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¿A quién se le ocurre ser árbitro de fútbol? (Opinión)

Junio 26, 2021 - 11:55 p. m. 2021-06-26 Por:
César Polanía - Editor de Afición / El País
Nestor Pitana

Los jugadores de Colombia reclamándole al árbitro Nestor Pitana por el gol validado a Brasil.

AFP.


Nunca un árbitro saldrá a hombros de un estadio, aunque haya dirigido perfectamente los 90 minutos. Nadie lo exaltará como la gran figura.

Jamás caerá un solo aplauso desde las gradas para él. No habrá narrador alguno que se emocione relatando una decisión suya. Su nombre tampoco ocupará las tapas de los diarios o las revistas deportivas con titulares positivos. Y, en el mundo, está claro que es el ser humano al que más veces le recuerdan a su señora madre. ¿A quién se le ocurre ser árbitro?

Por décadas, los niños cercanos al fútbol han soñado ser Di Stéfano, Cruyff, Pelé, Platini, Maradona, Batistuta, Buffon, Messi, Ronaldo, James o Falcao. Pero nadie escuchó nunca a un niño vestido totalmente de negro en un potrero diciendo “quiero ser como” el ‘Chato’ Velásquez, Jesús Díaz, Romualdo Arppi Filho, Horacio Helizondo, Pierluigi Colina, Javier Castrilli, Mateu Lahoz ni mucho menos Néstor Pitana.

Si la pelota enamora por la manera como dribla rivales o se mete al arco impulsada por los verdaderos artistas de la cancha, como lo hiciera el miércoles en el estadio Nilton Satos de Rio de Janeiro el colombiano Luis Díaz con una hermosa chalaca sacada del sombrero, ¿porqué querría alguien ser árbitro? ¿Qué es lo bello de ese oficio? ¿De quién se roba la admiración? ¿Quién lo idolatra o lo respeta? Muchos los golpean. Y en Colombia a uno de ellos mataron. Ortega, se llamaba.

Y cuando alguna vez su nombre se vuelve famoso y suena por todas partes, en las casas, los cafés, la oficina, la calle, el barrio, nada bueno hay detrás. Siempre son villanos, nunca héroes.

Se imaginan con qué ganas querían fusilar los alemanes al árbitro suizo Gottfried Dienst que validó el gol fantasma de Geoff Hurst con que los ingleses alzaron su única Copa Mundial en 1966...

Aunque pudieron cobrar venganza 44 años después, en Sudáfrica 2010, cuando el pito uruguayo Jorge Larrionda ignoró uno de los mejores goles que el inglés Frank Lampard haya marcado en su vida, venciendo la puerta alemana.

Qué maldición la de los ingleses, porque años atrás de ese cañonazo de Lampard, en México 86, un tal Maradona había sido más hábil con las manos que el propio arquero Shilton, al ganarle un balón en juego aéreo e inmortalizar la ‘mano de Dios’ que no vio el árbitro tunecino Ali Bennaceur. Claro que aquello fue una insignificancia tras el gol que el argentino trazó como un poema con su pierna izquierda momentos después, dejando abatidos siete rivales, cual campo de guerra en las Malvinas.

Hoy, el árbitro más odiado por los colombianos es Pitana. Hemos visto mil veces la jugada del gol que convalidó en la Copa América y aún no nos ponemos de acuerdo si fue legal o no. Yo me inclino más por el vacío que deja la regla y que, de alguna manera, victimiza al pito argentino.

Tan ingrata es la vida con los hombres de negro, que ni con la ayuda de la tecnología salen bien librados. El VAR suele hundirlos. Porque sí y porque no. Porque se equivocaron en la cancha o en el monitor. Con cara pierden y con sello también. Y entonces, el mundo entero se olvida que ellos, los árbitros, son seres humanos que en cuestión de un segundo deben decidir la felicidad o la tragedia de un pueblo enfermo por una pelota. ¿Sí supieron? La modelo Romina Ortega, esposa de Pitana, ha denunciado amenazas telefónicas contra sus vidas. Y yo me pregunto de nuevo: ¿a quién se le ocurre ser árbitro?

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