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Opinión

opinion | columna |  maria-elvira-bonilla - Mayo 01 de 2015 - 14:34
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¡Pobre James!

En medio de sus éxitos futbolísticos y su veloz mega fortuna, el querido James Rodríguez me produce mucha consideración. ¡Verdadera lástima! Veo la manera cómo, cual aves de rapiña, se le acercan mercachifles de todas las calañas a intentar lucrase de la súbita popularidad y fortuna del talentoso colombiano. Le han caído sin respiro empresarios fabricantes de zapatos, guayos, camisetas, calzoncillos para utilizar su trabajada figura como modelo y construir una imagen que se transforme en referencia de millones de niños y jóvenes.

Luego está James consumidor, perfecto para ser acosado con las extravagancias del mundo del lujo y los excesos. Y del poder. La presión para gastar descontroladamente empieza a mostrar sus resultados. La última es la mansión que terminó escogiendo para vivir con su esposa Daniela y su pequeña hija en el extravagante sector de La Finca en las afueras de Madrid, España, habitado por los nuevos ricos con su riqueza hecha en el descomunal negocio del entretenimiento entre el que se incluye el fútbol. Se trata de un barrio alejado de la animada capital española, en medio de bosques y lagos artificiales, donde está localizado un conjunto de casas de más de 1000 metros cuadrados con media docena de habitaciones, dos y tres salas, piscina y obviamente gimnasio, cuyo valor fluctúa entre los 2,5 millones y 6 millones de euros. Allí va llegando a vivir cada jugador que entra a formar parte del combo de las estrellas de la Liga española de fútbol.

James y su esposa atrapados en el torbellino de ingresos y gastos superlativos forman ya parte del vecindario de aparentadores. Daniela Ospina tampoco ha sido ajena a las pretensiones del arribismo universal con su presencia en las revistas de farándula y su aparición en un equipo comercial de voleibol. Conduce, como James ,en el carro que toca: un Audi. El ejemplo a imitar es el campeón del derroche Cristiano Ronaldo a quien tendrá solo a 400 metros de distancia en La Finca. Emulan hasta en el número de camisetas que venden en lo que el colombiano lo superó.

Aquello que pudo leerse como la gran oportunidad como fue la aparición de alguien tan nefasto como Florentino Pérez -el dueño del Real Madrid- en la vida de James Rodríguez cuando decidió ficharlo después de su extraordinario desempeño en el Mundial del Brasil, puede convertirse a la postre en una influencia perversa. Pérez es un funesto y cuestionado personaje por sus piruetas empresariales, que ve la vida como un negocio y a los seres humanos como unas mercancías que se compran y se venden y James Rodríguez entró a formar parte de su miscelánea humana.

Como ocurre cuando se pierden las proporciones, el colombiano debe estar a punto de perder el límite y confundir un millón con mil millones y con la misma ingenuidad con que los niños juegan Monopolio debe haber hecho del derroche un divertimento. Por más disciplinado que sea no es fácil para el buen James escapar al embrujo de los titulares de prensa, la fama y la capacidad demencial de antojarse y consumir que le da un ingreso de $50 millones de pesos diarios -$1474 millones mensuales-, un distractor perverso que terminará alejándolo cada día más de la esencia del muchacho sencillo que se preparó simplemente para cumplir el sueño de ser un gran jugador de fútbol.

Sagitario

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