Las historias de cinco rusos que decidieron quedarse en Cali

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Las historias de cinco rusos que decidieron quedarse en Cali

Mayo 27, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Leidy Campos y Luisa Ramírez / Integrantes Semillero Universidad Santiago - El País 
Rusas en Cali

De izquierda a derecha: Viktoria, Yulia, Albina y Alesia, hicieron de Cali su ciudad por razones del corazón.

Especial para El País / Luisa Ramírez

Rusia está de moda en Cali al punto de experimentar una fiebre cuyos síntomas incluyen: intercambio de láminas, compra de camisetas, cuadre de agendas en torno a los encuentros deportivos, así como peticiones on-line a la Fifa para que los partidos no sean tan temprano, entre otros.
En Cali, Rusia puede estar a la vuelta de la esquina. Sus ‘embajadores’ por donde caminan, levanta miradas. Rasgos como la piel blanquísima, los ojos claros y el particular acento los dejan en evidencia.

Alesia, Viktoria, Yulia, Albina y Okean, oriundos de Rusia y Bielorrusia (país vecino de Rusia), hoy viven en Cali y hacen parte de los 574 rusos que se han establecido en Colombia según registros del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Ellos hicieron de Cali su segundo hogar por cuenta del amor. Sus parejas fueron clave en este importante cambio cultural, en el que no estuvieron exentos a nuevas costumbres.


“Dejé todo por ella (Derly Arboleda). Llevábamos año y medio hablando por internet y un día me di cuenta de que era con quien quería pasar el resto de mi vida. Le propuse matrimonio por videollamada y aunque aceptó con un rotundo sí, pensó que no sería cierto. Quince días después llegué a Colombia para hacerla mi esposa”, comentó Okean Okeanov, un ruso de 29 años de edad, que lleva 8 meses en la ciudad.

Albina, rusa en Cali

Albina Krasnoperova.

Especial para El País

“Fue extraño llegar a Colombia y ver que aquí la gente acompaña la sopa con arroz porque en Rusia comúnmente se come con pan”, expresó Albina Krasnoperova, una ciudadana de Chita Siberia, de 68 años de edad, quien llegó al país para casarse con un norteamericano que ha vivido en Cali más de la mitad de su vida.

Por su parte, la química-farmacéutica Yulia Ryzhikh, de Moscú, quien hoy se dedica a su familia, relata: “Mi esposo y yo vivimos muchos años en Rusia sin planear venir a Colombia, pero por esos cambios bruscos del sistema económico-político de la Unión Soviética a finales de los 90, decidimos viajar. Él encontró un trabajo aquí y no teníamos nada que perder en el momento, por eso yo, con el corazón, le dije: ‘Nos vamos para Colombia’”.

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Alesia Vasko, rusa en Cali

Alesia Vasko, rusa en Cali

Especial para El País

Alesia Vasko, de 29 años, conoció a un caleño durante unas vacaciones en España y decidió venirse al Valle del Cauca tras su amor. En Minsk, capital de Bielorrusia, era docente de historia. Hoy enseña ruso e inglés en el colegio de la Policía, y en el programa ‘Tardes del sol’ de Telepacífico.

“En diciembre, fui a mi país, Bielorrusia, y recién llegué al aeropuerto, recuerdo que la señora del control me dijo “¡PASAPORTE!”. Ahí me di cuenta de que había llegado de nuevo a mi país, pues en Colombia la gente es más amable y siempre está sonriendo”, recuerda Alesia.
Entre tanto, Viktoria Shishkova, de Yaroslavl, ciudad ubicada a 250 kilómetros al noreste de Moscú, le abrió pista en su corazón a un piloto de aviación, oriundo de Pasto. Ella no dudó en alzar vuelo y seguirlo hasta el suroccidente de Colombia.

Todo cambió

Cuando llegaron a Colombia fueron evidentes las grandes diferencias culturales. La salsa, por ejemplo, es clave en la identidad de los caleños; y los rusos, a pesar de tener diferentes tipos de bailes como la polka y el serpenteo, disfrutan bailar la salsa al son del timbal y la trompeta.

Okean Okeanov

Okean Okeanov, un ruso de 29 años de edad, llegó hace nueve meses a Cali buscando a la caleña Derly Arboleda, la mujer de la cual se enamoró.

Raúl Palacios / El País

“Yo pensaba que no me gustaba la salsa, pero cuando llegué aquí, poco a poco fui aprendiendo y luego de bailar todos en la casa, me comenzó a gustar. Creo que es muy bueno bailar salsa, ya que es un ritmo emocional, sensual y eso hace feliz a la gente”, dijo Alesia. Entre tanto, Okean añade: “aquí a la gente le fascina la música y en cada casa se escucha música diferente, especialmente los fines de semana”.

Él también asegura que los rusos son personas muy frías para relacionarse, por esta razón le ha costado aprender a ser más cálido con otras personas distintas a su esposa, pero hoy en día se siente tan caleño como ella, tanto así que ahora no puede vivir sin el chontaduro.

Otras diferencias fueron los cambios climáticos y arquitectónicos. “En Rusia es diferente, allá hay edificios grandes y altos, las calles son muy anchas y limpias. Me sorprendió mucho que aquí las calles son bastante angostas, y que prácticamente siempre estamos en verano, un clima perfecto para nosotras, porque en nuestro país solo disfrutamos de esa época durante tres meses al año”, argumentó Yulia.

Viktoria Rusa en Cali

Viktoria

Especial para El País

Viktoria Shishkova, por su parte, advierte graciosa: “Si un colombiano dice: ‘Vamos mañana a bailar’, no significa que mañana vamos a ir a bailar, mañana es de pronto pasado mañana, la otra semana, el otro mes, tal vez nunca, pero para nosotros, los rusos, la palabra significa una promesa”.

Un nuevo hogar

Cali es su nueva casa. A las rusas Viktoria y Alesia, nuevas en el vecindario, aún les cuesta creer que en plena calle se califique la belleza femenina; pero Albina y Yulia, quienes están por completar dos décadas de residencia en Cali, señalan entre risas, “cuando tengan más edad van a agradecer todos esos piropos”.

Pero Alesia resalta un aspecto del que ya se ha percatado: “Las personas aquí siempre están dispuestas a ayudarte, son más abiertas, encantadoras y amistosas, aunque en la calle hay hombres que se atreven a valorar la belleza y te gritan ‘¡Mi amor, cómo estás de linda!’ y tú te quedas en shock preguntándote qué tienes que hacer en ese momento”.

Según estas extranjeras, la mayoría de los colombianos que se encuentran en otros países previenen a la gente de que es un lugar peligroso, muestran el lado malo de Colombia, y no reconocen que también es un país hermoso.

Viktoria añade que “ellos no entienden que cuando hacen eso, nos están metiendo miedo. Por ejemplo, en los primeros meses estaba asustada de ir a caminar en la calle, ahora me doy cuenta de que muchos estaban equivocados, y que es normal, como en Europa, o en donde sea”.

Si bien las recomendaciones que estas cuatro mujeres han escuchado de Colombia no han sido del todo buenas, ellas no quieren hacer lo mismo con su tierra y, por el contrario, invitan a todos a visitar Rusia, y más en vísperas del Mundial 2018.

La sazón multicultural de Viktoria

Todavía no me acostumbro a comer bananos con sopa o en ocasiones también con carne, me encanta la comida asiática y es fácil de encontrar en Colombia, mientras que para preparar mi plato favorito de Rusia llamado Borsch que es una sopa muy tradicional, es muy difícil encontrar algunos ingredientes como: Crema agria, betabeles y nabo en tiritas. En días especiales yo cocino platos internacionales, a veces colombianos a veces europeos, rusos, asiáticos, no tengo favoritos, pero muy a menudo estoy cocinando pasta rusa, que se prepara con cualquier pasta seca, vodka, tocino, tomates, y crema de leche, una receta ideal para cualquier ocasión.

La Religión clandestina de Yulia
Yulia, rusa en Cali

Yulia

Especial para El País

Yo nací en el país ateo (la Unión Soviética, donde no era aceptada ninguna religión). Pero mi mamá me bautizó clandestinamente en la iglesia ortodoxa, a pesar de que ella proviene de familia atea.

Cuando cayó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la religión cristiana ortodoxa se legalizó en Rusia y ahora más de la mitad de la población de mi país es creyente. “En mi caso particular yo no practico ninguna religión, pero tampoco soy atea. Creo que existe la fuerza superior, pero separo la creencia y la religión. Incluso, a veces acompaño a mi esposo católico a la misa porque para él es importante, y siempre cada 9 de mayo celebramos una de las fiestas más importantes para el pueblo ruso, recordamos nuestros abuelos y bisabuelos soldados que participaron en las batallas de la Segunda Guerra Mundial de 1945 en Berlín, cuando la Alemania nazi declinó ante las Fuerzas Armadas Soviéticas, a ese día le llamamos ‘Día de la Victoria’”, comentó Yulia.

En mi hogar por costumbre siempre hablamos ruso, continúa Yulia. Es ley. Cuando me conocí con mi esposo éramos estudiantes universitarios, él necesitaba practicar ruso y yo no hablaba español. Actualmente tenemos dos hijos varones nacidos en Moscú, ellos hablan perfectamente los dos idiomas.

“La alegría de un colombiano conquista a cualquiera”: Alesia

Yo siempre he sido una persona muy curiosa. Me encanta viajar, conocer el mundo, otras culturas, y cuando me encontraba de vacaciones en España, conocí a un colombiano que me pareció muy interesante, pues él era carismático e inteligente y nos entendimos muy bien. Aunque, yo nunca había interactuado con una persona de América Latina en general su alegría me conquistó, y hoy estamos felizmente casados.

Hablando de fechas especiales, según el calendario ortodoxo, primero celebramos el año nuevo, el 31 de diciembre, y la navidad del 6 al 7 de enero. Pero para mi país la fiesta del año nuevo es la principal. En esa época, igual que en Colombia, colocamos el arbolito de Navidad, luces y adornos, ponemos regalos para nuestros seres queridos debajo del arbolito, nos vestimos bonito y comemos rico.

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