Este es el drama que viven las familias de personas desaparecidas en Cali

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Este es el drama que viven las familias de personas desaparecidas en Cali

Septiembre 23, 2018 - 11:30 p.m. Por:
Carolina Jojoa / El País 
Marta Pérez mamá de desaparecido

Marta Pérez lee los versos y poemas que ha escrito para su hijo Yoider.

Bernardo Peña / El País

“Hay un puesto vacío en la mesa, una prenda de vestir sin dueño y miles de fotos de alguien que no volví a ver. Hay un vacío en mi corazón que está roto de tanto esperar que un día llegues a casa a tocar la puerta. ¿Dónde estás? ¿Quién te alejó de mí? ¿A dónde debo ir para encontrarte?”.

Así dice el fragmento de un poema escrito por una persona anónima, asistente a la Galería de la Memoria de los Desaparecidos que se realizó en la plaza de San Francisco de Cali, el pasado 1 septiembre.

El pedazo de papel, que volaba por la calle, describe a la perfección el sentimiento de aquellas personas que año tras año se reúnen en este lugar para revivir la esperanza de encontrar a sus seres queridos.
“No importa realmente cuántos años puedan pasar, los familiares de desaparecidos van a esperar hasta el último momento para poder tener una respuesta sobre ellos”, afirma Ángela Gómez, gestora de actividades de Salud Mental y Psicosocial del proyecto de atención a familiares de víctimas de desaparición forzada de la organización Médicos Sin Fronteras, MSF.


Según la experta, las razones de desaparición en el país son múltiples, aunque la mayoría tengan relación con el conflicto armado.

“Solo por nombrar cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica, en Colombia podemos estar hablando de al menos 84.000 desaparecidos. Muchas más víctimas de las que dejaron las dictaduras de Argentina y Chile”, dice.

Entre tanto, las autoridades indican que con corte al 31 de agosto del presente año, en el departamento del Valle hay un reporte aproximado de 281 personas desaparecidas, de las cuáles 178 pertenecen a Cali.
De este número de desaparecidos, este año se han encontrado 103 personas vivas y 18 muertas.

En cuanto a los casos de desaparición forzada en el departamento, se habla de que en el Valle continúan desaparecidas 65 personas.
Hasta la fecha se han encontrado tres personas muertas y una viva.

Las cifras corresponden al número de reportes de desaparición y no de denuncias. Por lo cual, estos datos están sujetos a verificación con las autoridades pertinentes encargadas de hacer seguimiento e investigación de los casos presentados.

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Más de seis años buscando a Yoider Betancourth

“Si yo pudiera darle un color a la desaparición de una persona, sería el negro. Porque uno queda perdido, no sabe para dónde ir, ni qué hacer, ni dónde buscar. Uno quisiera convertirse en pájaro para poder ver todo desde arriba y encontrar”.

Con esas palabras define Marta Pérez lo que significó para ella no volver a saber nada de Yoider Betancourth, el segundo de sus tres hijos, quien el 15 de noviembre de 2011, a sus 26 años, salió de su casa en el Morichal de Comfandi, oriente de Cali, y nunca regresó.

Según cuenta esta madre caleña, aquel día Yoider salió muy emocionado en dirección a una entrevista de trabajo.

El sueño del joven era ser ingeniero eléctrico industrial y desde los 16 años empezó a trabajar para poder costear su carrera.

“Ya solo le faltaba un semestre para terminar la tecnología y según lo que nos contó a mí y a su hermano mayor, esa entrevista era la primera oportunidad que se le presentaba para poder ejercer lo que había estudiado”, relata Marta antes de romper en llanto.

Toma aire y sigue: “Nunca supimos si se presentó a la entrevista. La última persona que lo vio fue una amiga que lo saludó llegando a la Avenida Ciudad de Cali”.

Los familiares de Yoider lo recuerdan por ser un hombre centrado y emprendedor que, “a pesar de las dificultades, era una persona muy feliz, que cantaba todo el día y abrazaba mucho a sus seres queridos”.

“Era un ingeniero con alma de artista, le gustaba la música, el dibujo y el teatro”, dice Marta mientras revisa los cuadernos de Yoider, como si estuviera buscando una pista de su paradero.

“Un mes después, al ver que la justicia no tomaba cartas en el caso de Yoider, me cansé de esperar. Me alisté, me puse ropa cómoda y salí a caminar sin rumbo por toda la ciudad. No regresé sino hasta la noche, cuando el dolor de mis pies y el hambre no me dejaron seguir. No encontré a mi hijo”.

Al preguntarle a Marta cómo describe su situación, tarda mucho en llegar a una conclusión. Sin embargo, se siente segura en afirmar que es incomprendida.

“Un sicólogo me dijo que yo tenía que vivir mi duelo. Y yo pensaba con rabia: duelo de qué si yo no tengo un muerto, yo no tengo un cuerpo, yo no tengo nada. ¿A qué le voy a hacer un duelo?”, expresa la mujer, al indicar que el caso de Yoider nunca ha tenido una respuesta oportuna de las autoridades.

“Quiero encontrarlo, vivo o muerto, pero quiero la verdad”, dice Marta.

Desaparecidos

Video: tener a un familiar desaparecido, un drama que se agudiza con el tiempo

Video: Kevin Velásquez

No dejan de esperar el regreso de Nidia Goyes

La última vez que Viviana Goyes Cortés vio a su hermana, ella tenía 22 años y Nidia 17. Sucedió en el año 2011 cuando en un abrazo se despidieron para nunca más volver a encontrarse.

Según cuenta Viviana, un día del mes abril de ese año ella y Fabián, los mayores de diez hermanos, tuvieron que huir de su hogar en la vereda de Bocas de Cartagena, al suroeste de Barbacoas, Nariño, tras el riesgo de ser reclutados por las Farc.

“El conflicto armado que se vivía en la Costa Pacífica por aquella época obligaba a que los padres sacaran a sus hijos de los pueblos. Ya se habían llevado a algunos muchachos. Nosotros, por ser los mayores, corríamos más riesgo de que nos llevara la guerrilla”, relata Viviana.

La joven cuenta que al salir de casa, su idea era poder buscar un futuro mejor para el resto de su familia. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que su deseo se viera frustrado por la violencia.

“Nidia era la tercera de los diez hermanos, es decir, la mayor de los que se quedaron. El 18 de octubre de ese mismo año, los guerrilleros llegaron a la finca mientras mis padres estaban trabajando en el campo. Encontraron a Nidia cuidando a los menores y se la llevaron”, cuenta.

La última persona que vio a la mujer con vida fue su tío Jhony Cortés, quién en un intento desesperado les rogó a los miembros de las antiguas Farc que no se la llevaran.

“Le dijeron que no se metiera, si no quería terminar con la cabeza llena de plomo. Mi tío nos contó que Nidia no hacía nada más que llorar mientras se perdía en el monte”, dice la joven.

El fatídico episodio para la familia Goyes Cortés partió sus vidas en dos partes.

“Yo recuerdo a mi mamá antes y después de la desaparición de mi hermana. Ella era una mujer llena de amor que condenaron a sufrir por el resto de su vida. Solo hasta el año pasado mi madre viajó a un centro de concentración de desmovilizados de las Farc en Tumaco para saber si Nidia estaba allá, pero no la encontró”, dice Viviana, quien hace apenas unos meses llegó a Cali para iniciar el proceso de búsqueda de Nidia.

“Se puede decir que ya abrimos el caso. Yo no pierdo la fe de encontrar a Nidia viva, igual mi familia y yo somos conscientes de que cualquier cosa pudo pasar. Sin embargo, viva o muerta queremos encontrar una repuesta”, expresa la joven.

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