Yerry es una 'Mina' que se pulió en Guachené

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Yerry es una 'Mina' que se pulió en Guachené

Enero 14, 2018 - 08:09 a. m. Por:
Por Francisco Henao Bolívar
Reportero de El País
Yerry Mina

Yerry es una 'Mina' que se pulió en Guachené.

Bernardo Peña / El País

Lo que parecía ser un simple movimiento táctico durante un partido de niños que se jugaba en las cancha municipal de Guachené, terminó siendo la llave del éxito para Yerry Mina, el hoy flamante fichaje del Barcelona de España.

Cuando se jugaba el segundo tiempo de un partido que estuvo acompañado por un implacable sol, Arley Mancilla Aponzá, exjugador del América y quien en ese momento dirigía una de las escuelas de formación que se enfrentaban en la descuidada cancha, le dijo a un morenito alto, desgarbado y delgado, que jugara de central porque ya había cumplido su trabajo como volante de marca.

“Al ‘pelao’ no le gustó. Cuando le dije que bajara para que jugara los últimos minutos como central, noté que hizo un gesto de desaprobación; pero yo lo necesitaba ahí por su estatura”, recuerda Mancilla sobre aquel episodio que, con el paso de los años, sería clave en la carrera de Yerry Mina.

Para tristeza de Yerry en ese momento, y para alegría de él hoy años después, esa no sería la única decisión que tomaría Arley Mancilla cuando el ahora jugador del Barsa era un chico.

“A la cancha me lo trajeron su papá José y su tío Jaír con guantes porque el niño quería ser arquero como su papá; pero yo les dije que lo necesitaba como jugador de campo para aprovechar sus condiciones”, asegura Mancilla.

José Eulises, el padre, y quien atajó con poca suerte en algunos clubes colombianos, dice que la fiebre de Yerry por ser portero la afianzaba en casa todos los días.

“Él se ponía unas medias en las manos, se tiraba a la cama como si fuera a coger un balón y le decía a la mamá que así tapaba yo”,
recuerda José Eulises.

El cambio de posición le vino tan bien a Yerry, que comenzó a hacer diferencia cada que había partido porque desde niño, además de sus condiciones como futbolista, tenía buena estatura y eso le beneficiaba mucho en comparación con otros pequeños.

Sus progresos futbolísticos iban a la par de buenos resultados en el estudio. El niño de pelo quieto, delgado, que sobresalía sobre sus demás compañeros en la Escuela Camilo Torres, sacaba notas sobresalientes.
Eso mismo sucedió cuando pasó al María Auxiliadora, donde también logró buenas calificaciones, y en el Colegio Jorge Eliécer Gaitán, que fue donde terminó el bachillerato.

“Yerry fue un estudiante muy juicioso; por eso yo le decía a su mamá (Marianela González) que no lo templara tanto, que lo dejara tranquilo porque él era muy bueno. Una vez puse una tarea y Yerry fue el único que la presentó de manera impecable, tanto así que ese trabajo lo puse como ejemplo para los demás muchachos”, recuerda Melba González, educadora que cumple 30 años en el Jorge Eliécer Gaitán.

En el colegio, curiosamente, Mina encontró el espacio ideal para afianzar su gusto por el fútbol.

“Ese niño jugaba todos los torneos, estaba en intercolegiados, interclases, en torneos nacionales defendiendo los colores del colegio, y siempre figuraba; desde ‘pelao’ mostró su ambición y su deseo de figurar”, afirma Bianel Mancilla, profesor de educación física del colegio Jorge Eliécer Gaitán.

Yerry Mina

Juan José, su hermano menor, siempre ha acompañado a Yerry en sus diferentes procesos.

Bernardo Peña / El País

Golpes que enseñan

Pero no todo fue color de rosa en los inicios de un Yerry Mina que sobresalía en el fútbol y en el estudio, que en su casa mostró deseos de ser arquero, que en los ratos libres siempre escuchaba salsa y que de cuando en vez salía con sus amigos para dar un ‘vueltón’ por las estrechas calles del pueblo.

Siendo parte del programa Intercampus, un convenio apoyado por el Inter de Italia y el Deportivo Cali para buscar nuevas figuras en el fútbol, no fue visto por los ‘cazatalentos’ del equipo azucarero, que era el que tenía la primera opción para llevarse a las promesas.

“Eso lo golpeó muy duro, pero él nunca bajó los brazos porque siempre ha sido un luchador”, reconoce su primo Brayan Mina.

La segunda decepción fue cuando a los 15 años por primera vez su tío Jaír Mina, su representante hoy día, lo llevó a un periodo de prueba en Millonarios.

“No sabemos qué sucedió, si no pasó la prueba o qué; lo cierto es que el muchacho regresó a Guachené y fue cuando con Seifar Aponzá, Jairo González —también formadores— y yo decidimos llevarlo al equipo Supercolor de Tarragona”, señala Arley Mancilla.

Con ese equipo Yerry jugaría varios torneos, entre ellos el de las Américas, que siempre se lleva a cabo en Cali, logrando dejar huella como volante de marca o zaguero central.

Pero después de un par de años con Supercolor, decidió regresar a casa.

Vuelve Jaír

Con 17 años, Yerry, que ya había madurado como persona y que tenía una estatura que le permitía ser el más alto de los equipos donde estuvo, esperaba tranquilo algún chance de probar en otro club colombiano.

Las esperanzas crecieron con una nueva visita de su tío Jaír a Guachené. “Mi hermano vino y me dijo que se lo llevaba para el Pasto. Nosotros vimos que era el momento ideal y el muchacho se fue cargado de muchas ilusiones”, confiesa José, padre de Yerry.

La entonces nueva promesa del fútbol dejó su natal Guachené, también sus amigos y su familia, mentalizada en que se abría una nueva oportunidad.

Yerry se instaló en una vieja casa-hogar que tenía el Deportivo Pasto en la carrera 24 #9-50 en el barrio Obrero, cerca del centro de la ciudad.
“Esa casa quedaba como a 2 kilómetros del estadio y él iba a pie todos los días a los entrenamientos y regresaba de la misma manera porque muchas veces me lo encontré en el camino”, recuerda Fernando el ‘Bambino’ Quintero, periodista de RCN en Pasto.

En la ciudad del volcán Galeras comenzó en firme su sueño. Inicialmente fue alineado en el equipo sub 20, donde empezó a hacer diferencia, especialmente en el juego aéreo.

Después de dos años de sacrificio, aprendizaje y progreso, Yerry se estrenó como profesional el 20 de marzo del 2013 en un partido ante el Deportivo Cali.

Su trabajo fue premiado por el técnico José Flabio Torres, quien le dio más oportunidades en el equipo profesional, hasta quedarse con el puesto de titular.

Jugó 24 partidos e hizo un gol. Pero de él ya comenzaban a hablar en radio, prensa y televisión. Eso hizo que Santa Fe pusiera sus ojos en él, hasta ficharlo en el 2014.

Con los cardenales encontró apoyo de sus compañeros y eso fue clave para su consolidación. Además, ya en Bogotá tenía permanentemente la visita de sus padres José y Marianela, además de su tío Jaír, lo que le dio más confianza para pelear por metas más altas.

Luego de dos fructíferas temporadas con Santa Fe, pasó al Palmeiras, a la Selección Colombia y hoy nada menos que al poderoso Barcelona de España.

Atrás quedaron muchos sacrificios. Hoy Yerry Mina recoge los frutos de tantas ilusiones y muchos sueños fortalecidos en su casa de Guachené, en la cancha municipal, en los colegios por donde pasó y en esas estrechas calles del pueblo que lo vieron formarse también como una gran persona.

Yerry Mina

Yerry con su tío Éver Mina, que es maestro de obras en Guachené.

Bernardo Peña / El País

Datos

  • Yerry Mina ha comenzado a devolverle a Guachené lo que el pueblo le dio en sus comienzos. La Fundación que lleva su nombre para ayudar a niños humildes es el primer paso dado.
  • Con Santa Fe fue su consagración en el fútbol colombiano. Jugó 124 partidos, logrando tres títulos: una liga, la Superliga y la Copa Suramericana.
  • En el Palmeiras de Brasil actuó en 49 juegos, alcanzando en el 2016 el título. 
  • Al Barcelona llega por ahora como cuarto central, detrás de Gerard Piqué, Samuel Umtiti y Thomas Vermaelen.
  • Sin embargo, su familia y paisanos que lo conocen muy bien aseguran que Yerry siempre comenzó de suplente en los equipos y después logró la plaza de titular.
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