Las pesadillas que viven los niños en los jardines infantiles 'de garaje' en Cali

Gracias por hacer parte de El País.

Queremos que sigas disfrutando de los mejores contenidos.

¿Aún no tienes suscripción digital con El País?

Suscríbete aquí

¿Ya eres un suscriptor digital de El País?

INICIA SESIÓN

Las pesadillas que viven los niños en los jardines infantiles 'de garaje' en Cali

Septiembre 16, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Felipe Salazar Gil - Reportero de El País
Protesta por maltrato a bebé en jardín infantil

El jardín infantil K-rito Baby House, en el sur de Cali, fue cerrado tras conocerse el caso de maltrato que sufrió una bebé de 10 meses.

Foto: Giancarlo Manzano / El País

A Christopher no le gustaban los inodoros. Claro. Cuando se tienen solo dos años siempre está latente el miedo de caer en el agua, creer que uno se puede colar por el desagüe o, incluso, que un monstruo puede salir de ese pequeño charco. Por eso, cuando el niño llegó al jardín infantil Tío Donald, en el barrio Champagnat, su transición del pañal al váter terminó siendo una pesadilla.

Esos miedos legítimos de la inocencia, que suelen quitarse con cariño y paciencia, fueron menospreciados por la dueña del jardín, donde el chico solo aguantó un mes y medio. Apenas cinco días después de haber cruzado las puertas de aquella casa de dos pisos pintada de amarillo y naranja, Christopher empezó a llegar a la casa con llagas en su cola.

Cuenta Gloria Amparo Plazas, la abuela de Christopher, que esas úlceras eran las marcas iniciales de una cadena de malos tratos. Una que se repetiría con dieciséis niños que cuidaban en el sitio.

“El niño hacía popó y la señora lo desnudaba, lo metía en la poceta donde se lavan los trapeadores y lo dejaba allí hasta que se quedaba dormido. Él ya controlaba esfínteres, pero ella decidió ponerle pañal y no cambiárselo. Luego, sabiendo que el niño le tenía miedo a los inodoros, lo sentaba en uno gigante y él batallaba por no caerse al agua; eso lo dejó con un trauma que solo superó hace poco con ayuda de una psicóloga”, dice la abuela del pequeño, quien solo se dio cuenta de los abusos de la mujer por una nota que le enviaron las profesoras del jardín envuelta entre la ropa.

“Él era de carácter fuerte, reaccionaba al abuso. Y por eso esta desgraciada lo amarraba a una silla Rimax y lo metía en el ‘shut’ de la basura por horas. Por eso el niño le tiene pavor a la oscuridad y se volvió retraído, dejó de hablar. Si se orinaba, le tiraba agua; se le comía las onces y muchas veces no le daba almuerzo, Christopher terminó teniendo problemas de anorexia y solo tenía dos años”, cuenta Gloria Amparo entre lágrimas de rabia e impotencia, pues pese a que la Secretaría de Educación selló el jardín por no tener registro de establecimiento comercial y llevar diez meses brindando educación clandestinamente, la propietaria no ha sido judicializada por maltrato infantil.

Lea además: Realizan plantón frente a la Fiscalía en rechazo a maltrato de bebé de 10 meses

Un caso similar vivió Daniela, una niña de tres años, quien acudía a un jardín infantil en La Flora. Su madre, Patricia González, explica que del sitio la sedujo el discurso de la propietaria y los servicios del lugar, pues había sala de música, de sistemas, un dormitorio y juguetes que no había visto en los otros cinco jardines que visitó para que cuidaran a su hija mientras ella trabajaba.

“Yo confié en que ese era un buen lugar para que la niña empezara su formación, pero todo salió mal. Empezando por la comida, porque la dueña hacía un masacote de fríjoles con atún y espinazo de pescado y todos los días se lo daba a los niños. Como Daniela no se lo aceptaba, le cogía la cabecita y se la hundía en el plato para que comiera obligada; eso pasó varias veces, según me comentó una de las profesoras, quien me dijo que en una ocasión la niña casi se ahoga y tuvieron que pararla”, comenta González con la voz resquebrajada.

Entre tanto, Juliana*, quien hasta hace poco trabajó como profesora en una sala cuna del barrio El Limonar, cuenta que en el sitio eran frecuentes las malas prácticas con los menores.

“Una profesora, hermana de la dueña, le pegaba a los niños y les decía que si los papás preguntaban qué les había pasado, culparan a sus compañeritos. A la hora del almuerzo, si los niños no querían comer, les pegaban con los dedos en la boca, como si estuvieran jugando canicas. Había gente trabajando allí que no era licenciada en pedagogía infantil ni nada; las casas no eran seguras para los niños, no había barreras para evitar que subieran escaleras y los dejaban que se cayeran ‘para que aprendieran’. Cuando los papás iban a inscribir a los niños, les decían que había cámaras, pero no funcionaban”, indica Juliana, quien renunció al ver los malos tratos.

Estos casos se suman al de Salomé, la niña de diez meses que hace una semana fue golpeada por una de las cuidadoras del centro de educación K-rito Baby House, en Valle del Lili, y que resultó con una fractura en la pierna izquierda y contusiones en su cuerpo. Tras el maltrato, que fue registrado por cámaras de seguridad del jardín, la Policía selló el sitio por no contar con uso del suelo ni concepto sanitario.

Los abusos y malos tratos que recibieron Christopher, Daniela y Salomé fueron denunciados ante la Fiscalía General de la Nación. Con los dos primeros las investigaciones no han avanzado o fueron archivadas; pero Brayan Itaz, padre de Salomé, espera que esto no pase con su caso. “Queremos que sobre esa mujer que le fracturó la pierna a la niña caiga todo el peso de la ley”, insiste.

Niños invisibles

Hoy en Colombia, hablando de primera infancia, a los únicos sitios que las autoridades pueden expedirles una licencia de funcionamiento son aquellos que tienen dentro de su razón social servicios educativos, es decir que sean preescolar (prejardín, jardín y transición).

Sin embargo, los niños que tienen entre cero y tres años están a la deriva, son invisibles. Actualmente no hay una reglamentación que ponga en cintura las sala cunas, centros de estimulación, guarderías y centros de atención temprana. Estos sitios pueden operar sin ninguna licencia de operación. De hecho, estos sitios solo deben contar con cuatro requisitos: registro de Cámara de Comercio, uso del suelo, certificado de bomberos y de seguridad sanitaria.

Martha Valencia, presidenta de la Asociación Nacional de Preescolar, señala que la regulación de los jardines dedicados a cuidar niños no tiene dientes para generar entornos seguros.

“En Colombia solo se regulan estos sitios en Bogotá y Medellín. En Cali no hay nadie que regule y cualquier persona que tenga una sala grande en la casa puede abrir un jardín y nadie puede hacer nada. Por eso, por la falta de vigilancia, ocurren los maltratos; falta compromiso del Ministerio de Educación para proteger a los niños”, afirma Valencia, quien señala que existe un subregistro en la notificación de casos de violencia debido a que los padres no denuncian o desde los jardines tampoco se advierte del maltrato.

Por esta razón, señala Valencia, “hay que concientizar a los padres de familia para que pregunten si el sitio tiene una resolución de la Secretaría de Educación. Ellos -los padres- están entregando un tesoro a desconocidos y por eso no se deben guiar porque un sitio es más barato que otro, sino que sean lugares que cumplan con la reglamentación”.

Esa falta de inspección obedece a la carencia de un decreto que, supuestamente, está por emitir el Ministerio de Educación y que reglamenta la educación inicial, pues sienta las bases para la regulación de sala cunas, guarderías, jardines infantiles, entre otros, que desarrollen procesos educativos con niños de cero a seis años.

El articulado, que fue formulado en el 2017, señala que deben ser las entidades territoriales certificadas en educación y Bienestar Familiar los entes que verifiquen continuamente la operación de estos sitios. El decreto también advierte que las licencias de funcionamiento ya no serán indefinidas, sino que tendrán una vigencia de uno y cinco años.

En Cali hay 218 establecimientos registrados por la Secretaría de Educación que ofrecen el servicio de guardería. De igual forma, hay 102 nidos que son vigilados.

No obstante, Francisned Echeverry, líder de Inspección y Vigilancia de la Secretaría de Educación Municipal, remarca que la ciudad “está inundada” de jardines y centros de atención temprana irregulares.

“En el Sur y la zona de expansión proliferan estos sitios porque el POT soslayó el crecimiento demográfico de ese sector y no permite que haya uso del suelo para educación de este tipo. Allá la población crece de manera exponencial y, asimismo, lo hace la demanda educativa; allá la gente tiene que ir a trabajar y alguien tiene que cuidarle los niños, y esas talanqueras abren espacio para estos lugares”, señala.

De acuerdo con la Secretaría de Educación, entre 25 y 30 jardines que ofrecen servicios educativos de preescolar tienen activos procesos administrativos de cierre por incumplir la norma.

Entre tanto, Echeverry remarca que la potestad de hacer los cierres de los centros de atención temprana (que ofrecen servicio de guardería, sin calidades educativas) cuando no cumplen con la reglamentación es potestad de la Policía, que puede sellar por diez días y poner una multa de cuatro salarios mínimos legales mensuales vigentes ($3.124.968).

“Cuando se presentan casos de agresión por parte de un profesor o cuidador a uno de los niños, los directivos del jardín deben activar una ruta de atención. Si no lo hacen, entramos nosotros a requerir este mecanismo y compulsamos copias a la Procuraduría para que reporte esto a su historial de antecedentes. Sin embargo, una agresión no es una motivación legal para que se cierre uno de estos establecimientos”, apunta Echeverry.

*Nombre cambiado.

Lea además: Cierran jardín infantil de Cali donde fue agredida una bebé de diez meses

Gestionan más vigilancia

Tras el caso de maltrato conocido esta semana en el centro de estimulación K-rito Baby House, se dieron a conocer voces a favor de intensificar la vigilancia en estos sitios donde los menores están siendo agredidos.

El senador John Harold Súárez indica que la ley se queda corta para velar por el bienestar de los niños, por lo que señala que debe iniciar la reglamentación de los jardines infantiles.

”Es necesario que el Bienestar Familiar ponga sus ojos sobre los jardines infantiles privados, no solo en los hogares comunitarios. La Secretaría de Salud también debe vincularse al proceso de revisión de las aptitudes y actitudes de los profesionales que se contratan para cuidar los niños; también cada jardín debe tener una psicóloga que monitoree el comportamiento de los profesores y garantice que no tienen problemas psiquiátricos, porque los desempleados de la cuadra no pueden seguir cuidando niños sin tener el conocimiento para hacerlo. Hay que ser más exhaustivos”, señala Suárez.

Para consultar información acerca de la idoneidad y legalidad de un jardín puede acercarse a la Secretaría de Educación, Calle 14 No. 6N-23, piso 6 Edificio San Marino. Horario de atención: miércoles 8:00 a.m. a 5:00 p.m.

¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de buscar un jardín infantil?

Escoger un buen jardín infantil es una de las decisiones clave a la hora de criar un niño. De acuerdo con expertos en pedagogía y autoridades, estas son algunas cosas que se deben evaluar en la búsqueda:

1. Investigue

Conozca al personal del sitio y a los padres de otros niños para obtener referencias. Hable con los docentes y pregunte por su formación profesional. Así mismo, revise que la licencia de funcionamiento, así como los permisos, estén vigentes. Las instalaciones deben ser seguras, limpias y agradables.

2. Conozca la metodología

No hay que buscar un lugar en donde solo cuiden al niño ni se promuevan aprendizajes adelantados. Se debe apuntar a un sitio especializado en educación infantil, dirigido por profesionales que saben y conocen las intervenciones adecuadas para cada edad. El sitio debe ser acorde a las pautas de crianza y expectativas que hay en el hogar.

3. Vigile el proceso

Se debe vigilar la evolución del niño y observar los avances en el desarrollo motriz, psicológico y emocional. También hay que estar atento a cambios de actitud e intervenir si el niño demuestra miedo o rechazo por ir al jardín.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad