Que se respete la democracia

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Que se respete la democracia

Junio 21, 2018 - 06:58 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Hay que felicitar a Álvaro Uribe, no tanto por el resultado de la elección del domingo, sino por la perfecta cirugía plástica que algún aventajado discípulo de Ivo Pitanguy le hizo en rostro y cuerpo, pues de figura valetudinaria y dura expresión facial, con ese permanente rictus de furia en los labios que jamás esbozan una sonrisa, lo convirtió en un mozo de poco más de 40 años, con cara amable y expresión seductora, que atrajo los corazones de muchos colombianos.

El 7 de agosto, ese renovado personaje asumirá el poder y Colombia sabrá si un gobierno de derecha es la solución para los problemas inmensos que afronta -de magnitud cordillerana, como decía el profesor Luis López de Mesa- con su programa destinado a proteger a los compatriotas que ya todo lo tienen resuelto, o si de verdad habrá algún vestigio de esperanza para los humillados y ofendidos, que son legión.

Es deseable -hay que creer en milagros- que el doble de Uribe tenga el arrojo de mostrar independencia frente a quien todo se lo debe: la senaturía y la Presidencia de la República. No lo veo factible. El terror que le produce el ejemplo de lo que vivió Juan Manuel Santos -un martirio que por fortuna para éste concluye en mes y medio- no le permitirá el grito de independencia que lanzó el saliente presidente al asumir el cargo. Ni el más osado de los valientes tendría ese atrevimiento. El haberse desacordado con Uribe lo pagó Santos a precio muy alto. Sale envejecido y con tristeza por la incomprensión de los colombianos que no fueron capaces de reconocer el mejor país que nos deja.

No la tiene fácil el señor Uribe en su nueva estampa de Iván Duque. Hay en la calle, y en las montañas, y en los valles de nuestra geografía 8 millones (8.034.089, para ser exactos) de hombres y mujeres que no creyeron todas las mentiras y las infamias que se vertieron sobre Gustavo Petro quien, con curul en el Senado, será no solamente el líder de la oposición, sino también el dirigente de esos millones de votantes que lo acompañarán en la campaña que iniciará ahora, con vista a las elecciones de alcaldes y gobernadores en octubre de 2019, en las que habrá candidatos liberales auténticos.

El mejor escenario para Petro, en este momento en que la inconformidad se manifestó tan contundentemente en la elección presidencial, está en el Capitolio Nacional. En ese recinto tendrán que verse con él, cara a cara, el senador Uribe y sus conmilitones, y los ministros de Duque enfrentarán un veedor implacable. Los corruptos tendrán un fiscal político insobornable, como lo tuvieron los que se alzaron con la plata de Bogotá en el carrusel de la contratación.

Yo no soy petrista, ni castrochavista, ni socialista, ni siquiera alcanzo el título de “burgués gentilhombre” que le dio Molière a su personaje inmortal. Soy un liberal raso que defiende con ardor sus ideas. No me arrepiento de haber tomado partido en las últimas semanas con el grupo ‘Vallecaucanos liberales con Petro’. Contribuí en lo que pude y creo que se logró resultado satisfactorio. El que llegará al comando del país sabe que está siendo vigilado por enorme número de colombianos que no comulgan con sus ideas, y que estaremos atentos para que las normas de la Constitución Nacional se cumplan al pie de la letra, sin abuso del poder, sin ‘chuzadas’ a los contradictores, para que alcancemos una nación más grata para todos, en la que se respete la democracia.

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