Más ‘madames’

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Más ‘madames’

Agosto 13, 2018 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

A juzgar por los comentarios recibidos, me quedé corto en el Sirirí pasado en torno a las ‘madames’ caleñas, razón por la cual hago el siguiente complemento, no sin antes agradecer a mis desocupados lectores, especialmente a uno en particular que me refrescó la memoria. Se trata de un colega columnista, jurista y hombre que ha trajinado por el mundo de la perfidia y no doy más datos.

Debo rectificar que doña Lucy Agudelo, quien fuera dueña de El Coche Rojo, a pesar de sus achaques goza aún de cabal salud y de una peligrosa, diré, prodigiosa memoria que le hace recordar los nombres de algunos de sus clientes, hoy miembros principales del Club de los Pájaros Caídos, logia que sesiona religiosamente en La 14 de la Sexta.

Por otra parte, nada dije de Misia Inés Trejos, quien en la década de los setenta podía descontar directamente de las arcas del sector público los bien sudados honorarios de sus pupilas, algunas de las cuales con más atributos, logró colocar en la nómina del municipio.

A su turno, doña Leo fue toda una institución cultural-sexual de mediados del siglo pasado.

En su casa de Santa Mónica, donde atendió a lo más pulquérrimo de nuestra mojigata sociedad que salía de misa en el Berchmans y allá iba a parar, había un piano de cola -jamás lo conocí y nunca lo toqué- y una biblioteca con profusión de libros eróticos y hasta revistas Playboy primorosamente empastadas.

A doña Leo la sacó a vivir juiciosa un archiconocido caleño de gran envergadura empresarial que le puso un recordado chuzo en el centro… de Cali, quiero decir.

Omití también a otra ‘madame’, doña Carmen Moreno, que le hacia honor al color de su apellido y tenía un chalet en el barrio Sucre con servicio 7/ 24, es decir las 24 horas, los siete días de la semana y en cuya entrada colocó un cartel que rezaba; “Nueva administración, ambiente familiar, siga usted”.

Después apareció en nuestra ciudad un excéntrico millonario de origen portugués quien fundó en el barrio Versalles y a pocos pasos de la Clínica de Occidente -por si las moscas-, el conocido Flores Frescas, con amplio y discreto parqueadero en una casona esquinera de cuatro pisos.

Afirman que su propietario -Luisito Oliveira- se trajo de Lisboa innovaciones como la pasarela con show caliente, la galería de arte en donde albergaba a pintores, intelectuales y académicos de alto pedigrí, y un excitante periplo por esta casona cuyo penthouse no es recomendable para quienes sufren de la presión.

Finalmente, estudiosos del tema de las ‘madames’ locales concluyeron que estos lugares de luz roja en la entrada se fueron apagando por culpa de la píldora anticonceptiva y del mismísimo condón, que evitaron los riesgos de los embarazos no deseados mientras garantizaban la total tranquilidad de cientos de comensales, sin dejar de mencionar los moteles que con sus célebres tarifas ‘para ratos’ han resultado prácticos y baratos.

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