Los mensajes ocultos en los gestos de los candidatos presidenciales
Elecciones presidenciales 2018

Los mensajes ocultos en los gestos de los candidatos presidenciales

Abril 29, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Redacción de El País
Candidatos presidenciales La Gran Encuesta

Estos son los candidatos que lideran la intención de voto según La Gran Encuesta de la Alianza de Medios.

Foto: Archivo Colprensa

Solemos tener mayor confianza y nos generan mayor credibilidad aquellas personas que logran confirmar, ilustrar con su lenguaje corporal lo que dijeron con palabras, sostiene Feliciano Giraldo Ortiz, especialista en comunicaciones estratégicas organizacionales y coach en Lenguaje Corporal y Microexpresiones.

Del 100 % del mensaje de un candidato, solo el 5 % corresponde a lo que plantea verbalmente, y el 95 % es lo que dice su lenguaje corporal, es decir, su mirada, sus gestos, la postura de su cuerpo, el tono y el volumen de su voz y hasta la forma cómo se viste.

Esta es la apreciación de Eduardo Llano Camacho, politólogo egresado de la Universidad Javeriana y asesor político con énfasis en marketing político.

Llano resalta que siempre hay una diferencia grande entre lo que se quiere decir con la voz y la palabra, y lo que revela el cuerpo. Sobre todo, si se tiene en cuenta que el discurso verbal se transmite a nivel consciente, pero la expresión corporal y gestual se transmite a nivel inconsciente.

Con la asesoría de Giraldo Ortiz, consultor de la firma Gescom Group, y de Llano Camacho, asesor en marketing político fundador de su firma Esmental.com, El País realizó un “perfil gestual y corporal” de los candidatos a la Presidencia, basándose principalmente en su participación en los más recientes debates transmitidos por televisión.

Sergio Fajardo Valderrama
Sergio Fajardo

Sergio Fajardo, candidato presidencial.

Foto: El País

Iniciar sus intervenciones aferrado con fuerza al atril muestran su tensión y su expresión de angustia con el ceño fruncido, que parece suplicante de que crean en él, son los gestos característicos de Sergio Fajardo, señala el coach Feliciano Giraldo Ortiz.

"No puede controlar el ceño, que lo hace parecer muy enojado o preocupado, así esté exponiendo su mejor propuesta: eso genera desconfianza y el mensaje no llega contundentemente", complementa Eduardo Llano, quien dice que si fuera su asesor, ya le había hecho aplicar bótox en el entrecejo.

Fajardo usa mucho el gesto de apiñar los dedos en forma de racimo hacia arriba. Según Llano, es supuestamente para concretar, pero lo que traduce es temor. O usa ese gesto como si fuera a contar, pero la idea que expone no lo requiere, y eso, advierte Giraldo, refleja incoherencia entre el lenguaje verbal y el corporal, lo cual evidencia dudas y lo hace ver disperso. Añade que tiene dificultades para sostener la mirada, bloqueo visual permanente, lo que demuestra inseguridad.

"Sus brazos pegados al cuerpo le impiden transmitir la emoción y convicción de lo que expresa. Se le dificulta proyectar seguridad y confianza que lo posicionen como líder capaz de ejecutar lo que expone", explica Giraldo. Llano dice que a Fajardo nunca lo van a ver con correa ni con corbata, porque el candidato asocia esos dos símbolos con el poder, sobre todo con el poder corrupto.

"Siempre lleva un blazer y camisa, pero jamás corbata ni luce peinado, porque él es un rebelde de la política, dentro de lo que es posible en el establecimiento", afirma.

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Iván Duque Márquez
Iván Duque, candidato presidencial del Centro Democrático.

Iván Duque, candidato presidencial del Centro Democrático.

Agencia EFE

“Su rostro redondeado en la psiquis de masas genera abstracción con la cara de bebé, rellenita, que genera confianza porque un bebé no miente”, dice Eduardo Llano, sobre Iván Duque, al que define como un joven carismático bien entrenado, con buena oratoria y con ventaja en manejo de cámaras.

Feliciano Giraldo coincide en que Duque procura mirar de frente a la cámara, lo cual muestra preparación en el manejo de su lenguaje corporal para debates y otros escenarios, pues significa hablarles cara a cara a los televidentes. “Sin embargo, pese a que su cuerpo está alineado con la cámara, Duque baja siempre la mirada, gesto con el que se busca reducir el estrés y presión, y si es hacia la izquierda, indica que sostenía un diálogo consigo mismo sobre ‘cómo estoy actuando’”, afirma Giraldo.

Añade que hace un muy acertado manejo de sus brazos y manos (ilustradores), para enfatizar sus palabras. Llano señala que Duque entrelaza las manos, lo que pone una barrera de protección. Tal vez por ello, se esfuerza por mostrar las palmas de las manos, para generar confianza y empatía.

“Es recurrente en él la microexpresión de desprecio (una comisura de los labios sube), al referirse a temas que comprometen al gobierno actual o al plantear acciones que cree solo él podría realizar. Su típica mirada con párpados entrecerrados, usada para concentrarse y/o para coquetear, como sabe de la necesidad de conquistar el voto femenino, la emplea para lograrlo”, explica Giraldo.

Llano anota que “Duque trata de impostar su voz para parecerse a la de Álvaro Uribe, pues su acento era más bogotano que paisa. Y se muestra como el favorito, “su hijo preferido” y se está vistiendo con los mismos tonos de ropa de Uribe.

Humberto De la Calle
Humberto de la Calle

Humberto de la Calle, precandidato presidencial.

Foto: José Luis Guzmán | El País

De la Calle se plantea como un hombre sabio, porque es el mayor de todos, eso genera empatía y confianza. Le favorece su tono de voz grave profundo, que genera confianza y por eso fue buen negociador.

“Tiene una excelente oratoria, muy buen manejo de la cadencia de la voz, que no genera hastío ni cansancio, pero su muletilla ‘dijéramos’, aunque se la han trabajado muchísimo para anularla, aún se le sale”, comenta Eduardo Llano.

Para Feliciano Giraldo, el candidato tiene un adecuado manejo de su lenguaje corporal, por la fluidez con que habla, el tono y volumen de su voz, y la coherencia de los movimientos y gestos con sus palabras. Pero le critica que no fija la mirada en la cámara para dar la sensación de hablar de frente en los mensajes que considere clave.

“Con sus gestos expansivos de brazos y manos que nacen cerca de su cuerpo y se proyectan lejos de él, logra la sensación de dar un abrazo y hacer sentir más cerca al público. Sus cejas en arco le imprimen pasión y entusiasmo por lo que expresa. Señala con ambos dedos índices, lo cual transmite autoridad y el gesto de unir sus dedos, repetitivo en él, para puntualizar sus ideas, enfatiza que está preparado, que ha planeado, que sabe hacer y compromete a su auditorio con lo que se expone”, lo describe Giraldo.

Pero le parece importante que De la Calle preste más atención y evite caminar con los hombros caídos y encorvado. Una espalda recta, con la cabeza erguida y los hombros levantados, le darían mayor presencia, autoridad y poder.

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Gustavo Petro Urrego
Gustavo Petro

Gustavo Petro, candidato presidencial.

Colprensa

Gustavo Petro polariza hasta a los analistas. Eduardo Llano destaca la capacidad de oratoria “brutal” de Gustavo Petro, pero Feliciano Giraldo dice que a pesar de su fluidez verbal, su lenguaje corporal deja entrever su timidez, como iniciar sus intervenciones en los debates, con los brazos atrás. Luego saca sus manos y utiliza con acierto los ilustradores para enfatizar sus ideas, que guardan coherencia con sus palabras, dan mayor credibilidad a sus planteamientos. Pero vuelve a llevar sus manos atrás, lo que pone de manifiesto su timidez e inseguridad.

Llano opina lo contrario: que Petro maneja muy bien el micrófono, como una herramienta de poder, se protege con él, lo domina como un bastón de mando y juega muy bien con él en tarima.

“La elevación del mentón, mirar a su interlocutor con la cabeza en alto y el cuello estirado (para verse más alto e imponente, aunque él es bajito), es un gesto de autoritarismo, arrogancia y sentimientos de superioridad”, analiza Giraldo.

Llano sostiene que Petro “está tratando de ‘institucionalizarse’, de vender una imagen de político confiable, que sí está en el 'statu quo' y adrede despliega prendas costosas, trajes a la medida, zapatos Ferragamo, y sale con su esposa en tarima, habla de sus hijos, se muestra como muy familiar. Pero, agrega, lo traiciona el pelo, porque no acepta que es calvo y el mensaje es que no se asume a sí mismo, y cuando ventea, produce el efecto Trump –sale pelo para todo lado– y pierde credibilidad.

“Al invitar a votar por él, no miró de frente a la cámara y se le notó perdido con mirada hacia el infinito, por lo que necesita más entrenamiento”, indica Giraldo.

Germán Vargas Lleras
Germán Vargas Lleras Campaña

Germán Vargas Lleras, exvicepresidente de la República, en campaña presidencial.

Colprensa

Usa más su mano derecha, gobernada por el hemisferio izquierdo del cerebro, lo que demuestra un alto grado de racionalidad en lo que plantea, y evita utilizar su mano izquierda, afectada en un atentado terrorista.

En los debates tarda más de una hora en decidirse a ilustrar algo con ella, plantea Feliciano Giraldo. Con su derecha va marcando el compás de lo que plantea, con la palma hacia abajo y el dedo índice para señalar, gestos que denotan control y poder.

Eduardo Llano destaca como positivo llevar la mano de arriba hacia abajo, en señal de autoridad, que va con su eslogan: hacer, cumplir, avanzar. Pero Giraldo objeta que no hay alineación entre su mano, tronco y cabeza, pues mira hacia un lado mientras su mano apunta en otra dirección, lo que denota incongruencia. Y que hace muchos cortes y pausas con frases sin terminar; calcula demasiado sus palabras, lo que le resta continuidad y fuerza a su discurso.

Su voz es clara y varonil, pero debe hilar y exponer con mayor fluidez las ideas para lograr sembrarlas en la mente de los electores. Para Llano, a Vargas Lleras le han trabajado para que haga pausas y suene más amable, ya que su tono de voz es recio, agresivo y tiene ceño fruncido.

Pero Giraldo lee en el mentón y la nariz elevados al hablar, un nivel de arrogancia y no temer a las circunstancias. Llano dice que el gesto de displicencia de Vargas cuando sus oponentes hablan en los debates, es adrede para restarles credibilidad. Y que también trata de sonreír, porque nunca lo hace, y lo han puesto a jugar con su hija y con su esposa, para proyectarlo como hombre de familia.

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