Paula Bonet en Oiga, Mire, Lea: “No todas las mujeres tenemos que ser madres”

Escuchar este artículo

Paula Bonet en Oiga, Mire, Lea: “No todas las mujeres tenemos que ser madres”

Agosto 31, 2019 - 12:05 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos, editor de Crónicas y Reportajes
paula bonet

Paula Bonet es licenciada en Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, España. Completó su formación en Santiago de Chile, Nueva York y Urbino.

Raúl Palacios / El País

En el pueblo donde nació la pintora y escritora Paula Bonet, sus habitantes han realizado hasta pegatinas para que el nombre de la localidad se escriba bien. El pueblo se llama Vila – Real, pero es común que se confunda con Villareal, el nombre del equipo de fútbol español al que también llaman el ‘submarino amarillo’.

Paula, en una hoja de cuaderno, vuelve a escribir el nombre de su pueblo, para que no queden dudas. Hasta Wikipedia se equivoca. A un lado escribe también: Pepe Biot.

***

Paula nació en 1980, y desde que era una niña, cuando dibujaba, cuando leía, sentía que encontraba respuestas. Pintar o leer era también una manera desvanecer el Yo. Paula dejaba de ser Paula para pasar a formar parte de algo más grande.

La pintura era tan importante, que sus padres lo supieron notar. La apuntaban en las academias de su pueblo. Los horarios en los que debía ir a pintar, Paula los recuerda como los momentos más emocionantes de su infancia.

Lea también: Los eventos imperdibles del festival Oiga, Mire, Lea

Sin embargo, como aún la sociedad pareciera no darle la importancia que merecen las artes, ella pensaba que pintar solo podía reducirse a un hobby, a una cosa que se hace además de hacer algo serio.
– Y pintar es muy serio; escribir es muy serio; pensar es muy serio, además de imprescindible.

Sin embargo, solo se dio cuenta que quería dedicarse a la pintura en el momento en que tuvo que marcar la carrera que tenía que cursar. Fue la primera vez en que fue honesta consigo misma, y no marcó lo que sus padres esperaban – derecho, querían que fuera fiscal – sino que eligió la carrera de Bellas Artes.

De la universidad, Paula salió corriendo al taller de pintura al que tanto había asistido: el taller de Pepe Biot. Fue él quien le enseñó que la pintura también es un oficio, que la pintura es tan imprescindible para el que pinta como para el que se atreve a acercarse y a darse tiempo de observarla y entenderla.

Pepe, cuando le vio la cara, supo lo que había elegido, y le dio un abrazo. Sus padres se lo tomaron bien, quizá por algo que Paula les dijo después: haría otra carrera al tiempo. Nunca lo hizo.

***

Cuando le piden que se defina, Paula recurre a una palabra que encierra muchas cosas: ‘autora’. Llamarse ‘artista’ a sí misma, explica, es complicado. ‘Artista’ es una palabra tan grande, con tantas connotaciones, que no se podría apropiar de ella. Paula hace su trabajo y ya que los demás decidan cómo llamarlo.

En su caso no es que escriba y después ilustre eso que escribe. Paula usa la palabra y la imagen al mismo tiempo para narrar. Si a un libro suyo se le quitara la imagen, no se entendería. Si se le quitara el texto, tampoco. Sus libros cuentan con las dos disciplinas – escritura, pintura– “abrazándose”.

Así surgió su primera obra literaria en 2014, ‘Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End’, su libro más vendido, y después todo lo demás: ‘813’ - un homenaje a la obra y a la figura del director de cine francés François Truffaut-, ‘La Sed’, una especie de poema en clave feminista, y su obra más reciente: ‘Roedores, cuerpo de embarazada sin embrión’, un diario en el que narra su experiencia de sufrir dos abortos espontáneos. A su hija, Paula le decía ‘Ratona’.

En los laboratorios, por lo general, se hacen ensayos y estudios con ratones machos, no hembras. Se conoce más sobre cómo funciona el cuerpo del hombre que el de la mujer.

***

Paula es feminista. Su obra es feminista. Todo empezó con su primer libro, cuyo título ella lo resume como ‘The End’. Cuando se vio expuesta públicamente tras el lanzamiento, se sintió agredida. En las mesas redondas de escritores no se le trataba de la misma manera que a los compañeros hombres. Se le decía que estaba guapa, o que no, que tenía las piernas largas, se le trataba con paternalismo.

En este sistema que habitamos, la carta de presentación es el género, y si eres mujer, lo siguiente es el físico, dice ella.

– Si somos altas porque somos altas, si somos guapas porque somos guapas, si somos feas porque somos feas, si somos viejas porque somos viejas, si somos gordas porque somos gordas. Siempre el adjetivo sobre el cuerpo de la mujer aparece.

Y Paula se sentía muy mal. ¿Me voy a tapar mucho, no voy a maquillarme?, se preguntaba. Quería, de alguna manera, destruir su propio cuerpo para que lo que se escuchara fuera su voz. Y no lo conseguía. Además le costó entender que no tenía que destruir su cuerpo, que tenía que poder ser Paula con el cuerpo que habita. Aquello fue un despertar.

Entendió que el machismo está en el léxico, y con el léxico es como configuramos nuestro pensamiento. Todo lo que se vincula con el poder tiene adjetivos masculinos, características masculinas, por ejemplo. El mundo está nombrado en masculino, y debe ser nombrado en masculino pero también en femenino.

Mientras trabajaba en ‘La sed’, otra de sus obras más conocidas, Paula descubrió incluso que todos sus referentes eran masculinos. Su formación emocional, intelectual, partía de la experiencia masculina y no tenía referentes femeninos. La mujer, concluyó después de sus lecturas, no era el sujeto: era un accesorio de la literatura. El personaje que aparece para que el hombre, el protagonista, se enamore. O para que lo cuide.

‘La sed’ es una búsqueda de esos referentes femeninos, y fue otro golpe duro porque Paula entendió que los referentes femeninos en realidad existían, pero el propio contexto las silenciaba. Muchas mujeres pintoras, escritoras, cineastas, escultoras, que en su momento hicieron una obra que fue respetada, que fue valorada por el público, por la prensa, por sus contemporáneos hombres, pero que después, en los libros de texto, de historia, estas mujeres desaparecieron.

– Esto es mala fe. Una intención de borrar esos sujetos femeninos.
Paula empezó a rescatar esos sujetos, y a nombrarlos, traerlos de vuelta. ‘Roedores’, su más reciente libro, también nace de esa necesidad de nombrar lo femenino.

Mientras escribía ‘La sed’, leyó a la poeta estadounidense Ann Sexton. Ann habla, nombra, temas de los que poco se habla, se nombra: la masturbación, la locura, parir un hijo y rechazarlo.

Paula pensaba: ¿puedes estar gestando 9 meses a un ser vivo y cuando lo conoces, rechazarlo? Le parecía atroz, pero era posible, y sucedía además, y ella no lo sabía porque no se habla de esas cosas, no se conocen.

Cuando Paula sufrió su primer aborto espontáneo, calló. Sentía que había sido culpa suya. Sentía que como había viajado tanto, tal vez por eso perdió a su hija. O había pintado demasiado quizá. Se sentía con una tara. Cuando la mujer es niña, en lugar de preguntarle si quiere ser madre, le preguntan cuántos hijos quiere. Se concluye que la feminidad y la maternidad es lo mismo, cuando son cosas distintas. Se concluye que se es mujer por el hecho de parir, y no es así. Pero Paula no tenía esa información, y se sentía frustrada.

Los abortos espontáneos además son tan habituales y tampoco se habla de eso. Se habla de la maternidad como algo rosa, algo feliz que no es tan así siempre, que tiene sus cosas duras.

Por eso Paula decidió escribir su experiencia con los dos abortos a manera de diario: para darles herramientas a otras mujeres que pasan por lo mismo. Para que entiendan que a veces los abortos ocurren por problemas que hay en el hombre, y no necesariamente en la mujer. Para entender que son situaciones que pasan y no hay que sentirse culpable. O que la maternidad es un deseo, no es un derecho, entonces no todo vale para ser padre o madre, porque si entramos en el todo vale, suceden las atrocidades de los vientres de alquiler: las que acaban pariendo los hijos de los ricos serán los pobres.
– Los cuerpos de las mujeres no son vasijas.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad