Los secretos del 'equipo CSI' que aclara los crímenes más siniestros de Cali

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Los secretos del 'equipo CSI' que aclara los crímenes más siniestros de Cali

Junio 03, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / editor de Crónicas de El País - Fotografía: José Luis Guzmán / El País
Los secretos del CSI caleño para luchar contra el crimen 01

El ‘BlueStar’ es un reactivo químico para la visualización de sangre que entra otras cosas contiene luminol, una molécula que tiene la propiedad de producir una reacción “quimioluminiscente” al contacto con la sangre.

Foto: José Luis Guzmán / El País

Las botas, junto al resto de la ropa, llevaban meses enterradas. Cuando los investigadores las hallaron les aplicaron un reactivo químico llamado ‘BlueStar’ (estrella azul). Funciona como un Alka-Seltzer. Es una pastilla que se diluye en agua destilada.

Los investigadores rociaron el líquido sobre las botas y enseguida se comenzó a observar una luz azul fluorescente. Bingo. La luz indica rastros de sangre. Lo mismo hicieron con un azadón.

Casi un año después de ocurrido el hecho, y gracias a un testigo, el caso se resolvió: un hombre había intentado violar a una campesina en una finca. Justo cuando la estaba desnudando, llegó el esposo de la víctima. El violador se vio acorralado, tomó un azadón, y asesinó a la pareja a golpes.

Asustado, salió de la finca y lo primero que se le ocurrió fue emborracharse. En la noche llegó a su casa, abrió un hueco en un pastizal y enterró su ropa ensangrentada. A su esposa se le hizo extrañísimo ese comportamiento, sobre todo después de la noticia de que habían matado a sus vecinos. Un año después, al parecer tras una pelea, ella lo denunció ante las autoridades y condujo a los investigadores al lugar donde estaban enterradas las prendas.

En el Laboratorio del Grupo Regional de Policía Científica y Criminalística número 4 de la Dijín un perito muestra las fotos del caso mientras narra los detalles. Sobre el teclado de su portátil hay una caja de ‘BlueStar’, el reactivo químico con el que se están esclareciendo los crímenes en Cali, especialmente los feminicidios.

Son los casos en los que generalmente los investigadores encuentran muchas más evidencias que les permiten capturar a los responsables en apenas meses, a veces días. Por lo regular el agresor es la pareja sentimental, a diferencia de las personas que son baleadas en las calles por sicarios que nadie alcanza a ver como para describir en detalle. En 2017, solo en Cali, 1228 personas fueron asesinadas.

El laboratorio es el centro de operaciones del ‘CSI’ caleño. En realidad es una casa en Ciudad Jardín que alguna vez perteneció al Cartel de los Rodríguez Orejuela. Definitivamente nadie sabe para quién ‘trabaja’. En algunos techos y paredes hay humedades que reemplazaron la pintura blanca. Como si a los bienes de la mafia los cubriera la maldición del deterioro irreversible.

El mayor John Freddy Estupiñán dice que una vez la Fiscalía determine que la casa les pertenece – está en proceso de extinción de dominio – comenzarán las reparaciones. Es el Jefe de este Laboratorio de Criminalística “región 4”. Eso quiere decir que recibe las investigaciones de los crímenes ocurridos en el Valle, en Cauca, en Nariño, “incluyendo los distritos especiales de Buenaventura y Tumaco”.

Hace unos meses, gracias a un paquete de papas fritas, esclarecieron el caso de un policía asesinado en el Cauca.

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Con el ‘Microscopio de comparación balística’ se estudian las balas encontradas en la escena del crimen.

Foto: José Luis Guzmán / El País

Siempre sudamos. Por nuestros poros fluyen líquidos imperceptibles: aguas, sales minerales, potasio; dejamos huellas en la mayoría de objetos que tocamos, excepto texturas porosas como los ladrillos. Antes de asesinar al policía, el miliciano comía un paquete de papas fritas, como quien no quiere levantar sospechas. Cuando estuvo listo para disparar tiró la bolsa al suelo.

El investigador que llegó a la escena del crimen tuvo el cuidado de incluir el paquete tan insignificante a primera vista entre las evidencias.

En el departamento de dactiloscopia del laboratorio de la Policía Científica y Criminalística le aplicaron reactivos químicos y lo pusieron debajo de un aparato que en vez de microscopio, en la parte superior tiene una cámara de fotografía instalada. En un computador se proyectó la imagen del paquete de papas, donde, en un extremo, aparecían unas huellas. Los peritos las introdujeron en la base de datos que permanece en línea con la Registraduría Nacional. Acababan de encontrar al sospechoso de la muerte del policía.

Hace unos días sucedió algo similar, solo que con un jovencito que se dedicaba a robar casas. Sus huellas estaban en un apartamento de Jamundí que fue saqueado en minutos. También en uno asaltado en Yumbo. El apartamentero no pudo explicar la razón de que sus marcas estuvieran en sitios donde jamás había sido invitado. Fue capturado y tras su confesión, una banda completa.

Las balas, dice ahora uno de los peritos del laboratorio, son las huellas dactilares de las armas.

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El ‘tanque’ de recuperación balística. Allí se disparan las armas con las que presuntamente se cometieron los crímenes.

Foto: José Luis Guzmán / El País

El perito de la Dijín introduce una pistola por el orificio de un tanque hecho en metal reforzado, que se encuentra lleno de agua; como si introdujera el arma por un exhosto.

El tanque, explica con el tono de un profesor, es un “recuperador balístico en medio acuoso”. Hay otros tanques en otros laboratorios del país que en vez de agua están llenos de algodón, o de gel, aunque el perito prefiere este porque le permite encontrar el cartucho a simple vista.

El arma se dispara a través del agujero que parece un exhosto, el agua la frena para que no se estrelle demasiado fuerte contra las paredes del tanque, y la vainilla queda intacta en el fondo. Alguna vez dispararon una metralleta M65 y la bala atravesó el metal, por lo que debieron reforzarlo.

El tanque, continúa el perito, es utilizado cuando en la escena de un crimen encuentran el arma con el que se cometió el asesinato. O cuando capturan al sospechoso con la pistola en su poder.

En esas circunstancias en el tanque accionan de nuevo el arma recuperada para obtener una muestra de cómo queda el proyectil una vez disparado, y compararlo con los casquillos encontrados en el lugar de los hechos o en los cadáveres de las víctimas.

Cada revólver, cada pistola, cada rifle o metralleta deja sobre los cartuchos una marca única, irrepetible. Como nuestras huellas dactilares.

A las balas disparadas en el tanque, entonces, las llaman “muestras patrón”; a las vainillas encontradas donde ocurrió el crimen las denominan “muestra incriminada”.

Ambas las montan en un ‘Microscopio de comparación balísitica’, un aparato capaz de visualizar las ‘tripas’ de las vainillas para determinar si la bala encontrada en el lugar donde aconteció el crimen y la disparada en el tanque es “uniprocedente”. Es decir: fueron disparadas por la misma pistola.

Los datos son introducidos en el Sucoba: el Sistema Único de Comparación Balística. Es una base de datos de la Fiscalía y la Policía donde se ingresan las características de los proyectiles encontrados en los lugares donde ocurrieron los asesinatos a nivel nacional. También los cartuchos de las armas incautadas por porte ilegal u otras circunstancias.

Con la base de datos se puede determinar en tiempo real si una misma pistola ha estado involucrada en varios homicidios. Cuando lo descubren, los investigadores dicen: tenemos “un hit”.

Hace unos días Medicina Legal determinó que el proyectil recuperado en el cuerpo de la modelo Paula Andrea López correspondía a un homicidio y no lo que se supuso: un suicidio.

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En video: Así opera el grupo de criminalística de Cali

El País

El cuerpo de la modelo Paula Andrea López fue encontrado en un apartamento del barrio Santa Teresita con un disparo en la cabeza. Los investigadores supusieron que se trataba de un suicidio tras las entrevistas a sus allegados. Paula tenía problemas económicos y algunos líos familiares.

Sin embargo, cuando los médicos de Medicina Legal realizaron la necropsia, advirtieron que por la distancia en que fue disparada la bala, y la trayectoria, alguien más había apretado el gatillo. Entre otras cosas, determinaron que el disparo había sido ejecutado a una distancia superior al alcance del brazo de la víctima.

Los forenses recomendaron regresar al lugar de los hechos para recabar más pistas. Las autoridades creen que el crimen es un feminicidio. El sospechoso está capturado. Se trata de Iván Alfonso Rubio Londoño, 37 años, la pareja sentimental de la modelo.

Jairo Silva, el director regional de Medicina Legal, dice que los especialistas de su entidad vienen trabajando al tiempo junto a los investigadores de la Fiscalía, la Policía y los peritos del laboratorio de criminalística para ayudar a resolver los crímenes de una manera más eficiente.

Fue de esta manera, trabajando todos al tiempo en las investigaciones, como resolvieron los casos de los cuerpos desmembrados que aparecieron en Buenaventura: una vez hallado un tronco, un brazo, una pierna, los forenses analizaban el cuerpo para recabar nuevas evidencias.

Jhony Chaverra, el coordinador de patología de Medicina Legal, recuerda por ejemplo el caso de una joven que apareció muerta en un colegio del oriente de Cali, asesinada con un “objeto contundente”.
Después de estudiar las heridas, los médicos forenses les recomendaron a los investigadores buscar martillos en la escena del crimen, bates metálicos, cosas así. Lo que encontraron fue un extinguidor con rastros de sangre.

Jairo Silva no olvida el cuerpo de la mujer que llegó a la morgue con un cuchillo enterrado en sus genitales. El patólogo que estudió el cadáver le informó a los investigadores que estaban ante un feminicidio: la mujer instrumentalizada, convertida en un objeto.

En Cali, interviene Jhony Chaverra, el coordinador de patología de Medicina Legal, hay pandillas cuyos líderes “prestan” a sus parejas, las cambian, las apuestan. Y cuando las asesinan, son comunes ese tipo de lesiones: cuchillos en la vagina. Como afirmando: esa mujer me pertenece, luego yo decido la barbarie sobre su cuerpo.

En lo que va de 2018 se han presentado 17 feminicidios en la región y se investigan otros crímenes más que podrían no solo incrementar las estadísticas, sino confirmar que algo muy enfermo le está sucediendo a la sociedad con eso que llamamos amor. Como el ataque a dos mujeres en el barrio República de Israel.

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Con este aparato se visualizan las huellas dactilares.

Foto: José Luis Guzmán / El País

Debajo del escritorio del investigador de la Unidad de Feminicidios de la Sijín hay una silla rimax roja patas arriba.

La silla estaba en la habitación donde hace unos días mataron a una mujer de 58 años en el barrio República de Israel, e hirieron a su hija de 13. Ambas fueron atacadas con arma blanca. A la niña le contaron 19 heridas en la cabeza y en los brazos. La sevicia con la que se cometen los crímenes es otra pista a seguir.

La silla, dice el investigador, pasó por las pruebas de laboratorio. Estudiaron las huellas, rociaron ‘BlueStar’, le tomaron fotografías.
En caso de encontrar algún testigo, deberán acudir a los peritos del área de topografía del laboratorio de criminalística, quienes se encargan, a través de planos, de reconstruir los hechos.

También certifican o desvirtúan la versión del testigo. Llegan con él hasta el lugar de los acontecimientos para asegurarse, por ejemplo, que se encontraba 5 metros de donde pasó todo, y no a 30, y si desde la posición donde estaba tenía la visión correcta para observar el delito, o por el contrario había una pared o cualquier obstáculo que le impidiera confirmar lo sucedido.

Los topógrafos igualmente se encargan de apoyar los procesos de extinción de dominio. Establecen los linderos de los predios, determinan qué tan grandes son. Como el operativo en el que participaron contra alias ‘Porrón’, cabecilla de la banda ‘La Inmaculada’, y quien había amenazado de muerte al exfutbolista Faustino Asprilla. Tenía predios avaluados en más de $60 mil millones. En otras ocasiones los topógrafos se encargan de identificar el lugar exacto de los entierros clandestinos, las fosas comunes.

En el crimen ocurrido en el barrio República de Israel por supuesto que eso no será necesario. El investigador de la Unidad de Feminicidios tiene dudas sobre si el crimen se trató de eso, de un feminicidio, aunque no lo descarta.

En agosto de 2017 el homicida de una mujer llamada Judy Carina Carvajal dejó una nota sobre su cadáver.

Según la nota y las pistas encontradas, se sospechó que el crimen se debió a un robo. A Judy la golpearon en la cabeza y la amordazaron de manos y pies.

En el laboratorio de criminalística sin embargo analizaron la nota encontrada sobre su cuerpo, y la compararon con algunos manuscritos de su pareja sentimental. Era la misma letra.

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El laboratorio cuenta también con artistas forenses.

Foto: José Luis Guzmán / El País

El investigador de la Unidad de Feminicidios sonríe. Cuando ha hablado con los victimarios condenados, la mayoría le confesaron que planearon con anticipación el crimen y la coartada.

Algunos le dijeron que se inspiraron en la serie de televisión CSI. Miraron el libreto de los asesinos, pero olvidaron el de los agentes. No tuvieron en cuenta un detalle: tal vez en el mundo no existen investigadores, médicos y peritos con más experiencia que los colombianos.

Solamente en lo que va del año en Medicina Legal Cali se han realizado 1257 necropsias, así que los investigadores no se sorprenden con nada de lo que ven en la famosa serie de televisión estadounidense.
Acaban de descubrir que al sicario de 17 años que mató a la señora del barrio República de Israel lo contrató una de sus hijas - en estado de embarazo- y todo por la disputa de una herencia.

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