Kolinda no es tan linda: el lado oculto de la popular presidenta de Croacia

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Kolinda no es tan linda: el lado oculto de la popular presidenta de Croacia

Julio 22, 2018 - 08:00 a.m. Por:
Redacción de El País 
Kolinda Grabar-Kitarovic, presidenta de Croacia.

Kolinda Grabar-Kitarovic, presidenta de Croacia.

Agencia EFE

1. La más popular

Entonces se convirtió en la mujer más simpática del mundo, el personaje del momento, la celebridad política más querida en Twitter, Facebook e Instagram.

No fue difícil, en cierto sentido tenía todo para serlo: Kolinda Grabar-Kitarovic es presidenta de un país europeo, pagó de su propio bolsillo los boletos de su viaje de Croacia a Rusia para ver el Mundial.

Viajó en clase turista y, además, violaba de cuando en cuando las normas de la etiqueta presidencial y celebraba con espontaneidad los goles de su equipo. Luego iba a saludarlos y a abrazarlos a los camerinos, mientras ellos aún estaban en calzoncillos...

Hubo algunos elementos más que explican la explosión de popularidad que tuvo la presidenta de Croacia durante el Mundial.

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El equipo de su país había llegado a Rusia como uno del promedio, incluso uno bajo el promedio: fue de los últimos en clasificar luego de jugar la repesca contra Grecia y, más allá de Luka Modric e Iván Rakitic, sus jugadores eran más bien un grupo de desconocidos.

Luego los muchachos empezaron a ganar partidos, algunos que se creían imposibles: con tres goles castigaron a Argentina y jugaron tres alargues, dos terminaron en penales, en los que eliminaron a Dinamarca, a Rusia y a Inglaterra. Los medios de todo el mundo hicieron el resto: Croacia, ese país que no existía hace 30 años y que ahora llega a la semifinal.

Croacia llamó la atención por ser ese equipo en el que todos son sobrevivientes de las guerras yugoslavas. Por tener al gran Luka Modric, a quien le asesinaron a su abuelo y fue descubierto como gran talento en un centro de refugiados. Por Iván Rakitic, jugador que debió huir a España, entre otros que cuentan historias semejantes.

Cómo no amarlos, y cómo no querer a Kolinda, la presidenta rubia de belleza evidente que los abraza como una madre; una política que descontó de su salario los días durante los cuáles estuvo en Rusia viendo a su selección, que solo se perdió un juego de su equipo y fue por razones de peso: durante la semifinal, contra Inglaterra, se encontraba en Bélgica para participar en la cumbre de la Otán, el organismo para el que trabajó durante años antes de lanzarse a la presidencia.

Allí mismo aprovechó la fiebre de fútbol y le regaló una camiseta rojiblanca de su selección al presidente de EE. UU., Donald Trump e, incluso, a la primera ministra británica, Theresa May.

En Colombia aparecieron los llamados memes en Facebook y Twitter en los que se decía que nuestros políticos deberían aprender su ejemplo, y muchos tomaron a la rubia como su ícono de turno, y Croacia le ganó a Inglaterra después de que esta le ganara a Colombia, así que en cierto sentido nos había vengado. Entonces celebramos juntos...

La historia fue más o menos así: un equipo que se creía débil en el Mundial llega a la final con las crónicas de dolor de cada uno de sus jugadores y ese equipo viene de un país gobernado por una mujer. En el mundo del ‘Me too’ y del ‘Time is up’, todo estaba servido para hacer política digital.

Y las cifras la respaldaron: según el sitio de análisis de datos Mediatoolkit, las historias y publicaciones en redes sociales sobre Kolinda durante la final del Mundial, superaron en un 25 % a las menciones sobre su selección de fútbol, e incluso a las de jugadores como Luka Modric, el mismísimo ganador del Balón de Oro.

Y para completar, Kolinda se comportó como una verdadera estrella de rock durante la entrega de las medallas y la copa en la final del Mundial.

Se quedó bajo la lluvia sin necesitar paraguas, abrazó al presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante un número aún no determinado de veces —incluso en muchos diarios sensacionalistas se dijo que lo besó e inventaron historias de romances fugaces que nunca fueron— y abrazó con una emoción evidente a cada uno de los jugadores de su equipo.

Llegaron, no podían faltar, las hipérboles. El diario As de España, por ejemplo, dijo que se trataba de ‘La presidenta del Fair Play’; otros noticieros dijeron que ‘Kolinda era la verdadera novia del Mundial’; otros dijeron que era la ‘Presidenta más bella del mundo’ y hasta los portales de noticias falsas se aprovecharon de la estrella del momento, publicando una serie de fotografías de una mujer en bikini bastante parecida a Kolinda, pero que en realidad se trataba de la “exuberante actriz americana Coco Austin”, según aclararon otros portales.
Todo eso, poco más o menos, fue lo que vimos.

La presidenta de Croacia

La presidenta de Croacia abrazando a los jugadores de Croacia en la premiación del Mundial.

Agencia EFE

2. La presidenta

Kolinda Grabar-Kitarovic tiene 50 años, habla cuatro idiomas, está casada y tiene dos hijos, nació en 1968 en una ciudad de la antigua Yugoslavia y 17 años después entró en un programa de intercambio de estudiantes y se trasladó a Los Álamos, Nuevo México (Estados Unidos), donde se graduó en 1986. De vuelta en Croacia estudió en la Universidad de Zagreb, donde se graduó en 1992 con Licenciaturas en Inglés, Español y Literatura.

Ese mismo año, luego de la desintegración de Yugoslavia y de la formación de los seis países que la conformaban, entre ellos Croacia, inició su carrera profesional.

Se convirtió en asesora del Departamento de Cooperación Internacional del Ministerio de Ciencia y Tecnología. En 1993 se incorporó a la Unión Democrática Croata, un partido conservador, y 10 años después fue designada ministra de Asuntos exteriores. En 2005, le fue asignado el cargo de Ministra de Asuntos Exteriores y Europeos, y en 2008 se convirtió en embajadora de Croacia en Estados Unidos, hasta 2011, cuando fue nombrada subsecretaria general de diplomacia pública en la Otán.

Vladimir Putin, Kolinda Grabar y Gianni Infantino

Vladimir Putin, Kolinda Grabar y Gianni Infantino, presidente de la FIFA, luego de la premiación del Mundial en Moscú donde Kolinda se empapó bajo la lluvia.

Especial para El País

Así, a rasgos generales, la suya es una carrera brillante en la que su llegada a la presidenta de Croacia era casi el paso siguiente y lógico.
Fue justamente en 2015, en unas elecciones bastante disputadas que tuvieron segunda vuelta, y en las que se enfrentó a Ivo Josipovicc, a quien le ganó por un margen bastante estrecho: Kolinda obtuvo el 50.7 % del total de los votos.

Y llegó a la presidencia no exenta de algunos escándalos: se supo que en 2010 su marido, Jakov Kitarovi, usaba el vehículo oficial que le dio la embajada croata en Estados Unidos para asuntos personales. Y el partido Unión Democrática Croata, de ultraderecha y católico, usó el discurso antiinmigración como uno de sus eslóganes más fuertes para que Kolinda llegara a la presidencia.

La presidenta de Croacia con Donald Trump

Con Donald Trump en la cumbre de la Otán en Bélgica.

Agencia EFE

La filiación de Kolinda con movimientos antiinmigración y de corte xenófobo no es nada desconocida en el contexto político europeo. Una filiación que acerca a la croata más con la política de Trump que con la de la alemana Ángela Merkel.

Se supo que durante su campaña electoral, Kolinda llegó a hablar de la necesidad de construir muros en la frontera con Hungría, para evitar la llegada de migrantes que realizan la ruta de los balcanes, una de las más mortíferas para quienes desean llegar a Europa occidental.

Según explicó el politólogo croata Dejan Jovic, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Zagreb a la BBC, Kolinda es una conservadora populista-nacionalista, que se mostró como una de las líderes más radicales durante el pico de la crisis de refugiados en 2015 y, en algún momento, incluso sugirió que Croacia debería usar el Ejército para defender sus fronteras de los refugiados.

Kolinda también se opuso a las cuotas de reparto de migrantes que la Unión Europea acordó en 2015, para reubicar a 160.000 refugiados.
De los 1600 que le tocaban, Croacia aceptó solo a 100, el 6 % del total. Una política que no ha estado ajena a las denuncias de organizaciones por la defensa de Derechos Humanos de todo el mundo.

Amnistía Internacional, por ejemplo, ha criticado en los últimos dos años las discriminaciones que ejerce Croacia: “Las personas refugiadas y migrantes que entraron en el país de forma irregular fueron devueltas sin que tuvieran acceso a un proceso de solicitud de asilo efectivo”.

La ONG croata ‘Are You Syrious?’ que lleva años documentando la travesía de los refugiados a través de los Balcanes, denunció que entre enero y abril de 2017 Croacia denegó al menos 30 solicitudes de asilo, incluidas las de familias con niños “por motivos de seguridad”. Como las observaciones a las solicitudes se clasificaron de “confidenciales”, los migrantes no podían recurrir la decisión del Ministerio del Interior.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea señaló hace un año a Croacia que tenía que hacerse responsable de examinar las solicitudes de asilo de todos aquellos refugiados que cruzaron su frontera en masa durante 2015 y 2016. La mayoría eran afganos y sirios que entraron desde Serbia y se quedaron en el país por el rechazo de Eslovenia a aceptar su entrada, después de que Croacia los transportara hasta allí.

La intención de Croacia es que pidieran protección internacional en el país vecino, cosa que Eslovenia y Austria denunciaron ante el tribunal europeo.

Amnistía Internacional ha denunciado también que en junio del año pasado la reforma a la Ley de Extranjería “prohibió la prestación de asistencia para acceder a necesidades básicas, tales como vivienda, salud, saneamiento o alimentos, a las personas extranjeras que residieran de forma irregular en Croacia, excepto en casos de emergencia médica o humanitaria o en situaciones de peligro mortal”.

Prestar ayuda humanitaria a los refugiados estuvo también a punto de convertirse en un delito penado con multas de hasta 3.000 euros. La propuesta partía del gobierno presidido por Kolinda, que quería multar de ese modo a quien alojara a migrantes en situación irregular. Aunque la propuesta no ha salido adelante, la ley sí castiga ahora a quien ayude a entrar o a transitar a estas personas por el país.

Por si fuera poco, Kolinda se fotografió hace un par de años con la bandera de la Ustavha, un grupo nacionalista que se alió con los nazis en 1929 para perseguir a judíos, gitanos, bosnios y serbios musulmanes.
Sus miembros buscaban la Independencia de Croacia y la creación de un Estado supremacista en el que los croatas estuvieran por encima del resto de “razas”.

Dentro de su propio país su imagen durante el Mundial no tiene una aceptación unánime.

Para unos es una madre patriótica que apoya fervientemente al equipo, mientras para otros su presencia en el Mundial fue un ejercicio de relaciones públicas descaradamente populista.

Según el politólogo Dejan Jovic, en declaraciones recogidas por el portal de la BBC de Inglaterra, las recientes señales de la presidenta pueden interpretarse como una muestra de sus aspiraciones por convertirse de nuevo en la líder del país en el año 2020 como primera ministra.

Según analistas políticos, Kolinda aspira a
ser elegida Primer Ministra, luego de
las nuevas elecciones de Presidencia.

3. Un país singular
La presidenta de Croacia junto a su esposo

La presidenta de Croacia junto a su esposo, Jakov Kitarovicc, con quien ha tenido dos hijos y quien renunció a su trabajo empresaria para apoyarla en la presidencia.

Agencia EFE

No podría negarse nunca que la presidencia de Kolinda Grabar-Kiratovic marcó un hito en la historia postsoviética de Europa central, pues se trata de la primera mujer en acceder a la presidencia en su país, y una de las pocas que lo ha logrado en todo el mundo.

Sin embargo, los logros en general de la política que ha desarrollado junto al primer ministro que nombró en 2015, Andrej Plenkovic, son más bien reducidos.

Primero es necesario entender que en Croacia el sistema de gobierno es mixto. El presidente es el jefe de Estado, elegido por sufragio directo para un término de cinco años, limitado por la constitución a un máximo de dos mandatos. Además de ser el comandante en jefe de las fuerzas armadas, tiene la obligación de elegir al primer ministro con la aprobación del parlamento, y juega un papel importante en la política exterior. El gobierno cotidianamente es manejado por el primer ministro, pero en él la influencia de la jefe de estado es bastante fuerte.

Croacia ha sido, desde su aparición en el mapa político en 1991, uno de los países con mayores niveles de corrupción en Europa central, al punto que en 2014 fue condenado el exprimer ministro Ivo Sanader a nueve años de cárcel por corrupción.

El tribunal del distrito de Zagreb señaló que Sanader, quien fue líder de la Unión Democrática Croata —el mismo partido al cual se encuentra afiliada Kolinda—, y cuatro personas más desviaron dinero de instituciones estatales de 2003 a 2009 para el partido y ellos mismos.

“La politización en la selección de los jueces sigue siendo moneda corriente en Croacia; los lazos nada transparentes entre poder político y poder económico; la inacción para esclarecer los crímenes de guerra de hace dos décadas; mientras que en las calles de Zagreb (la capital croata) se registran manifestaciones de rechazo a migrantes, contra la diversidad sexual y en contra del aborto, pese a que éste en la primera etapa de gestación está reconocido”, escribió el analista político Andrés Cañizález en la web Prodavinci.com.

Croacia en 2014 ocupaba el puesto 61 en la valoración de Transparencia Internacional, a partir de la percepción de empresarios y analistas, y mejoró al ocupar la posición 57 en 2017, que sin embargo es una calificación muy baja.

Sin embargo, la valoración general sobre la democracia croata ha descendido en estos años. En el índice de democracia que realiza The Economist, Zagreb descendió de la posición 50 a la 58 entre 2014 y 2017.

Croacia es también uno de los países en los cuales es más difícil ejercer el periodismo.

“En Croacia, los periodistas que investigan la corrupción, el crimen organizado y los crímenes de guerra a menudo son víctimas de campañas de acoso. En este país la difamación está penalizada y el insulto a la ‘República, su emblema, himno nacional o bandera’ puede castigarse con una pena de tres años de cárcel. Más grave aún, desde 2013 las declaraciones consideradas ‘humillantes’ también son sancionadas por la vía penal”, dice el texto del informe 2018 de Reporteros Sin Fronteras dedicado a la Croacia.

El informe agrega que “Los ataques físicos, las amenazas y las agresiones en Internet a periodistas siguen siendo un problema importante en el país”.

Según medios croatas, la campaña presidencial de Kolinda habría recibido dineros de Zdravko Mamic.

Croacia sigue siendo uno de los países con mayor índice de desempleo de la Unión Europea, y una de las economías más débiles.

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