a transmitir el especial de comedia con su total esencia y llevar también el monólogo ‘Quién pidió Pollo’, grabado por Sanint en el año 2007.

3. Simón, el bobito

Pasó por siete colegios debido a su déficit de atención, entre ellos el Liceo Francés donde representó, en un festival de Rafael Pombo, a su primer personaje: Simón El Bobito, del que hizo la mímica mientras un compañero que memorizó la historia narró la poesía. Fue tan graciosa su interpretación que de un día para otro pasó de ser el niño con problemas de atención al más popular.

Cuenta que fue un púber ingenuo. Que dormía bañado en aceite, aconsejado por un amigo árabe, para que le saliera pelo en pecho, porque era lampiño. “Lo único que obtuve fue un brote”, dice hoy.

Según María, hermana mayor de Antonio, su papá empujó a su hermano al humor. “Mi papá era el alma de la fiesta y Antonio es un payaso cuando quiere y cuando se siente cómodo”. Él recuerda que su padre lo llamaba por teléfono y le decía: “Es José Pablo Sanint, tu papá”. Desde la muerte de este, de un cáncer de próstata, el actor apoya campañas preventivas contra la enfermedad. Su padre le inspiró el libro ‘Todo lo que siempre quiso saber y su papá nunca le explicó’.

“Pasando acción de gracias con la familia que está”, Antonio en Instagram.

En su juventud, Antonio tuvo banda de rock, Frágil, se graduó como publicista del Politécnico Grancolombiano y a los 20 años se fue a Los Ángeles, a estudiar cine en Orange Coast College. Cuando decidió quedarse llamó a su mamá y esta le dijo: “Prefiero mantener un vago en Bogotá que en Los Ángeles, es más barato”.

Trabajó en una fábrica de trajes de lino “muy costosos y muy lobos”, vendió souvenirs en Hollywood hasta que en un turno de trabajo, en un café, conoció al director de Cassanova y Pendrill, la agencia de publicidad hispana más importante de Estados Unidos, le dieron tres meses de pasantía y se quedó cuatro años. Un corto suyo ganó el Chicago International Film Festival y volvió a su país a trabajar en la agencia de publicidad BBDO Colombia junto a Julián Arango.

Con su primera esposa, Viviana, tuvo dos hijos, Sofía y Alejandro, con quien se dicen “El Cachas” mutuamente. Con Freddy Beltrán se conoció en 2011 en Comediantes de la Noche, de RCNTV: “Es amigable, asequible, humilde, calmado, nunca se le ve alterado. Es muy importante para el movimiento de la comedia en el país”.

El mago Juanquini en Chichipatos

La historia gira en torno al mago Juanquini (Antonio Sanint) quien, cansado de que nadie lo tome en serio, se propone demostrarle a su familia que no es ningún ‘chichipato’, aprendiendo el truco de desaparecer a alguien en escena. Pero cuando accidentalmente desaparece a uno de los criminales más buscados del país, Juanquini se ve en tremendo aprieto al ser perseguido por la mafia y la policía, que lo acusan por la huida del capo.

‘Chichipatos’ es la más reciente de las producciones originales colombianas de Netflix. También actúan María Cecilia Sánchez, Biassini Segura, Mariana Gómez, Lina Tejeiro, Yuriko Londoño, Julián Cerati, El Mindo, Julio César Herrera, Nataly Umaña, Juan Alfonso Baptista.

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