Plagio y torpeza

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Plagio y torpeza

Septiembre 14, 2018 - 11:40 p.m. Por: Muni Jensen

Pedro Sánchez cumple 100 días en el poder. El presidente del gobierno con la mayoría más precaria en la historia reciente de España no ha tenido ni un día de luna de miel. Tras emprender una estrategia exitosa para remplazar a su rival Mariano Rajoy, no ha tenido más que tropiezos, renuncias de su equipo, reveses en política económica y exterior, y polémica por los planes de exhumación de los restos del dictador Franco. Pero quizás el más sonoro de sus líos, y el que amenaza su permanencia, tiene que ver con las acusaciones de haber plagiado su tesis doctoral, que recibió con el sello ‘cum laude’ en 2012.

La ola de falsos títulos de posgrado y sospechas de plagio entre los políticos españoles no es nueva. En los últimos meses se ha levantado ampolla por esta práctica entre políticos de todos los partidos. El principal opositor del gobierno, el joven líder del PP, Pablo Casado, duró meses dando explicaciones insuficientes sobre sus maestrías en España y el extranjero, la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes está acusada de falsificar sus notas, la recién nombrada ministra de Sanidad acaba de renunciar tras pruebas de cambio de notas y plagio, y una decena más de políticos han tenido que dar explicaciones.

El fenómeno no es exclusivo de España. Hace unos años en Alemania se revocaron los doctorados de la ministra de Educación y el de Defensa. El propio Joe Biden, vicepresidente de Obama, fue acusado de plagio en la universidad de Syracuse en 1987. En Canadá se destapó en 2017 un escándalo de venta de cientos de diplomas en el que cayeron nombres muy conocidos. En el sector privado, el presidente de Yahoo tambien falsificó su título. En Colombia varios reconocidos políticos confunden un ‘doctorado’ con un ‘diplomado’, y un buen número de candidatos a cargos importantes se inventan los grados que han obtenido.

De estos episodios surgen varios motivos para la indignación. El primero, lógicamente, tiene que ver con la impunidad a los que pagan o convencen a las universidades de otorgar los diplomas sin haber estudiado, o logran que les firmen un título con una tesis plagiada. Es fácil enojarse en nombre de todos los que estudian e intentan aprender, superarse y triunfar a base de trasnochos, esfuerzo y sincero empeño. Y da rabia con las universidades, que supuestamente tienen reglas y estándares y una reputación para mantener, que se venden al poder y se dejan influenciar por promesas de favores, o simplemente se olvidan del rigor. También enfurecen con las vacilaciones, la injusticia y las excusas estúpidas ante los micrófonos.

Estos escándalos se convierten también en motivo de reflexión, y de cuestionamiento a la importancia de los máster como pasaporte a un buen empleo, y del valor real de esas larguísimas tesis doctorales que muchas veces nadie lee y pocas veces cambian el mundo. En un mundo de inmediatismo y algoritmos se resta valor al trabajo profundo y a la investigación seria. Los sistemas de educación a veces parecen quedarse estáticos en sus métodos mientras el mundo vuela por delante. La reflexión es sana, pero no excusa la trampa.

Algo ha cambiado para bien. Pedro Sánchez tambalea, no tanto por su gestion, sino por haber mentido sobre su tésis doctoral. El debate de hoy es si su disertación está plagiada (dicen los expertos que sí, pero ‘solo’ en un 13 %, y que ese número es académicamente aceptable) o si simplemente es muy floja. Otros señalan a Casado, su principal opositor, acusado de similares pecados, con el argumento de ‘más vos’.

Se ha generado una pelea entre los medios, un clamor por nuevas elecciones, una excusa para pedir un cambio de gobierno, críticas al sistema educativo y una indignación general. Lo bueno es que el debate está abierto, y hoy nadie puede hablar muy fuerte porque hay sospechosos de todos los colores políticos. Y sin duda, hay unos cuantos que por las noches pasan horas borrando de sus currículum algunas mentiras nada piadosas.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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