"Le quiero aprender a David Ospina": Iván Arboleda, portero de Banfield

"Le quiero aprender a David Ospina": Iván Arboleda, portero de Banfield

Septiembre 29, 2018 - 11:55 p.m. Por:
Por Hugo Mario Cárdenas / Buenos Aires, Argentina
Iván Arboleda

Iván Arboleda, portero de Banfield.

Hugo Mario Cárdenas / El País

El destino se encargó por la fuerza de pararlo debajo de los tres palos. Empezó desde muy niño como ayudante de carros hasta el día que lo descubrieron y tras una paliza de su madre decidió irse de la casa.

Llegó a vivir con su abuela en un sector humilde en Tumaco (Nariño), pero ella no quería criar un vago y tuvo que entrar a estudiar y a entrenar fútbol en el equipo de su tío. De inmediato se enfundó la camiseta número 9 porque odiaba el arco.

Pero en un torneo local expulsaron al arquero por una falta, le tocó ponerse los guantes y atajó el penalti. Vinieron las felicitaciones y en ocasiones lo enviaban a la portería, pero insistía, aunque reconoce que era malo, en que era atacante.

Quería seguir los pasos del africano Emmanuel Adebayor y hacer historia en los estadios europeos. Por eso rechazó, como si se tratara de un irrespeto, una invitación a probarse como arquero en la Selección Infantil de Nariño.

Así empezó la historia de Iván Mauricio Arboleda, el portero de 22 años del Banfield de Argentina, a quien proyectan como el reemplazo de David Ospina en el arco de la Selección Colombia.

Es mediodía de miércoles y en el predio Luis Guillón, lugar de concentración de su equipo, la ‘Araña Negra’, como lo llaman, habló con El País sobre su presente, la confianza que ha recibido del técnico Julio César Falcioni y el profundo agradecimiento que tiene con su familia y en especial con su abuela.

¿Qué tan importante es la familia en su carrera?
El haber sufrido y pasarla mal desde chico te enseña a tomar mejores o peores decisiones y mi abuela siempre me corrigió y me enseñó lo bueno; no soy perfecto, pero aprendí mucho de ella. Primero que todo, a ser persona, a ser honesto, a decir las cosas en la cara y no andar con falsedades; por eso digo siempre que mi abuela es mi amuleto.

¿Cómo fue esa infancia?
Fue una infancia muy dura, la verdad, al no estar de pronto con mi mamá, pero son enseñanzas que le quedan a uno y hoy en día cuando me critican, trato siempre de hacer las críticas a un lado porque nadie sabe por lo que uno ha pasado; hay gente que te ve bien hoy y piensa que todo es fácil y están equivocados; nada en la vida es fácil y por eso creo que le debo todo a mi abuelita y quiero que ella me aproveche lo más que pueda.

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Fue su abuela la que a golpes le motivó el amor por el fútbol, ¿no?
De chico fui muy travieso; en el sentido de que me gustaba trabajar de ayudante en los carros de Roble, que es un pueblo de Tumaco, y una vez escuché que una voz me gritó ‘bajate de ahí’, y yo volteé a mirar mal y era mi abuela; en esos días no anduve en los carros porque me dijo que si me veía me iba a pegar; después mi mamá me castigó y me fui para donde mi abuela. Ella me dijo que no iba a criar un vago, que tenía que estudiar, que tenía que hacer algo por la vida. Empecé el colegio y tenía un tío que tenía una escuela de fútbol que se llama Ciudadela Porvenir y entonces ella me metió.

¿Pero era juicioso en los entrenamientos?
Una vez no fui a entrenar toda la semana y me iba para la calle con unos amigos a jugar ‘gol a $200’ o apostando la gaseosa y la abuela me encontró; así como estaba sudado me metió unos latigazos en la espalda cruzados y me dijo ‘vos tenés que hacer lo que yo diga’ y me quedó ese temor y me tocó ponerme a entrenar juicioso. Después de dos años vi el resultado y jugaba de delantero, obviamente, era Adebayor y jugaba de 9 porque no me gustaba el arco.

¿Cómo termina en la portería?
Fue en un torneo prejuvenil en Tumaco. Al arquero titular lo expulsan y el suplente no fue y me dijeron ‘te toca atajar a vos’ y era un penal y lo tapé y todos contentos, me abrazaban y me sentí importante en ese momento. Después vienen unos profesores de Pasto para mirar el tema de la Selección Nariño y me vieron atajar y me dijeron que era bueno, entonces le dije ‘profe, yo no soy arquero, yo soy 9’, y me preguntó que por qué estaba entonces en el arco y le dije que porque estaba cansado y no me llevaron. Luego empecé a crecer como arquero y fui Selección Nariño y me llevaron para el Pasto de 13 años.

¿Cuánto tiempo estuvo en el Pasto?
En Pasto estuve del 2010 hasta el 2013, llegué a los 13 años, luego fui a la Selección Colombia Sub-17 y a mi regreso vinieron unos malos entendidos porque odio que a uno como chico lo engañen.

¿Qué le ocurrió?
Me dijeron que me iban a comprar el porcentaje. Yo ni siquiera pedí plata; le dije a mi tío Alberto Churta que lo que quería era una casa en Cali para mi mamá y mi abuela, que con eso me contentaba. Dijeron que sí y pasó el tiempo y nada; luego me enteré que algunos directivos no estaban de acuerdo. Decidí entonces irme a probar al Deportivo Cali, del cual soy hincha, y es justo cuando me llaman de Argentina.

¿Cómo termina en Banfield?
Por una coincidencia, diría yo. Ya estaba arreglado para probar con el Cali y me llama mi empresario y me dice que existía la posibilidad de ir al fútbol argentino. Eso fue en el 2014 y me dicen que había opción de venir a River o a Vélez, pero a empezar de cero. Por último me nombró a Banfield y me explicó que era un equipo que estaba en la B, después supe que James Rodríguez había estado acá y me decidí por eso.

¿Cómo fueron esos primeros días en Argentina?
Fue duro llegar a un sitio donde nadie sabe quién es Arboleda y me ha costado mucho el que hoy la gente me reconozca. Yo llegué un día a las 7:00 de la mañana con una camisetica apretada porque venía del calor y era marzo y hacía un frío terrible; lo primero que me dieron fue ganas de regresar para mi casa. Me dijeron que me alistara porque entrenábamos aquí en el predio de Banfield. Ese primer día el coordinador de inferiores, el Tano Cinto, su cuerpo técnico y Adrián González, que era el técnico de la Quinta División, me dijeron listo, que ya estaba y que me quedaba.

¿Nunca tuvo ofertas de Colombia?
Ya cuando llegué acá tuve una oferta del Medellín, porque se habían lesionado Castellanos y Bejarano, y no había arquero. Mi tío Alberto les dijo que ya le habíamos dado la palabra a Banfield. Hoy en día le doy gracias a Dios por esa decisión.

La Quinta División es muy lejos del profesionalismo, ¿al cuánto tiempo debutó?
Estuve año y medio en la Quinta División. Luego iba a iniciar con la reserva cuando el profe (Matías) Almeida y (Carlos) ‘Lechu’ Roa me dicen que si me gustaría hacer la pretemporada con ellos. Arranqué un año excelente y después llega Mauricio Cuero acá a Banfield, que ahora está en Olimpia, y fue fundamental para que me quedara porque fue como un padre para mí acá. Después Almeida se va y asume como técnico Claudio Vivas, y antes de dejar la dirección del equipo, me puso a debutar contra River.

¿Qué sintió cuando supo que iba de titular?
No pensaba en el equipo rival, sino en cómo iría a ser mi debut, pero tuve la confianza del cuerpo técnico y me arroparon muy bien los principales jugadores del equipo como Erviti y el ‘Tanque’ Silva. Eso hizo que mi debut fuera excelente.

¿Qué tanto sirve en su posición tener a un técnico como Falcioni?
Julio es uno de los técnicos que cualquier jugador quisiera tener y me siento privilegiado al tenerlo como entrenador y por lo que significó para el fútbol colombiano. Le estoy agradecido porque me ha dado la confianza que uno como jugador siempre espera.

¿Lo emocionó el llamado a la Selección para los últimos partidos?
Muchísimo. Y si me toca un día estar en el arco de Colombia, lo voy a hacer de la mejor manera. Ya he estado con el grupo y conocí a ídolos como Falcao y como Ospina, que es muy joven, tiene 30 años, y pensar en su remplazo es una cosa de locos. Lo que sí quiero es aprender de él.

¿Qué tanto disfruta su abuela hoy de sus logros?
Mucho. Hoy en día le puedo dar un gustico, comprarle por ejemplo un perfume, antes no podía ayudarle y hoy en día sí le puedo ayudar. Ya gracias a Dios le ayudé a construir la casa en Tumaco y creo que está cómoda, pero eso no va a alcanzar nunca para pagarle todo lo que hizo por mí.

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