La ilusión islandesa

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La ilusión islandesa

Octubre 26, 2018 - 11:40 p.m. Por: Muni Jensen

Islandia está de moda. En el reciente mundial de Rusia, el equipo de fútbol y sus hinchas llenaron las páginas de los diarios con historias curiosas del arquero cineasta, el técnico dentista, los jugadores obreros, los cantos y el entusiasmo de los 340.000 habitantes de ese país nórdico en las calles celebrando cada triunfo. El turismo se les ha disparado al punto que llegan al pequeño territorio siete turistas por cada habitante al año, casi todos durante los tres meses menos fríos. Los despoblados paisajes volcánicos, la comida exótica y los vuelos directos desde varias capitales lo han convertido en un destino ‘cool’ para los viajeros de aventura.

El camino al éxito de Islandia no ha sido fácil, pues pasó de ser un país en colapso económico a convertirse en laboratorio exitoso de programas de desarrollo. Sus dirigentes y ciudadanos tienen una forma particular de enfrentar las crisis. Cuando los tres bancos más grandes colapsaron tras la debacle financiera mundial de 2008, el gobierno los dejó quebrar, metió a sus directivos a la cárcel, y protegió a los ciudadanos. En ese momento se empujó el turismo y se recuperó la economía. Y cuando en 2016 aparecieron 600 empresas del país en los ‘Papeles de Panamá’, los ciudadanos salieron en masa a arrojar bolas de nieve en protesta, hasta lograr que el Primer Ministro islandés y todo su gabinete renunciaran y se llamara a elecciones.

Detrás de los titulares, las fotos de Instagram, el fuego y el hielo, y los robóticos futbolistas, hay un experimento social interesante. Islandia es pionero en temas candentes como la igualdad de género y el control de la adicción a las drogas. Las mujeres, que esta misma semana salieron masivamente a protestar por bajos salarios, están de primeras en el ranking de Foro Económico Mundial en igualdad desde hace nueve años. La legislación permite el mismo tiempo de licencia de maternidad para hombres y mujeres, y para los hombres ejecutivos es motivo de orgullo suspender el trabajo unos meses para cuidar a sus bebés.

En la lucha contra la drogadicción no se quedan atrás. Aprovechando la pequeña población, el país ha desarrollado programas deportivos, toques de queda e iniciativas artísticas para los jóvenes, tras un estudio exhaustivo de los incentivos para el consumo y el funcionamiento del cerebro altamente adictivo de los adolescentes. Para simplificar, concluyeron los sicólogos e investigadores que era necesario un programa radical, liderado por el Gobierno, para que los chicos “cambiaran de adicción”, y con actividades planeadas de baile, patinaje en el hielo, badminton y música, bajaron de 42 % de consumo de alcohol al 5 %, de drogas del 17 % al 7 %, y de cigarrillos del 23 % al 3 %, en solo dos años. Los borrachos se volvieron bailarines, los fumadores, deportistas. Hoy Islandia es uno de los países más limpios de vicios en el mundo.

Para los islandeses el frío parece ser un reto superado. Para sus escasos habitantes, hay 30 canchas profesionales para invierno, 150 medianas, entrenadores profesionales -muchos de la selección nacional- y reclutamiento por niveles desde los ocho años. Aunque ellos mismos dicen que no producirán jamás un Lionel Messi islandés, la afición es entusiasta y la mayoría de los niños y niñas, futbolistas.

Hay ciudades en Chile que están copiando los programas antidrogas. Otros países fríos se ha dedicado a construir estadios cubiertos. Los legisladores en el resto del mundo miran con atención las propuestas de paridad de las mujeres de ese país. Muchos dirán que con tan poca gente los experimentos son más fáciles. Que ni en Islandia es todo color de rosa. Hay serias preocupaciones internas sobre una saturación de su frágil infraestructura turística, e inquietud con lo que significa la avalancha de soldados de la Otan inundando los bares en Reykjavik. Que sería imposible replicar estas iniciativas en São Paulo, Nueva York, o en Bogotá. Pero sirve de reflexión, sin duda, la capacidad de integración de un gobierno con el público para promover iniciativas a largo plazo, superando sus limitaciones y desafiando a los escépticos.

Algo hay que aprender de un país en el que el regalo típico de Navidad es un libro para leer frente a la chimenea, acompañado de la familia y de una caja de chocolates.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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