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Opinión

opinion | columna |  jorge-restrepo-potes - February 26 de 2014 - 23:00
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Mi tío Absalón

Apartes de la semblanza de Absalón Fernández de Soto que escribí para la Academia de Historia de Buga.

Hortensia Lozano, tulueña, fue casada con Luis Felipe Fernández de Soto, bugueño, y de esa unión nacieron sus hijas Evangelina, Sixta Tulia, Zoila y Celina, y un varón, Absalón, a quien su madre, con grandes esfuerzos económicos pues no hubo herencia del cónyuge fallecido, logró que se convirtiera en abogado de la Universidad Externado de Colombia.

Desde joven le interesó la política y se posicionó como la figura vallecaucana más importante de esa etapa fecunda para el país que fue la República Liberal, o sea el período en el que su partido ocupó la Presidencia entre 1930 y 1946, cuando cayó por una absurda división.

Fernández de Soto fue el político liberal de esa época en el que mayormente confiaban los jefes de la colectividad, especialmente Alfonso López y Alberto Lleras. Ocupó las carteras de Educación y de Gobierno. Magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Embajador en Roma, San José de Costa Rica y Buenos Aires. Procurador General de la Nación y Senador de la República. Tres veces Gobernador del Valle del Cauca.

Estando en este último cargo, en 1959, hubo una huelga de corteros de caña, aupada por el líder socialista Alfonso Barberena, y se proyectó una marcha sobre Cali. El gobernador dispuso que los marchantes que venían de Palmira no podían pasar del Puente del Comercio. Allí se formó la trifulca y el Ejército se vio precisado a disparar. Hubo un muerto y “la izquierda unida” trató de cobrárselo al mandatario seccional que había dado la orden de detener en el puente a los huelguistas.

Hubo necesidad de decretar toque de queda, y el presidente de la República, Alberto Lleras, les pidió a Marino Renjifo (pariente de Absalón) y a Gustavo Balcázar, el primero representante a la Cámara y el segundo senador, que se trasladaran a Cali a decirle al gobernador que contaba con el total respaldo del alto gobierno.

Balcázar y Renjifo fueron introducidos al despacho y cuando expresaron la razón de su embajada, Fernández de Soto, furioso, les dijo: ¿Que el gobierno me manda muletas para que no me caiga? ¿Muletas a mí? No, señores. Señorita -dirigiéndose a su secretaria- llámeme al Presidente, y cuando este se puso al teléfono, su subalterno le espetó: Alberto, aquí están este par de mozalbetes (Renjifo y Balcázar llegaban por primera vez al Congreso), dizque a ofrecerme tu respaldo. Yo no necesito respaldo. La tropa disparó porque yo ordené que esa gente no podía pasar del Río Cauca pues Cali quedaría a merced del vandalismo. Así que toda la responsabilidad es mía. No necesito muletas. Y si quieres, ahí tienes mi renuncia.

Desde luego, Lleras no aceptó la dimisión del gobernador y Fernández de Soto continuó un año más en el Palacio de San Francisco.

Tuve estrecha relación con el personaje pues mi madre Berta Lucia Potes Fernández de Soto, hija de Evangelina, era sobrina de Absalón y yo le dije siempre “tío”.
Cariñoso conmigo, recibí muchos consejos suyos. Asistió a la cena que ofreció mi padre con motivo de mi grado de abogado del Externado. Y admiré en el tío Absalón la importancia que había ganado a punta de esfuerzo en la vida social y política del país.

El Valle del Cauca, tan desdeñoso de sus grandes hombres, debería tener en Absalón Fernández de Soto el arquetipo del insigne estadista, orgullo del departamento y de la patria.

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