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INICIA SESIÓN

¡Hasta cuándo!

Julio 26, 2018 - 11:45 p.m. Por: Carlos Jiménez

Leo y escucho las declaraciones de quienes están intentando explicar los motivos de la oleada de crímenes que desangra de nuevo al país y no puedo menos que cabrearme.

Hay explicaciones para todos los gustos y todas las sensibilidades políticas pero entre todas ellas la que más me chirría es la que señala como una de las causas más destacadas de esa fatídica oleada a los enfrentamientos violentos entre bandas de narcotraficantes por el control de territorios de cultivo y de rutas de comercialización de sus productos. No estoy muy convencido de que esta sea la responsable de tantos crímenes pero en caso de que lo fuera efectivamente, no haría más que confirmar el hecho de que en este país no habrá paz, o por lo menos algo que se le parezca, si nos empeñamos en mantener contra viento y marea la guerra contra el narcotráfico.

Una guerra que en más de cuarenta años no ha traído más que muerte y destrucción, corrupción de nuestras instituciones políticas, emponzoñamiento de la moral pública y acelerada destrucción del medio ambiente sin conseguir nada distinto que perpetuarse. A cada generación de mafiosos muertos o extraditados le ha sucedido otra más siniestra, a cada hectárea fumigada con glifosato le ha sucedido otra talada en nuestros preciosos montes y en nuestras cada día más menguadas selvas vírgenes. Es la guerra que explica nuestras otras guerras, hasta tal punto de que la paz que ayer creíamos al alcance de la mano, gracias a los históricos acuerdos entre el Gobierno y las Farc, se aplaza quién sabe hasta cuándo.

Y por favor no me vengan otra vez con el cuento de que ahora sí la vamos a ganar: ¡Si está diseñada para retroalimentarse! Tampoco me vengan con el cuento de que terminará ganándose gracias a la drástica reducción de la demanda de estupefacientes en los Estados Unidos de América. La reducción que no se ha producido nunca y que ahora menos que menos se va a producir. Porque si algo está creciendo allí es precisamente el consumo de sustancias sicotrópicas debido, en primer lugar, a la legalización de la marihuana en California y en otros 7 estados del país. A la multiplicación de drogas sintéticas como el éxtasis y el cristal se suma el crecimiento explosivo del consumo de heroína por parte de quienes se hicieron adictos debido a que los médicos les recetaron indiscriminadamente OxyContin, un analgésico producido a destajo por la empresa Purdue Pharma.

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