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Reinaldo Rueda y la Selección Colombia (Opinión)

Enero 14, 2021 - 04:47 p. m. Por:
Manuel Rodríguez - Especial para el País
Reinaldo Rueda

Reinaldo Rueda, nuevo técnico de Colombia.

AFP / El País

Reinaldo Rueda ya concretó su vinculación con la selección. Finalmente hay algo de certeza tras un periodo de incertidumbre en los últimos dos meses, pero permanece una realidad incómoda: la situación del equipo es complicada. Tiene dos partidos durísimos en marzo, en casa contra el imparable Brasil, y afuera con la siempre dura (y mejorada) Paraguay. En teoría, son dos partidos de esos que ‘se pueden perder’ —bajo circunstancias normales, no habría mucha conmoción si dejamos puntos contra ambos rivales—. El problema, sin embargo, es que estas no son circunstancias normales, así que estos dos juegos, precisamente, no se pueden perder.

“Le faltó coraje a la federación,” fue lo que dijo Queiroz tras su caótica salida en noviembre. Según él, se debió actuar con más frialdad, más calma dentro del momento de mini crisis que atravesó el equipo. Pero, si bien es cierto que la decisión fue algo apresurada, fue un gran acierto sacar al entrenador portugués. Había que hacerlo con urgencia. No por que la selección hubiera perdido los dos partidos. En la eliminatoria se puede perder contra cualquiera, e incluso perder por goleada está siempre dentro de las posibilidades. La razón por la que Queiroz debía salir es más puntual: lo de la doble fecha en noviembre fue extraño. Raro. Tan simple como eso. Las dos goleadas en contra tuvieron tintes de debacle, de cataclismo interno.

Sobre todo el partido en el Atahualpa dejó una incómoda sensación de intranquilidad. En condiciones normales, una pobre Colombia perfectamente puede perder contra un gran Ecuador. Incluso puede salir goleada. Pero para un 6-1, para una derrota de tal magnitud, sobre todo entre equipos que no se sacan gran diferencia en términos de talento en la plantilla (y en este caso, incluso está claro que Colombia tiene mejores nombres que Ecuador), tiene que ocurrir algo fuera de lo normal. Algo fuera del fútbol.

No alcanza con decir que Colombia simplemente ‘jugó mal’ para explicar cuatro goles en contra en un primer tiempo. La justificación tiene que ir más allá de la táctica o la estrategia, del planteamiento o la formación o la pelota quieta. Una catástrofe tan atípica, tan surreal, de nueve goles en contra en dos partidos, de un solo gol marcado de penal, de fútbol sin ideas, defensa sin solidez, de un montón de errores, de dos y tres sustituciones en el primer tiempo para ajustar el equipo, tiene que pasar por algo fuera de la cancha. Por un problema interno, o un inconveniente en el camerino, o un rechazo al entrenador. Es lo que sucedió en Colombia, y fuera el que fuera el verdadero problema, no podía continuar.

Por eso llega Rueda, porque la federación (lógicamente) se asustó. Temió lo peor: que prosiguiera esta crisis emocional, o de camerino, o lo que fuera, y se volviera a dar una catástrofe frente a Brasil y Paraguay. Dentro de todo, Colombia tuvo suerte en noviembre, porque ninguno de los rivales directos (los Chile, Paraguay y Perú) tuvo una buena doble fecha. Así que a pesar del horror futbolístico en Barranquilla y en Quito, en términos numéricos no estamos en gran desventaja. El camino se puede recomponer.

El problema, claro está, es la inevitable sensación de que, con otra doble fecha igual, con una ronda más sin sumar puntos, nos despedimos de Qatar. Ese es el peso que recaerá sobre los hombros de Rueda. Tomará las riendas de un equipo que tiene el fútbol extraviado y la moral por el suelo, y

tendrá a lo sumo dos meses para trabajar antes de disputar dos finales con la inevitable condición de que sumar cero de seis es condena mortal.

Se ha hablado mucho de que esta selección necesita un entrenador de mano dura. De personalidad fuerte, que ponga en su lugar a un equipo plagado de estrellas mundiales que requieren disciplina. Por esto se ha dudado de la capacidad de Rueda. Que quede claro, sin embargo, que el vallecaucano es un excelente entrenador. Sus equipos tienden a jugar buen fútbol, ha llevado a dos selecciones al mundial, y, a diferencia de Queiroz, conoce Sudamérica y las eliminatorias de arriba a abajo.

Ahora, guste o no su apuntamiento, lo que sí se puede criticar es la falta de imaginación de la federación. ¿Por qué no sonó nadie más? ¿Realmente había tan pocos entrenadores disponibles? ¿Por qué solamente Osorio y Rueda como opciones? La falta de creatividad es frustrante. Otra pregunta que vale la pena hacerse: ¿Era tan difícil traer a Marcelo Gallardo? El argentino era el candidato ideal (casi soñado) para muchos. Evidentemente, lo primero era que él quisiera venir, y para eso debía dejar River, donde ha construido hogar e imperio. Pero es extraño que no se haya hecho ni siquiera un acercamiento. El salario seguramente no habría sido problema, pues bien se sabe que la federación Colombiana le pagaba tanto a Pekerman como a Queiroz muy por encima de la media de lo que pagan otras selecciones Conmebol.

Es una dura tarea la que Rueda y el equipo tienen enfrente. Está en juego el billete a Catar, y lo que era impensado para muchos —quedar afuera del mundial— es una posibilidad dolorosamente real. Ciertamente, si no se suman puntos en marzo, matemáticamente aún habría chances. Pero el golpe emocional sería demasiado fuerte como para creer que recuperarnos en la tabla sea posible. Por ahora, lo sabrá bien Rueda, hay que dejar de lado cuestiones de formaciones o convocatorias, de estilo o de nombres o de formas. En marzo, ganar. Ya habrá tiempo para todo lo demás.

@manrodllo.

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