La 'Física del estado sólido', una selección de poemas de Hellman Pardo

Agosto 06, 2021 - 05:44 p. m. 2021-08-06 Por:
 Hellman Pardo, especial para Gaceta
Hellman Pardo

El poemario 'Física del estado sólido' de Hellman Pardo fue publicado por Sílaba Editores.

Foto: Especial para Gaceta

El poeta bogotano Hellman Pardo obtuvo el Premio Nacional de Libro de Poesía Ciudad de Bogotá 2020 por ‘Física del estado sólido’, una serie de poemas donde los misterios, precisiones y vértigos de la ciencia, así como los destinos extraordinarios de algunos científicos, filósofos y matemáticos; son expresados con inusitada belleza e inteligencia. Compartimos una selección del poemario publicado en 2021 por Sílaba Editores.

Cero absoluto

En el antiguo Egipto,
los números se representaban
con las formas nobles de la belleza:
el uno era el bastón de mando
del faraón vencido en tiempos de las plagas;
el diez, una herradura invertida
en conmemoración de los caballos caídos
en la época de Amenofis tercero;
el cien, la cuerda para colgar a los homicidas;
el mil era la flor de loto
donde pastaban envidia los eunucos;
el cienmil, la rana chillona
que croaba sin descanso por el Nilo;
un millón era simple:
un esclavo de rodillas.

Los egipcios nunca se preocuparon
por el número cero o su doble, el infinito.
El cero apareció cuando los cristianos
asesinaron a los islamistas en las cruzadas:
los presbíteros necesitaban contar
las cabezas rodadas en tierra de musulmanes.

Esas cabezas son la nada,
dijeron Silvestre Segundo y Gregorio Séptimo
y veinticuatro papas más.
Desde entonces,
el cero es la cabeza abatida
en la economía numérica de la nada
y si es la nada, quizá no existe,
o existe siendo la columna cóncava del pensamiento,
la negación, la ausencia de todo número,
la energía oscura de oscuros pontífices
en sus tronos regicidas.

En la Biblia, como en el Libro de los muertos,
el cero es todo aquello que puede ser
pero que todavía no es,
como un ojo inmovilizado en el frío de los fusiles.

A la derecha el cero pesa,
a la izquierda, es el vacío.
Pero existe un cero que es más vacío, más nulo, más nadie:
el cero absoluto,
la temperatura más baja que puede soportar cualquier sustancia,
donde las moléculas no vibran y la nada desciende,
como un número más que se fragmenta a sí mismo.

Inestable

El astato es el elemento químico número ochentaicinco
en la tabla periódica de Mendeléiev.
¿A quién le interesa el astato, el osmio, el argón?
El osmio es el metal más pesado de los bosques marcianos
que duerme en la hamaca de una lágrima;
el argón es un gas inerte e incoloro
que suele encender los anuncios de las discotecas;
del astato hay menos por decir:
que nunca ha sido observado porque se pulveriza
tan pronto el ojo humano interviene en su cuerpo de acertijo;
que alrededor del mundo solo existe una onza
y bien estaría íntegro en una simple cuchara;
que una vigésima parte de su milímetro
bastaría para inmolar millones de urticarias, sarcomas, nódulos;
que perdura en un tubo agitador
menos de ocho segundos y luego se evapora;
que es radioactivo e incinerable;
que es el ornitorrinco de todos los elementos
porque posiblemente sea un metal, un gas, un líquido
y viva en el caparazón de una ostra.
¿A qué temperatura hierve el astato, el osmio, el argón?
¿Acaso importa a qué temperatura hierve el astato,
el osmio, el argón?
Osmio = un metal de polvo
Argón = un gas sólido y luminoso
Astato = una aparición, un prefantasma

Teoría del cielo

Kant, quien nunca salió de Königsberg
porque sentía el aire de Prusia como un milagro,
publicó en milsetecientoscincuentaicinco
la Historia general de la naturaleza y teoría del cielo.

En milsetecientoscincuentaicinco solo existían
seis planetas y diez lunas en el sistema solar.
Kant, quien nunca salió de Königsberg
porque el mar Báltico nacía en el invernadero fluvial de su casa,
dijo que los cometas giraban al revés de las órbitas planetarias
y hacían devolver, como cronógrafos rebeldes, el tiempo.

Desde su balcón epistemológico,
Kant escribía sobre los habitantes de Venus
y la ley de la atracción en los cuerpos flotantes
como esos perturbados anillos de Saturno,
surgidos, al parecer, en un mazo de cartas del Zodiaco.

Kant, quien nunca salió de Königsberg
porque allí servían la única cerveza negra de Alemania,
soñó a la Tierra con su propio anillo en la época de Noé.

Hecho de agua y de una que otra piedrecilla celestial,
Kant se imaginó a Dios soplando como lobo hambriento
ese anillo transparente
para hacerlo caer sobre los embarcaderos del monte Ararat
y así formar el diluvio.

En la Historia general de la naturaleza,
Newton lloró por no descubrir todas las leyes
que rigen el espacio
y se sintió tan poco, el muchachito.

Kant nunca salió de Königsberg
pero veía, con su telescopio invisible,
cómo las estrellas pendulan en la esfera hueca del cielo.

Gravedad

Toda
manzana
es
una
palabra
caída
/
la
palabra
que
se
entrega
al
p e s o / a
la
a c e l e r a c i ó n
/
a la órbita del sueño

Pesos y Medidas

Para la Oficina Internacional de Pesos y Medidas
un metro es la trayectoria que recorre la luz en el vacío.
Para Birmania la unidad de metro no existe.

Sus habitantes miden todo con cuatro dedos juntos.

Para los gringos
un metro son treintainueve,treintaisiete pulgadas
en una escalera sin peldaños.

Para Carlos Oquendo de Amat
un metro son cinco veces la misma poesía.

Seis (6) meses de acceso ilimitado por $9.000. Suscríbete aquí
VER COMENTARIOS