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Correr la tierra, así es la primera novela de Catalina Navas

Marzo 10, 2020 - 12:30 p. m. 2020-03-10 Por:
Pablo Concha, especial para Gaceta
Catalina Navas

Catalina Navas (Bogotá, 1984) es maestra. Fue una de las ganadoras del primer concurso de cuentos de ciencia ficción convocado por Colciencias.

Foto: Especial para El País

Correr la tierra de Catalina Navas (Seix Barral, 2020) es una novela denominada de iniciación, en la que el personaje principal y narrador del libro, Paulina Uscátegui, en su cumpleaños número veintiuno se entera de que su nombre no entraña ningún significado especial, sino que al contrario, era una especie de clave que sus padres utilizaban durante su noviazgo para ocultarse de los demás. Paulina siente que ese nombre es una carga de la que debe deshacerse y decide buscar al padre que la abandonó para pedirle explicaciones, algo en lo que piensa como un bautizo tardío.

Catalina Navas, autora de Camino de hielo (Planeta lector, 2019), Las mujeres de la Independencia (Planeta Junior, 2019), una nueva versión de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde (Destino, 2019) y del cuento ‘La singularidad que alguna vez fuimos’, ganador del primer concurso de cuentos de ciencia ficción convocado por Colciencias e incluido en el libro Cuentos salvajes para nerds, nos presenta esta primera novela breve.

Esta es una charla que tuve con la escritora bogotana sobre su novela.

Al descubrir que su nombre no tiene significado, Paulina se frustra, se siente anulada. ¿Cómo surgió la idea de partir de este concepto para escribir una novela?

Los padres nos asignan un nombre y nos dan en esa palabra un designio para nuestra vida futura. El nombre es un deseo y un conjuro. Además, los nombres tienen la carga de los que los han llevado antes. Por ejemplo, en los años noventa algunas familias colombianas se cambiaron su apellido a Escobar para diferenciarse del linaje narco. En Correr la tierra, Paulina descubre que su nombre está mal puesto y lo siente como un insulto. ¿Por qué sus padres no tuvieron cuidado al nombrarla y le pusieron un nombre que era una carga? Es un drama personal para la protagonista pero tiene una historia larga en la literatura. Borges se pregunta si en las letras de la palabra rosa está la rosa. El tema del nombre siempre me ha intrigado: yo misma me quité el apellido paterno para escribir porque para encontrar voz tuve que repensar el lugar de mi padre en mi propia manera de entenderme.

Correr la tierra, aparte de ser el título de la novela, era una tradición ancestral de los muiscas que consistía en recorrer los caminos que llevan a las cinco lagunas que resguardan el espíritu del agua. ¿Cómo se enteró de esto? ¿Fue algo que inspiró la trama del libro, o solo vino a alimentar algo que ya existía y estaba en curso?

Mi tesis del pregrado fue sobre El Carnero, la crónica de Juan Rodríguez Freyle donde se describe la ceremonia. Cuando estaba investigando para la novela volví al libro de Freyle y encontré el fragmento anotado y subrayado. La ceremonia ya me había activado algo hacía años. La estudiante que fui había dejado el camino allanado para lo que necesitaría quince años después.

Libro Catalina Navas

Editorial Seix Barral (2020).

Foto: Especial para El País

La novela está narrada en primera persona por Paulina, intercalada con cartas que su padre escribía a su madre durante el noviazgo y hasta el momento de la separación. ¿Por qué optó por esta estructura narrativa?

Quería darle voz al padre que abandona e intentar entender su dolor y su desidia. Quise hacer el ejercicio de tomar la voz del victimario y de experimentar lo que podría pensar, hacer un ejercicio de actuar su imaginación. Ponernos en el lugar de la víctima, en este caso una niña, es lo que se espera: que la narración nos haga sentir empatía con la abandonada. Yo no quería solo eso. Yo no quería un personaje que provocara resentimiento sin matices. Ese es el origen de las cartas.

Las reflexiones de Paulina sobre su identidad incompleta a causa del nombre inadecuado generan en ella pensamientos como el considerar que si hubiera sido un niño, habría recibido el nombre del padre y no hubiera sido abandonada. Que su condición de mujer era también determinante en el hecho del abandono. ¿Podríamos considerar este su primer pensamiento realmente feminista, o su iniciación en esta corriente?

La iniciación al feminismo en Paulina ocurre a través de preguntas que ella se hace, no desde la afirmación. Paulina se pregunta por lo que hubiera pasado si ella hubiera sido un niño, se pregunta si está bien que le gusten los libros que tratan de temas que denigran a las mujeres, si es correcto que los profesores de su universidad les coqueteen a sus estudiantes. Es una joven que se pregunta si su experiencia vital sería otra si fuera hombre.

Vladimir Nabokov y Lolita tienen una influencia en esta novela –desde el epígrafe hasta una discusión sobre el libro en cierto punto–, aunque tal vez no la que los lectores puedan imaginar. ¿Qué puede contarnos sobre la influencia del autor ruso en su obra?

Pienso en Nabokov como mi maestro literario. Lo releo para todo: para reírme con su humor, para aprender de estructuras literarias que funcionan como máquinas que mueven sus piezas en perfecta sincronía, para saber cómo se construye un villano. Últimamente leo hasta sus descripciones de mariposas. Nadie ha descrito la metamorfosis de una mariposa como Nabokov lo hizo. Nabokov se inventó las mariposas cuando las describió. Respecto a Lolita, pensemos que Humbert era el padre de la niña, la había adoptado. Es una novela sobre la paternidad, como Malva de Hagar Peeters o La invención de la soledad de Auster.

Otro razonamiento al que llega el personaje principal es que la rabia es mejor que la tristeza del abandono, de nuevo alcanzando algo similar a una iluminación. ¿Qué tan adecuado es vivir alimentando esa rabia, no podría resultar destructivo para ella al final?

No creo. La rabia es un lugar de creatividad, de acción. La rabia invita al movimiento y al cambio. Si Paulina fuera un personaje más triste y no una joven brava no existiría esta historia.

Su libro juvenil Camino de hielo, el relato “La singularidad que alguna vez fuimos” y Correr la tierra abordan personajes que entran o buscan el contacto con la naturaleza en algún momento. ¿Por qué considera importante explorar la necesidad de este vínculo?

En la novela, la protagonista y su mejor amiga reivindican el derecho a recorrer los caminos rurales, a estar al aire libre y sentirse seguras. En los años setenta se creó en Estados Unidos un movimiento feminista que luchaba por recuperar la noche para las mujeres. Se llamaba Take back the night. Lo que Paulina y Verónica hacen es recuperar la naturaleza para ellas, recuperar el derecho de probarse al aire libre. Me parece que hay algo bello en reconocerse en la naturaleza, por eso mis tres protagonistas andan por ahí al descampado haciendo cosas inútiles.

¿Cuáles podría decir que son las autoras/es que más han influenciado su narrativa?

Tengo la suerte de siempre encontrar lecturas que alimentan preguntas que me hago cuando escribo. Ahora acabo de terminar Cárdeno adorno, una novela corta de Katharina Winkler que me ha enseñado cómo contar una experiencia radicalmente ajena a la propia y ha desmontado ese lugar común que se repite últimamente sobre cómo uno no puede hablar por otro. Creo que hay un orden superior que lleva los libros a su lector ideal y viceversa. Así ha sido siempre conmigo. Por otro lado, está el escritor Juan Álvarez, mi pareja. Es una fortuna vivir en una casa en la que se discuten lecturas y se editan los textos antes de que se publiquen. De un lado están mis libros queridos y del otro, el interlocutor con quien comparto la vida. Ambos son igualmente importantes en el ejercicio de la escritura.

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