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Además de un técnico, el fútbol colombiano necesita directivos (Opinión)

Noviembre 22, 2020 - 08:39 a. m. Por:
César Polanía, editor de Afición
Ramón Jesurún

Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol.

Colprensa / El País

Antes que un técnico, lo que la Selección Colombia necesita son directivos de fútbol honestos, que no pateen la dignidad de la afición, y con proyectos claros, sin lugar a las improvisaciones.

Se cuestiona tanto al técnico de turno y a los jugadores cada que aparece la tormenta, pero poco se mira para allá, hacia las confortables oficinas donde están sentados los directivos de la Federación como los soberanos de una monarquía intocable.

Hacen y deshacen. Quitan y ponen. Ocultan y roban. ¿Y a ellos quién los toca?

Sin mover un solo dedo, tienen el poder para concentrar a todo un país en el debate de los errores de la Selección, en los planteamientos y el desconocimiento de Queiroz de los jugadores colombianos y las eliminatorias suramericanas, en los supuestos líos de camerino entre los futbolistas, en la llegada de un nuevo seleccionador nacional o extranjero...

¿Y cuándo les llega el turno a ellos? ¿En qué momento podemos prescindir de sus ‘honorables’ servicios por sus errores y faltas, que pasan por los organismos de control y llegan hasta los estrados judiciales?

La debacle de esta Selección Colombia, a la que se le perdió el camino hacia el Mundial de Catar de la noche a la mañana, no es solo culpa de Queiroz y los jugadores. Ramón Jesurún es el principal culpable.

Fue Jesurún quien acabó con la era de Pékerman en la Selección, luego de que el argentino llevara a Colombia a los mundiales de Brasil 2014 y Rusia 2018.

Fue Jesurún quien dejó plantado al experimentado entrenador en Bogotá a la espera de una reunión para definir su continuidad, y el día del vencimiento del contrato simplemente le hizo llamada para decirle que hasta ahí había llegado su labor.

Seguramente hubo cosas de Pékerman y su entorno que no gustaron (léase Pascual Lezcano), pero Jesurún no tuvo la capacidad ni el liderazgo para negociar. O simplemente no quiso tenerlos.

Hoy, Jesurún no debería estar sentado en la silla de la presidencia de la Federación. Llegó allí, entre otras cosas, para retornarle la credibilidad y la transparencia a un organismo encochinado por su antecesor, el señor Luis Bedoya, envuelto en el mayor escándalo de corrupción del mundo, denominado ‘Fifa gate’, a través del cual, durante diez años, se llenó los bolsillos de millones de dólares que solo cabían en cuentas bancarias de Suiza.

Y muy pronto, Jesurún dio de qué hablar. Porque, al lado de otros directivos, fue investigado por la reventa de boletería de las eliminatorias del Mundial de Rusia 2018, lo que obligó a la Federación Colombiana de Fútbol a pagar una multa por 18 mil millones de pesos.

Se imaginan si Jesurún sale a decir ahora que la Federación no tiene dinero para indemnizar a Queiroz por dar por terminado de manera unilateral su contrato. Son dos millones de dólares. Y ese debe ser el primer paso para sentar un nuevo seleccionador en el banco de Colombia.

Si el señor Jesurún tuviera algo de dignidad propia y respeto por el fútbol colombiano, hacía rato se hubiera ido. Pero nunca es tarde. Debería aprovechar la salida de Queiroz para dejar esa silla presidencial de los intocables de la Federación.

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