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¡Qué miedo!

Septiembre 09, 2018 - 01:15 p.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Lo que uno no se imagina está pasando. Al presidente Donald Trump le pueden estar dando un golpe de Estado sin que ello signifique que se tenga que ir de la Casa Blanca.

El caso es que Trump ha tenido aciertos en materia económica que han elevado el empleo y las utilidades a proporciones pocas veces vistas. Eso es lo que le importa a la supremacía blanca, a los latinos americanizados, a las bolsas y a todo aquél que vive alrededor del billete.

Pero al otro lado está el daño que causa en las relaciones de Estados Unidos con sus aliados, que saben quién es el verdadero enemigo. O a sus vecinos, a quienes mira en forma despectiva y ofende, como si con ello saciara el odio de la supremacía blanca que lo defiende a rabiar.

Y nadie sabe aún cuales serán los resultados de la guerra comercial que desató para gusto de la galeria de la derecha más recalcitrante que aún cree en el aislacionismo y la confrontación como la fórmula para ser más rico y más poderoso. Pocos oídos hay ya para escuchar a quienes alertan sobre la carestía y los graves problemas que generará la pelea con China, Europa, Canadá y México, sin contar con la alergia que le causamos los latinoamericanos.

Quienes hablaron con Bob Woodward destaparon el desprecio que muchos de sus funcionarios sienten por Trump, y su compromiso de poner por encima los intereses de su país antes que cumplir sus órdenes absurdas y letales. Y los que están representados por el columnista anónimo del New York Times bajo el título ‘Soy parte de la resistencia dentro del gobierno de Trump’ revelan el compromiso de ignorar las órdenes del presidente y algunas de las maniobras que aplican para evitar los desastres que pueden ocasionar.

Ante tantas barbaridades que comete a diario Trump, la oposición encabezada por los grandes medios de comunicación ya no sabe qué hacer para salir de quien sin duda le ha hecho un gran daño a su país. Su conducta errática, sus chillidos de ira diaria, su xenofobia y sus locuras propias de quien cree que la presidencia es como un bien que se gana y puede hacer con él lo que se le antoje, desencadenan la deslealtad de sus colaboradores.

“Amoral, impulsivo, inestable, antidemocrático, impetuoso, infantil, inefectivo”, son algunos de los calificativos que aparecen en el libro de Woodward, estractos de entrevistas con muchos funcionarios de primer nivel del gobierno o en la columna del anónimo. Con razón, el libro se llama ‘Miedo, Trump en la Casa Blanca’, y la columna es la descripción de la resistencia a la locura en que se ha convertido la dirección de la nación más poderosa.

Esa actitud de ignorar las órdenes del presidente, de ocultarle papeles y dejarlo solo es producto de la desesperación porque una moción de censura o declararlo loco según la Constitución parecen imposibles, mientras sigue vociferando por Twitter o en sus discursos a los ‘red necks’ y calificando de retardado mental a su secretario de Justicia Jeff Sessions. Y la posibilidad del juicio por los nexos de su campaña, de su familia y de sus negocios con Rusia durará eternidades.

Si eso no es un golpe, está muy cerquita.

PD: Ese señor es el que va a venir a Colombia, a ponernos un revólver en la cabeza para que fumiguemos las doscientas cincuenta mil hectáreas de cultivos ilícitos y a exigirnos acción contra la tiranía de Venezuela, dando papaya para que nos acusen de conspiradores. ¡Qué miedo!

Sigue en Twitter @LuguireG

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