La maldición chavista

Gracias por hacer parte de El País.

Queremos que sigas disfrutando de los mejores contenidos.

¿Aún no tienes suscripción digital con El País?

Suscríbete aquí

¿Ya eres un suscriptor digital de El País?

INICIA SESIÓN

La maldición chavista

Septiembre 04, 2018 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

Tal como Siria se constituyó en el agujero negro de la comunidad internacional al interior del cual fueron succionados organismos, principios y valores, Venezuela lo es para el sistema interamericano y para la América Libre. En Siria el régimen de Bashar Al Assad con el apoyo de Rusia e Irán lleva a cabo un genocidio que ha dejado más de 600 mil muertos, 15 millones de desplazados -60 % de la población-, unos seis millones refugiados en países vecinos atiborrando los escuálidos ‘campos temporales’ de Naciones Unidas en Jordania, Turquía y Líbano de los que Franz Fanón denominó “los condenados de la tierra”.

El crimen en Venezuela es de otra naturaleza. La caterva chavista se apoderó del Estado, de sus recursos, cercenó las libertades, aniquiló el tejido social, destruyó los medios de producción incluida la infraestructura petrolera, acabó con la moneda y redujo el Estado a una clientela chavista portadora del ‘carnet de la patria’, una nueva especie de siervos como en la era feudal, cuya vida depende de los ‘señores’, la camarilla gobernante del Psuv. Los millones de refugiados, sin precedentes en la historia de América Latina, cuyo flujo se ha acelerado en las últimas semanas, hacen parte de la estrategia chavista de reducir la población del país, un “flujo normal” como lo definió esa reina mundial del cinismo, Delsy Rodríguez.

Las imágenes de la procesión ‘bíblica’ de miles de venezolanos deambulando por calles y caminos, buscando un lugar bajo el sol, dependiendo para su sustento de la caridad de los vecinos parte el alma y genera un sentimiento de impotencia ante el colosal crimen contra la humanidad que comete frente a nuestros ojos la satrapía de Miraflores. La gente ya no protesta, prefieren irse, perdieron toda esperanza, reina la resignación, el estatus ideal de una tiranía. La distorsión económica es tal, que familias pudientes que habían emigrado y lograron acumular ahorros en dólares están volviendo a Caracas, donde con 1000 dólares americanos al mes se vive como un magnate. Para completar el cuadro, a la oposición venezolana, esa pléyade de egos que en 20 años no pudo conformar un frente efectivo para salvar al país, le cabe algo de cuota de responsabilidad en la debacle.

2008 marca el año en que el sistema interamericano sucumbió ante el teniente coronel. En la cumbre de la OEA tras el cierre de Radio Caracas Televisión por parte de Chávez, el secretario general José Miguel Insulza había amenazado con sancionar a Venezuela. Bastó que Chávez alzara su voz de tenor para que Insulza, asustado, reculara y hasta ahí llegó el tenue intento de poner en cintura a la dictadura bolivariana. Latinoamérica responderá como pueda a la crisis migratoria. Son pocas las instancias en que este continente ha implementado políticas comunes frente a algo, por lo que poco se puede esperar y será Colombia, como válvula de escape, la que siga cargando con la peor parte del drama de los migrantes.

La reconstrucción de Venezuela, si algún día cae el chavismo, si Maduro y sus secuaces son separados del poder por cualquier medio, si eso de verdad ocurre, implicará severas medidas de choque, la cartilla del Fondo Monetario Internacional recargada. Dolarización, despido de decenas de miles de trabajadores de Pdvsa, eliminación de los subsidios chavistas, suprimir el control de precios incluido el de la gasolina y sacar a la calle a hordas de empleados de los ‘ministerios del poder popular’ que no hacen nada. Una sobredosis de quimioterapia para extirpar un cáncer que lleva 20 años incubándose.

Sigue en Twitter @marcospeckel

VER COMENTARIOS
Columnistas