Salsa vs. violencia

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Salsa vs. violencia

Octubre 11, 2018 - 11:35 p.m. Por: Beatriz López

En la retina quedaron las audaces acrobacias de los bailarines que participaron en el XIII Festival Mundial de Salsa, el cual batió récord de asistencia con cerca de 30 mil personas que aplaudieron a rabiar a hombres, mujeres y niños -3281 en total- de Colombia, Italia, Brasil, Ecuador, Costa Rica y Argentina.

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No voy a referirme a la salsa como expresión cultural, es un tema que dejo a expertos como Alejandro Ulloa, Ossiel Villada, Luis Guillermo Restrepo y Medardo Arias. Lo que quiero resaltar son dos cosas: 1) cómo el arraigo de la salsa en zonas vulnerables de la ciudad, desactivó la bomba social de las migraciones asentadas en Cali durante las últimas décadas, y 2) el gran aporte de las mujeres que desde la cultura han liderado la formación, apoyo y difusión de tantos jóvenes en el baile y la música, cuya única opción era el desempleo, la delincuencia, la droga o el pandillaje.

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Recuerdo una frase del alcalde Armitage hace unos meses en el Club Colombia, cuando dijo “No enseñemos más salsa a los jóvenes, mejor démosles estudio”. Y, en el fondo, le dí la razón. Pienso que Cali pasó de ser la ‘Capital del Deporte’ a convertirse en la ‘Capital de la Salsa’, todo por el son cubano y la salsomanía que importamos desde Nueva York y Puerto Rico durante las temporadas decembrinas en los años 60. Ahí nació ‘Qué viva la música’ de Andrés Caicedo.

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He sido testigo de la labor de Gloria Castro y de Amparo Sinisterra, quienes sembraron la semilla de lo que hoy es esa fuerza arrolladora que convirtió a Cali en referente mundial de la salsa. Después surgió Delirio, bajo la dirección de Andrea Buenaventura, Liliana Ocampo, Ángela Gallo, Eleonora Barberena, con sus coreógrafas y vestuaristas, que le dieron estatus y profesionalismo a un ritmo que adquirió allí proyecciones internacionales.

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Cuando vi las imágenes por Telepacífico de las parejas que competían en la categoría de línea: mujeres de cuerpos armoniosos, en el más peligroso ritual acrobático, donde su vida pendía de la fuerza y reflejos del compañero de baile, pensé en Luz Adriana Betancourt, secretaria de Cultura, que se la jugó toda para catapultar un festival con más de 60 horas continuas de baile por espacio de cuatro días.

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Los ganadores: Brandon Pérez, Jerson Rivas y Emilse Montero, Esteban Ramírez y Dahiana Alzate, Juan Carlos Sánchez y Yuliana Barreto, demostraron con su ritmo, sabor y energía que la salsa caleña logró lo que no ha hecho el Estado, derrotar la exclusión el racismo y la pobreza. Muchos de ellos han traspasado fronteras actuando en escenarios internacionales, como Maritza Melo, la gitana de Delirio que hoy hace parte de ‘Avatar’ del Circo del Sol.

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