De frente: Colombianos, ¿Cuál será su equipo en Catar? (Opinión)

Abril 24, 2022 - 06:00 a. m. 2022-04-24 Por:
César Polanía / Editor de Afición de El País
Brasil vs Argentina

Brasil y Argentina se vuelven a ver las caras luego de la final de la Copa América 2021.

Foto: AFP

Antes de Italia 90, los colombianos estábamos ‘obligados’ a hacerle fuerza a la selección que más nos sedujera, porque el único Mundial en el que habíamos estado, hasta entonces, era el de Chile 62.

En las eras de Pacho y ‘Bolillo’, Colombia no solo estuvo en Italia, sino que fue a USA 94 y Francia 98. Terminaba el brillo de una generación que regaló muchas alegrías. Luego, el recambio costó. Tanto, que la Selección se ausentó de las citas del 2002, 2006 y 2010.

Hasta que apareció ‘Don José’ y puso de nuevo a Colombia en los primeros renglones de Suramérica, tras clasificarla a Brasil 2014 y Rusia 2018. Pero ha llegado nuevamente el fin de una era que no fue capaz de ganar el tiquete para Catar 2022. Entonces, tendremos que acudir a las viejas costumbres, las de ponernos la camiseta de otra selección.

Cuando empecé a ver fútbol, mi padre era hincha confeso de Brasil. Defendía a esta selección como si fuera la de su misma patria. Claro, había visto coronarse a la Brasil del 58, la del 62 y la del 70, la más espléndida de todas, para muchos.

Yo, apenas un niño en el 82, hacía de interlocutor y soportaba sus desahogos por aquella pena que causó en la cita mundialista de España la eliminación de la Brasil de Leandro, Oscar, Cerezo, Junior, Falcao, Sócrates, Zico y Eder, a manos de una imbatible Italia que a la postre se coronó campeona con Zoff, Baresi, Cabrini, Gentille, Tardelli, Conti y Rossi.

El primer Mundial que vi fue por televisión. Argentina 78. A blanco y negro. Tenía 7 años. La pantalla chica me dejó conocer unos tales Kempes, Tarantini, Passarella, Alonso, Ardiles, Luque, Fillol y Gallego. A la par, coleccionaba el álbum de Panini. Y me enamoraba el azul celeste de la camiseta argentina. También las rayas. No sabía nada de dictaduras ni desaparecidos.

Tampoco prevía la grandeza de un pibe llamado Maradona y ausente del Mundial en su propia patria. Mucho menos dimensionaba a Menotti. Y fue Argentina la selección que me hizo suyo sin serlo. Así es el fútbol. Puede tu padre hablarte horas eternas de Brasil, pero basta un flechazo de un minuto con el equipo que es, para que te endosés por siempre en su escudo y sus colores. Como si fuera una segunda patria. Todos los hinchas del fútbol la tenemos. No lo nieguen ni insulten a quienes lo reconocemos.

Para España 82, Menotti incluyó a Maradona. El más grande de todos los tiempos, según mi corazón. Pegué su ‘caramelo’ o ‘figurita’ con sumo cuidado en mi segundo álbum de la colección de Panini. También en las tapas de los cuadernos del colegio y el espaldar de la cama. Nos fue mal en ese Mundial.

En México 86 fue la revancha. ¡Y qué revancha! Un Maradona en la élite del fútbol mundial condujo a Argentina hacia su segunda Copa. Y Maradona saldó con una pelota las cuentas políticas con los ingleses. Primero con una mano, ‘La mano de Dios’, como la bautizó el mismo ‘Pelusa’. Y luego, con el mejor gol en la historia de los Mundiales.

No habrá otro igual. ¡Cómo no enamorarme de Argentina! De esa Argentina que del 78 al 86, entre mis 7 y mis 15 años, me mostró qué era el fútbol. ¡Al diablo Pelé y Brasil!, con tu perdón, mi viejo. El fútbol que te enamora es el que ves. El que vives. El que te arranca alegrías y tristezas en directo.

Después de Maradona vino un tal Messi. Un Messi en la cima del planeta. Inmenso. Que lo ganó todo. Hasta la Copa América que tanto le reclamaron en su propia patria. Solo falta en su vitrina la Copa Mundo, que pesa 6170 gramos, pero a él le ha pesado toneladas con la camiseta albiceleste.

Este será su quinto Mundial. Ojalá lo gane. Porque, ya lo escribí, ‘soy argentino’. Pero, sobre todo, porque los mejores jugadores del mundo no pueden irse de este mundo sin alzar ese trofeo. Pelé y Maradona lo hicieron. Y ahí está el cajón vacío en el podio para que Messi también lo haga.

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