Réquiem por una utopía

Gracias por hacer parte de El País.

Queremos que sigas disfrutando de los mejores contenidos.

¿Aún no tienes suscripción digital con El País?

Suscríbete aquí

¿Ya eres un suscriptor digital de El País?

INICIA SESIÓN

Réquiem por una utopía

Septiembre 06, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

Uno de los descubrimientos literarios que más he disfrutado en los últimos años, es el cubano Leonardo Padura. Su capacidad de combinar la historia con la ficción, con la precisión de un lenguaje que como cual cincel transmite información y emociones sin jamás caer en un cliché, una categoría, un adjetivo mal puesto. Y es más, se le mide y logra abordar la realidad política de Cuba de una manera tan crítica pero tan sutil y elegante que la nomenclatura cubana lo ha tenido que soportar a pesar de las dramáticas situaciones que describe con el inconfundible aroma del fracaso.

La fuerza de la palabra de Padura y su universalidad no la pudo derrotar la burocracia del régimen y solo ha podido intentar ignorarla. Se trata de alguien que no necesita arrodillarse ante el poder, se trata de un hombre nacido en la humildad de su barrio Mantilla, de donde nunca ha salido y a donde siempre regresa para encontrarse con sus amigos de una vida, los de la cuadra y el béisbol, los de las lecturas iniciales, los del hambre padecido durante el periodo especial de los años 90, que con sus historias le alimentan el alma; después de observar regresa a su Habana de siempre.

Fui testigo del silencio con el que el régimen castiga a Padura, en alguno de mis viajes periodísticos para cubrir la negociaciones de paz entre el gobierno Santos y la guerrilla de las Farc. Coincidí con su regreso con el Premio Príncipe de Asturias, el más importante reconocimiento al uso de la lengua española fue prácticamente ignorado en Cuba, apenas mencionado en Granma, el único periódico que circula en la isla.

Para exorcisar el olvido oficial invitó una tarde de sábado a sus amigos del barrio para leer como en familia, en el patio del Museo Napoleónico, el discurso que había pronunciado vestido de guayabera y pelota de béisbol en mano, una semana antes en España.

Su última novela, La transparencia del tiempo, que se presenta como el cierre magistral de la saga policiaca que durante veinte años construyó alrededor de Conde, un agente insólito que escudriña la citianidad de La Habana en sus diferentes estratos sociales, una cotidianidad atravesada de pobreza, sensualidad y humor. Un personaje que le permite develar las miserias humanas escondidas en bolsones urbanos donde impera la urgencia de la supervivencia marcada por el rebusque y la ilegalidad; presentes también la corrupción y los privilegios de los funcionarios gubernamentales.

Con esta serie, Padura reafirma la vigencia de un género que se niega a desaparecer, haciéndole eco a los grandes de la novela policiaca, Chandler, Hammet, Le Carré y su amigo Vázquez Montalbán.

Padura no solo a través de este género sino de otras obras, como El hombre que amaba a los perros, insiste en leer la realidad cubana como la historia de una decepción.

Con su potencia narrativa indaga el alma humana para desnudarla en sus pequeñeces, en la infamia que el fanatismo y la ambición pueden exacerbar. Reflexiona sobre la gran utopía del Siglo XX, la socialista, a manera de réquiem a la lucha por construir una sociedad igualitaria y justa que desembocó en un mundo dictatorial que traicionó los principios, valores y sueños de millones de personas.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

VER COMENTARIOS
Columnistas