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INICIA SESIÓN

Muy diferente

Mayo 18, 2018 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Realmente, este proceso electoral se parece muy poco a los que conocemos. Se inició con múltiples candidaturas. Se decía que más de cincuenta. Fueron cuarenta y nueve. Y ya el once de marzo, después de la consulta interpartidista, tan solo dos se perfilaban como viables. Y no se vio ninguna estrategia significativa para cambiar esta situación. Pues sí, hubo adhesiones completas o a medias de diferentes fuerzas a distintos candidatos… pero ello no se reflejaba en las encuestas. No identifiqué ninguna propuesta programática que hubiera podido cambiar el juego. Y algunas candidaturas se desplomaron después del once.

Los partidos tradicionales no tuvieron el desempeño que era de esperarse. Un candidato totalmente nuevo apoyado por un partido que apenas si tiene seis años de existencia y una coalición pasó a liderar las encuestas a partir de la consulta, en forma sostenida. Como lo definió un analista americano, se trata de una carrera política meteórica. Sin antecedentes entre nosotros.

Con razón la revista española Cambio 16 al publicar la fotografía de Duque en la carátula lo calificó no sólo como el Macron colombiano sino como el Macron latinoamericano. Así estaba proclamando que reunía las características de una figura nueva en la vida política, diferente de los candidatos que lo controvertían en su estilo, su trayectoria y la manera como apareció en el escenario político. Como lo dijo un filósofo sobre el actual presidente francés, tenía el síndrome de la virginidad. No estaba contaminado ni por acción ni por asociación. Y eso lo manejó con un bajo perfil, sin hacer mucho ruido al respecto. La gran descalificación que esgrimían sus competidores las desbarató el expresidente César Gaviria cuando, al responder varias preguntas sobre el mismo tema a Yamid Amat en una entrevista dominical en El Tiempo, dijo sin vacilaciones y no una sino varias veces que Duque no era un títere del expresidente Uribe. Mejor testimonio, de un competidor que lideraba la campaña del candidato liberal escogido en una consulta interna, ¡imposible!

Las plataformas programáticas no han contado mayormente. Ha sido una confrontación de otra naturaleza. Lo ocurrido en los últimos ocho años ha contado muchísimo. Las encuestas después del 11 de marzo han venido coincidiendo en el orden de preferencia de la intención de voto y bastante cercanas en los porcentajes de apoyo a las diferentes candidaturas. Sería una sorpresa mayúscula que los resultados del 27 de mayo fueran sustancialmente diferentes.

La corrupción que tanto daño ha hecho a la percepción de los ciudadanos sobre el tipo de sociedad en la cual estamos viviendo no tuvo el protagonismo que se esperaba. Con todo, creo que estaba ahí alimentando la desilusión y el desagrado.

Los debates no incidieron. Quizás ayudaron a Petro que supo aprovecharlos, como lo hizo con la consulta interpartidista. La estructura, los temas, los tiempos no ayudaron. Finalmente ha sido un enfrentamiento de personalidades y de la percepción que los votantes tienen sobre ellas. Algo que ocurrió muy pronto después del 11 de marzo. Y la campaña que siguió no logró modificar una situación política que pareció definirse anticipadamente. La noción del voto útil se consolidó tempranamente. El efecto del éxito resultante de la consulta interpartidista predominó. Un efecto que no estaba en las cuentas de los candidatos. En el futuro esa situación no se repetirá.

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