¿Nos tomamos un tinto?

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¿Nos tomamos un tinto?

Junio 07, 2018 - 11:40 p.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Tengo rabia porque mi café de la mañana se amargó. Según parece, ese tintico mío se da gracias a unos recolectores de café que están llevados por el vicio del basuco. Me es difícil aceptar que los dueños de fincas no puedan tener control sobre eso. Además, no puedo creer que en este mundo tan pendiente de la sostenibilidad, los consumidores estemos dispuestos a seguir comprándole a quienes no garanticen que los trabajadores (así sean al destajo) vivan en condiciones dignas.

El domingo pasado María Elvira Arango en el programa Los Informantes, mostró cómo en algunas fincas cafeteras en el Quindío los recolectores han caído en el inframundo del consumo de basuco. Se consumen lo producido en el día, piden anticipos (y los dueños de finca lo facilitan), no comen, viven como zombies y así trabajan día tras día. En ese estado recogen los granos de café con los que ustedes y yo nos preparamos nuestro muy valorado café.

Evidentemente en la región hubo reacciones y Faber Buitrago, un líder cafetero de Circasia declaró a la Crónica del Quindío que la situación se presenta es en las grandes fincas y que “estas representan solo el 20% de la caficultura, por lo que generalizar desdibuja la realidad”. Por su parte, uno de los grandes productores del departamento dijo que es un problema “social que se le sale a uno de las manos, esto no se da solo en el Quindío, se da en toda la zona cafetera del país, o donde se mueva mucha gente como en los cañeros o la construcción”.

En el mismo informe se afirma que “más del 70% de las fincas son certificadas, lo que hace que se mejore el nivel y la calidad de vida de los trabajadores”. Ante esta afirmación decidí darme una pasada por Carulla para ver efectivamente qué cafés tienen certificaciones internacionales como Rainforest Alliance, UTZ, Fair Trade, 4C o Euregap las cuales garantizan al consumidor que se respetan los derechos de los trabajadores y que se vela por su salud, seguridad y bienestar.

¡Oh sorpresa! De 14 marcas que se encuentran en ese supermercado, solo una, TIMA, tiene certificación de Fair Trade en su empaque. TIMA es de la Sierra Nevada de Santa Marta. Como no lo podía creer, me fui a las páginas web de cada una de las 13 marcas restantes. Únicamente Café Quindío afirma tener Rainforest Alliance y UTZ, y considero un error craso de mercadeo no tener esas certificaciones en el empaque.

Eso sí, algunas marcas tienen ISO de distinta índole (no la 26000 que es de responsabilidad social), OKO, Bird Friendly, USDA organic, las cuales son certificaciones relacionadas con el medio ambiente, no con los seres humanos.

De manera que uno podría deducir que en el mundo cafetero es poca la preocupación por quienes recogen los granos. Buscan atribuir la problemática solo a las grandes fincas, pero claramente el mundo cafetero es uno y la responsabilidad es de todos. ¿Dónde está la Federación en todo esto? ¿Por qué todas las marcas -grandes, medianas y pequeñas- no están promoviendo el bienestar del trabajador cafetero y comprobando al mundo que sí les importa?

De pronto es hora que quienes consumimos café sí empecemos a exigir que se trabaje por los recolectores y la única manera de presionar es que comencemos a comprar y a consumir marcas certificadas.

Así que la próxima vez que los inviten a un tinto, pregúntense por las manos que pusieron ese café a su alcance. Si sienten la tranquilidad de saber que son manos protegidas, cuidadas y dignificadas, ¡que no sea uno, sino muchos tintos más!

Sigue en Twitter @CarlinaToledoP

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