Vivir en medio de la guerra en Siria, la narración de un misionero latino en Alepo

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Vivir en medio de la guerra en Siria, la narración de un misionero latino en Alepo

Mayo 20, 2018 - 11:45 p.m. Por:
Leidy Tatiana Oliveros, reportera de El País
Siria Bombardeos

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el pasado mes de abril fue el que menos muertes registró en el conflicto de Siria con 1370 personas fallecidas, entre ellas 395 civiles.

Agencia EFE

Un temblor de casi 3 grados fue lo que sintió recientemente el Padre Hugo Alaniz en Al Midan, un distrito donde hace misión en Alepo, Siria. Este movimiento no fue precisamente un sismo, sino que se dio a causa del impacto de uno de los tantos misiles que caen constantemente en Alepo.

Alaniz es un misionero argentino que pertenece a la comunidad Verbo Encarnado y que llegó a finales del año pasado a trabajar en el distrito Al Midan, ubicada al este de la ciudad, una zona popular donde hay conglomeraciones de edificios humildes de hasta 8 pisos, con apartamentos muy pequeños para numerosas familias, a los cuales se accede en la oscuridad de estrechas escaleras, calles angostas y llenas de escombros, pues son algunos de los signos que ha dejado la guerra desde hace 11 años en el país.

“Desde que estoy aquí he sentido varios bombardeos, es muy común. Alrededor nuestro hay ciudades que están tomadas por grupos extremistas donde el Gobierno todavía no ha podido llegar. Muy cerca siempre se están escuchando bombardeos, recientemente se presentó uno, se sintió una especie de temblor de casi 3 grados a causa de estos misiles que hacen vibrar fuerte el terreno. Aunque en Alepo adentro no hay conflictos, cada tanto caen misiles en la ciudad porque el objetivo de estos grupos es crear caos y pánico en la gente”, narra el sacerdote quien asegura que su único objetivo en estas tierras es salvar almas.

“Nuestra misión, como cualquier sacerdote, es trabajar por la salvación de las almas, tratamos de estar al lado de la iglesia que sufre, de tantos cristianos y de otros que no lo son, pero que están sufriendo por injusticia, los ayudamos en lo material en lo que podemos, los vamos a visitar, oramos con ellos”, añade el padre Alaniz.

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"La ambición, el orgullo, el querer tener el control de todo, la falta de consideración por la vida y el querer ser como Dios, son algunas de las razones por las que Siria y otros países han estado en guerra",
María Laudmisionera en Alepois Gloriae,
misionera en Alepo.

Pero esta misión no la cumple solo, junto a él, hay tres hermanas de su misma comunidad, luchando por lograr el mismo objetivo. Una ella es una brasileña de 40 años, no mide más de 1.50 metros, es de tez blanca, cara redonda, utiliza anteojos y tiene una gran fuerza que le viene del corazón, una gracia especial de guerrera que Dios le ha regalado, su nombre es María Laudis Gloriae.

Esta mujer que llegó hace dos años a Alepo, cada día se alista con su hábito de religiosa: una túnica gris y azul rey, y unas zapatillas. Así también prepara su alma para escuchar, afrontar y ayudar a las personas que le cuentan a ella y dos hermanas misioneras más, las historias de vida de jóvenes y adultos mayores que han sido marcados por el dolor de una guerra.

También escuchan las historias de personas que se han quedado sin familia porque los misiles acabaron con sus vidas, otras que están siendo amenazadas por sus creencias y otros tantos que siguen allí solos, ya que sus seres queridos han emigrado a países diferentes en busca de una mejor calidad de vida. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) más de cinco millones de personas han tenido que huir del país, y 3 de cada 4 sirios han sidos afectados por la guerra.

“Con estas personas tratamos de estar siempre cerca y ayudarlos. Cuando no hemos podido ir a visitarlos por los bombardeos, tratamos de al menos llamarlos”, anota la consagrada.

La misión no es fácil, pero es una aventura que la enamora cada día. “No me arrepiento de haberme ofrecido para hacer misión en una de las ciudades más peligrosas del mundo: Alepo. Vivir aquí para mí realmente es un gusto muy grande; poder estar sirviendo a la iglesia en lugares en guerra, estar cerca de los cristianos en situaciones tan difíciles, es una alegría. Yo lo considero una gracia muy especial poder estar acá, a pesar de todos los peligros tengo la confianza de que con tantas oraciones Dios nos cubre y protege siempre”, dice con certeza Laudis.

Por esto mismo, el padre Alaniz solo pide a todas las personas: “oren a Dios para que todo esto termine. Vivir en la guerra es muy difícil”.

María Laudis Gloriae

La hermana brasileña María Laudis Gloriae (izquierda), llegó a Alepo en el 2016, y para ella estar misionando en Siria es todo un gusto.

Especial para El País

Un aliento de esperanza

Aunque en Alepo muchas zonas aún estén en conflicto y a diario caigan cientos de misiles, hay otras en las que sí se puede respirar un poco de paz.

Desde hace año y medio, George Naim Dahak Ward puede salir de su casa y recorrer las calles de Alepo, Siria, especialmente la de su distrito Jabreia, con sus tres hijos y su esposa sin sentir miedo.

El miedo a no regresar vivo por culpa de las bombas terroristas que lanzaban grupos de rebeldes y el Ejército de Islam, una organización yihadista apoyada por Arabia Saudí, que tenía asediados los barrios de Alepo desde el 2012.

Durante cuatro años, George y toda su familia vivieron su día a día con una gran desconfianza porque cuando salían siempre tenían temor de no poder volver a casa vivos, y aún estando en ella, sentían pánico, pues una bomba en cualquier momento del día podía caer en la vivienda y acabar con la vida de todos, así como acabó con la de 25.000 personas desde el 2011 cuando inició la guerra en Siria.

George cuenta que no podían salir de casa en las noches, “una bomba podía explotar en cualquier momento. Nos daba miedo caminar en las calles. Mandábamos a los hijos a estudiar pero no sabíamos si regresarían. Teníamos que estar atentos porque si se estallaba una bomba cerca rompía los vidrios de la casa”.

Pero desde finales del 2016, estos son solo recuerdos. El 22 de diciembre de ese año, el régimen de Al Asad retomó el control total de la segunda ciudad de Siria, y por fin llegó la calma a algunos barrios de Alepo.

Desde entonces la ciudad ha sido retomada por las fuerzas gubernamentales y a pesar de que la zona donde viven tiene aún signos de guerra, ya que se perciben casas destrozadas sin puertas ni ventanas, por los cientos de misiles que explotaron, George dice con alegría que “ahora vivir en Alepo es mucho mejor que hace un tiempo, la gente ya es feliz, sonríe, sus rostros son diferentes”.

Esta frase la repite constantemente y es que al parecer su alma se alegra al saber que sus hijos ya pueden salir a divertirse con los amigos, jugar básquet en las canchas que hay en la iglesia, y que juntos, como familia, pueden disfrutar de una tarde en una hacienda, donde hay piscina y canchas de fútbol.

En Irak, pese a las bombas, se debe continuar

De otro lado, en Irak, cuando los niños se van a las escuelas se despiden de sus familiares como si fuera la última vez que los verán, y cómo no, si realmente no tienen la certeza de que regresarán a casa vivos; cuando se sale a comprar un pan, es la misma historia.

Sin embargo, ya la gente se ha acostumbrado, después de 15 años entendieron que las bombas y misiles que a diario caen en las calles ponen en riesgo su vida y la de sus seres queridos, pero igual se debe continuar.

“En la primera semana que uno llega a Irak va por la calle y ve un carro parqueado y piensa en una bomba, después de una semana ya no se piensa más en eso y al final uno escucha la explosión, se da vuelta, mira un poco y debe seguir, pues hay atentados todo el tiempo”, cuenta el Padre Luis Montes, quien ya lleva cinco años como misionero en esta zona de guerra.

El sacerdote Montes no dice lo anterior de forma despectiva sino que afirma que es muy difícil ayudar cuando hay una explosión. Recuerda que muy cerca de donde vivió el primer año hubo un estallido fuerte.

“Entró una ola de aire caliente por la ventana donde yo estaba, trate de ir ayudar, pero no me dejaron porque una táctica terrorista es poner una bomba grande en un auto, hacerlo explotar y cuando la gente se acerca a ayudar hay una bomba más pequeña en un tarro o bolsa de basura, y esa bomba suele matar más personas que la primera; entonces como no me dejaron pasar, subí a la terraza a ver, y al frente había una escuela, los niños estaban en el patio, escucharon la explosión miraron un poco y aunque todavía subía mucho humo, y se escuchaba gente gritando y sirenas, los niños a los 10 minutos estaban de nuevo jugando porque se acostumbran”, comenta.

Así como este atentado, asegura Montes que todos los días hay decenas, “en Bagdad solamente hay cerca de 120 atentados en el mes, es desastroso, es una ola de violencia de venganza, ya que en el Islam no existe el perdón. Los motivos de esta guerra son razones políticas y económicas porque algunos quieren dominar los recursos de las zonas. El apoyo de Arabia Saudita a los grupos terroristas, incluyendo el Estado Islámico, es muy claro”, concluye.

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