Estanislao Bachrach, el entrenador de mentes

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Estanislao Bachrach, el entrenador de mentes

Julio 07, 2013 - 12:00 a.m. Por:
SANTIAGO CRUZ HOYOS- Reportero de El País

Es doctor en biología molecular. Y sin embargo se dedica a un oficio extraño: entrena mentes. Trabajó con River Plate. ¿Qué tiene para decirle al América en tiempos en los que también busca la A?

- Mira, el día que River volvió a primera, fue uno de los más especiales de mi vida. Primero, porque soy hincha de River, mis mejores amigos son de River. Para trabajar con el equipo yo le pedí dos condiciones a Almeyda: que no me pagara nada y que no se dijera que yo trabajaba ahí. Las dos las cumplió. Lo que sucedió después fue que los jugadores, cuando estaban en el hotel concentrados, comenzaron a twittear: hay un ‘pelado’ (calvo) biólogo, de Harvard, trabajando con nosotros. Entonces la gente empezó a entender que era yo. No tenía ganas de que se supiera. Hay mucho periodismo. No quería romper con la tranquilidad de mi vida. Pero se supo. Y yo festejé el título extremadamente feliz.- ¿Cómo lo celebraste? - Recuerdo un jugador —no te puedo decir su nombre— volviendo  al vestuario después de salir campeón, mirándome a los ojos y diciéndome algunas frases importantes sobre lo que había significado mi trabajo. Después estuve en el vestuario, paradito, mirando cómo ellos festejaban. Me comporté no como hincha, sino como un profesional. Y lo segundo fue que Almeyda me invitó a la cena de festejo que se realizó en un restaurante argentino, y en la cena había 200 personas. Fui con mi esposa. Y delante de todos Almeyda agarró el micrófono y me agradeció. Ese fue uno de los momentos más lindos de mi vida. Hay que acordarse que el trabajo más importante lo hizo él. Fue él el que me dio la oportunidad para que yo, una persona desconocida en el ambiente del fútbol, que trabaja en algo que nadie entiende, interviniera con sus jugadores cinco días antes del partido final. La apertura mental de Matías es  algo extraordinario. Cinco días antes del partido en que River Plate definía el título del Nacional B en Argentina frente Almirante Brown, Matías Almeyda, su técnico, llamó a Estanislao Bachrach, biólogo molecular. -Vení, trabajá con nosotros, le dijo. Y él fue. Y River ganó 2-0 con goles de Trezeguet, regresó a primera división.¿Qué hace un biólogo molecular en un equipo de fútbol? ¿Qué puede hacer en cinco días? II Estanislao Bachrach nació en Buenos Aires en 1971. Cuando terminó la secundaria, tenía que tomar una decisión: estudiar o trabajar. Decidió lo segundo, un poco también empujado por sus padres, Gregorio Bachrach y Silvia Pipkin. Ellos querían que se convirtiera en científico. Estanislao estudió ininterrumpidamente 17 años en Argentina, Francia y Estados Unidos. Se hizo doctor en biología molecular. Llegó a Harvard. Allá un día lo felicitaron, le dijeron que su ciclo como estudiante terminaba, que de ahora en adelante sería investigador y profesor. Esta es tu oficina, le dijeron, este será tu salario, un gran salario, esta es la gente que va a trabajar contigo, tu vida está solucionada, ser profesor en Harvard es un cargo de por vida, vas a estar en la mejor universidad del mundo, en uno de los mejores lugares del mundo para vivir, Boston, Massachusetts, Estados Unidos, una ciudad cosmopolita, frente al océano, con mucha cultura y buenos cafés y casas lindas, con jardines para pasear al perro.  Y sin embargo, Estanislao Bachrach, que le había dado clases a tipos como Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, no se sentía feliz. Se había dado cuenta de que hacía lo que hacía por satisfacer a sus padres. Entró en crisis. Se deprimió. Fue cuando perdió el cabello. Empezó a sufrir dolores de cabeza terribles. A veces vomitaba en la calle. Bajó diez kilos. Parecía enfermo. Pero no lo estaba. El cuerpo tiene sus maneras de hablar. Y le estaba diciendo que no tenía que estar más ahí, en el mejor lugar del mundo para vivir.Después de un año de preguntas, de terapias, de sufrimiento, decidió dejarlo todo, volver a su país. Justo en ese momento, desaparecieron sus dolores. El cuerpo tiene sus maneras de hablar. ¿Estás loco? ¿Cómo te vas a ir de Harvard?, le preguntaron sus colegas.III-       Y bueno, ¿qué hacer? No sabía muy bien qué hacer, pero tenía una pregunta: ¿cómo buscar más la felicidad que el éxito? Llegué a la Argentina en 2007 y lo primero que hice fue una maestría en negocios. Estaba pensando en cambiar mi vida. Entonces dejé de ser un científico de laboratorio —estudié muchos años enfermedades humanas, trabajé en hospitales— y me convertí en lo que hago hoy: utilizo la ciencia, la neurociencia, para ayudar a las personas sanas, mejorar su desempeño en el trabajo. En vez de usarla para entender enfermedades, o curar enfermedades, es como utilizarla para la gente que está bien y cómo potenciar esa gente. Me di cuenta de que quería trabajar con personas comunes, los que van a trabajar todos los días. Y de manera muy natural, empecé a asociar el mundo de la biología y la neurociencia con el mundo de las empresas. Empecé a darme cuenta de que con mis conocimientos científicos sobre cómo funcionaba el cerebro, podía impactar a las personas. Ayudarlas a ser más creativas, a manejar las presiones, a tener más confianza, animarse a otras cosas, salir de la zona de confort, cambiar. Mis dos grandes temas hoy en el trabajo son el cambio y la creatividad desde una mirada científica. Los dos grandes retos de las empresas de hoy son el cambio y la creatividad. El mundo cambia todos los días, las empresas deben seguir el mismo paso, de lo contrario mueren, desaparecen. Los clientes de Estanislao Bachrach son compañías famosas. El Banco Galicia, por ejemplo, el más grande de Argentina. También ha hecho intervenciones en Mercedes Benz, Coca-Cola, Adidas, Unilever, el BID, Carrefour, Espn, Directv.Lo contactan muchos y fácil. Bachrach da clases de innovación y cambio en la maestría de negocios de la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires, permanece en contacto con empresarios. Cada 15 días habla del impacto de la ciencia en la vida cotidiana en uno de los programas más escuchados de la radio argentina, ‘Perros de la calle’. Y su libro, Ágilmente (aprende cómo funciona tu cerebro para potenciar tu creatividad y vivir mejor), es el más vendido en su país. - Me busca mucha gente, pero mi equipo y yo tenemos una forma de trabajar particular: pocos clientes, pero muy comprometidos con ellos. Somos como un grupo boutique. Nuestras intervenciones son profundas en las compañías. No son cortitas. El cerebro es como un músculo que se puede trabajar para mejorar, pero se necesita esfuerzo, tiempo y disciplina.En River, sin embargo, apenas tuvo esos cinco días para trabajar, aunque luego se quedó con el plantel dos meses más, ya ascendidos a primera. Pero cuando le dijeron que tenía apenas cinco días, Bachrach padeció eso que llaman estrés profesional. IVEl mundo avanza rápido, Bachrach habla a través de Skype. Algunas de las versiones que se publicaron en Argentina sobre su trabajo en River no fueron ciertas, dice. Como lo del murmullo del Monumental. Según algunos periodistas, grabó el murmullo del estadio de River y se los puso en los entrenamientos a los jugadores para convertir la presión de la tribuna no en algo negativo, paralizante, sino en algo positivo. - Yo sí hice un trabajo con sonidos, pero no grabé el murmullo. Mucho de lo que se publicó en los diarios fue mentira. En los diarios, también, lo llamaron gurú. Bachrach se siente mal con ello. La palabra tiene la connotación de charlatán. Su significado en el hinduismo es maestro espiritual. Y él no es ni lo uno ni lo otro, dice. Sigue siendo un científico. Uno que viaja a Estados Unidos cuatro veces al año a preguntarle a sus colegas de Harvard y otras universidades qué han encontrado nuevo sobre el funcionamiento del cerebro. Lo que él pretende es conocer ese órgano, entender cómo trabaja, y a partir de ese conocimiento, transformarlo, ayudarles a otros a hacer lo mismo, pensar distinto, atreverse al cambio.Lo que hace, es lo que quiere decir, es un trabajo profesional. Fue lo que hizo en River. Aunque advierte que no puede contar mucho de lo que hizo. Hace parte del secreto profesional. Contarlo sería como revelar el secreto de la Coca-Cola. Y no. - Hoy existen técnicas de neurociencia para gestionar las emociones, tomar mejores decisiones, potenciar la confianza. A través de la neurociencia se puede lograr  también un uso eficiente de la energía mental, por ende de la energía física, alcanzar mayor concentración, autoconocimiento para saber qué quiero y cómo me quiero sentir frente a un evento deportivo u otro, crecer en empatía para entender al compañero, al técnico, al hincha, al rival, desarrollo de la intuición, velocidad de reacción. En resumen, sería como llevar tu cerebro a un gimnasio y a un spa para prepararlo para la competencia. Ese fue mi trabajo en River.  Pero no puedo contarte las actividades en detalle. Cada equipo de fútbol, cada empresa, sigue Bachrach, es como un paciente. Para intervenirlo tenés que conocerlo. En River, por ejemplo, estudió desde quién hablaba dentro de la cancha y el vestuario hasta dónde se sentaban los jugadores más jóvenes a la hora de comer, si se juntaban con los de experiencia o no, incluso hasta a qué horas se entrenaba. Lo mismo hizo con el cuerpo técnico y ayudantes.-Hay un montón de cosas que pueden impactar para que los jugadores salgan tranquilos a la cancha. Mi trabajo es entrenar la cabeza. Como el preparador físico entrena el cuerpo, el técnico la táctica, mi trabajo es entrenar la parte mental.Y el de River era un momento de mucho estrés, mucho miedo en algunos jugadores. Era el partido más importante en la historia, el día final para salir de ese infierno llamado descenso y lo que se encontró Bachrach  es lo que muchas veces la gente olvida, lo que muchos olvidamos: 30 jóvenes. Los jugadores son jóvenes de 20, 21 años, que deben soportar una presión extrema: de sus resultados depende el estado de ánimo de una ciudad, de una región, de un país, incluso. Cada domingo los futbolistas de equipos grandes salen a caminar por la cuerda floja.  Por eso, con los jugadores de River, Bachrach trabajó, sobre todo, la confianza. Sucedía que el periodismo y la gente trataban bastante mal a los jugadores. River había estado primero y segundo durante todo el año y sin embargo el equipo se sentía como si hubiera sido último. - La presión y el periodismo pueden influenciar mucho en cómo te sentís. Y aquello no cambiará jamás. El periodismo seguirá criticando, la gente seguirá enojada con sus equipos, sobre todo cuando son llamados grandes y descienden. Los seguirán puteando. Sucede en Buenos Aires, sucede en Cali, con América. ¿Qué hacer entonces? - Es difícil explicarlo a la distancia. Hay que estar ahí, escuchar al plantel, entender qué es lo que está pasando, y ahí hacer una especie de coctel de posibles soluciones. Pero lo más importante es esto: el equipo, jugadores, técnicos, dirigentes, no pueden esperar a que la gente de afuera cambie. La gente va a seguir criticando, va a seguir enojada por todo lo que ha pasado,  les seguirán poniendo presión. El trabajo no hay que hacerlo con el público ni con los periodistas, hay que hacerlo con los jugadores. Es decir: ¿cómo hacer para que toda esa presión influya lo menos posible a la hora de salir a jugar? Ese, básicamente, es mi trabajo. A Bachrach le gusta el deporte, el fútbol. Sospecha que el aspecto mental aún no está tratado de manera profesional. La neurociencia tiene mucho por aportar a los deportistas, dice, no como una competencia con otras disciplinas como la psicología, no, sino como un complemento. Bachrach también ha trabajado con tenistas profesionales. - ¿Volverías a un equipo de fútbol? - En Argentina el ambiente es muy difícil. Pero sí, me interesaría. Me interesan los equipos grandes, importantes. No quiero parecer arrogante, pero me interesan esos desafíos. Equipos como el América de Cali.

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