"Escribo por las mismas razones por las que leo, combatir el caos": Juan José Millás

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"Escribo por las mismas razones por las que leo, combatir el caos": Juan José Millás

Agosto 26, 2018 - 07:50 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos - redacción de El País
Juan José Millás, escritor español 02

Juan José Millás estará el próximo 1 de septiembre, a las 6:00 p.m., con Mario Jursich en la Plazoleta Central de la Biblioteca Departamental, como parte del Festival Oiga, Mire Lea.

Foto: Agencia EFE

Juan José Millás es un señor que habla y escribe muy serio y que sin embargo quien lo escucha o lo lee generalmente se ríe a carcajadas.

Hace unos días por ejemplo, en su habitual columna de El País Semanal de España, contó su experiencia en una granja de pollos un sábado por la tarde, y aunque en el fondo hablaba de la muerte, hubo a quien le fue inevitable contener la risa.

“Es una granja de pollos en la que los animales andan sueltos para que sean más felices, eso es lo que he leído. Observados atentamente, dan la impresión de permanecer a la espera de algo, ellos no saben qué, de ahí el grado de perplejidad reinante. De uno u otro modo, a nadie se le escapa que el gallinero es una sala de espera. Si fumaran, muchos irían de acá para allá con un camel entre los dedos para aplacar los nervios. Es cierto que no están estabulados, como en aquellas granjas en las que la única actividad posible es la de sacarle los ojos de un picotazo al vecino de jaula. Pero tampoco disponen de gran intimidad”.

En Elaboración de Productos, un cuento compilado en su libro ‘Los objetos nos llaman’, Millás habla de una madre, a lo mejor su propia mamá, quien no era capaz de resolver un problema si no lo convertía previamente en un drama.

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“La materia prima con la que mi madre construía sus dramas eran las pequeñas dificultades domésticas de cada día. Pongamos que se nos había acabado la bombona de gas un lunes y que el camión de reparto no pasaba hasta el martes. En principio no era ninguna tragedia; pero ella se mesaba los cabellos e iba de acá para allá profiriendo alaridos que nos ponían los pelos de punta. Si mi padre intentaba calmarla, le reprochaba que él no se ocupara de esas cosas y aseguraba que era la esclava de todos nosotros, que la contemplábamos estremecidos. A la media hora de habernos quedado sin gas, mi padre, desesperado por los reproches y los gritos de mi madre, empezaba a dar portazos o amenazaba con tirarse por el balcón. Mi hermana pequeña, aterrada por el espectáculo, se ponía a llorar, y los vecinos amenazaban con llamar a la policía municipal si no cesaba el griterío. Justo en ese momento, cuando el universo iba a reventar con todos nosotros adentro, mi madre cruzaba la calle y al rato volvía sonriendo triunfalmente con una bombona que le había prestado su hermana, que vivía en la casa de enfrente. No era raro que le reprochara a mi padre que hubiera pensado en suicidarse por una tontería así. “Tú no estás bien de la cabeza”, le decía, mientras cogía a mi hermana pequeña en brazos para que dejara de llorar”.

En ese mismo relato, Millás concluyó: “escribir no es más que tomar la materia prima de la realidad y convertirla en literatura para hacerla más digerible”. Escribir no es más que levantar espejos que reflejan lo que somos para burlarnos de nosotros mismos. Y de nuestros padres, claro está.

Aunque Millás sigue pareciendo un hombre serio como ejecutivo mientras conversa por teléfono desde España, donde nació en 1946. Al principio le sorprendía que los lectores le dijeran “me he reído mucho con tal artículo tuyo” porque simplemente no entendía de qué se reían, pero ha terminado por acostumbrarse.

– He llegado a la conclusión de que el humor en mi literatura es un efecto colateral. No está buscado. ¿Y por qué se produce? Creo que se produce por el modo en que me acerco a las cosas. Me gustan mucho recursos como la ironía, el pensamiento paradójico, que tienen la virtud de abrir agujeros por los que se puede ver la maquinaria de la realidad, y ahí aparecen todas las contradicciones del ser humano, y esas contradicciones, al mismo tiempo de conmovernos, nos producen risa. Por eso digo que el humor que yo no busco es un efecto secundario de las técnicas que utilizo para acercarme a los temas que trato.

Juan José Millás, escritor español 01



Las técnicas las ha aplicado en diversos géneros. Millás escribe novelas, cuentos, columnas, reportajes. En su libro ‘Vidas al límite’ compiló las crónicas que hizo para El País de España en algo que llamó ‘Proyecto sombra’. Consistía en convertirse efectivamente en la sombra de alguien para contar su vida. Entonces fue ciego por un día, acompañó en su rutina a Paco, un joven con Síndrome de Down, viajó en avión con Ronaldo, estuvo al lado de Penélope Cruz, de Pedro Almodóvar, contó las vidas de las amas de casa que hacen que el mundo funcione y que sin embargo en ningún banco les aprobarían un crédito, narró lo que sucede en la Asociación de Bipolares, entre los médicos que tratan el cáncer, las últimas horas de Carlos Santos Velicia, un hombre de 66 años que había llegado a Madrid para quitarse la vida.

Varios de esos asuntos –la muerte, el suicidio, el cáncer, el amor– aparecen de nuevo en su más reciente novela, ‘Que nadie duerma’, obra que presentará en Cali durante el Festival Oiga, Mire, Lea que se inicia el próximo sábado, donde tal vez Millás también desmenuce por qué escribe de lo que escribe.

– La muerte es uno de los asuntos universales; el suicidio, la enfermedad. Son los grandes temas. Y a mí siempre me han obsesionado estos asuntos que aparecen a veces disfrazados de otras cosas. Yo siempre digo que la literatura sirve para hablar de una cosa fingiendo que estás hablando de otra. Bueno, pues cada autor tiene tres o cuatro obsesiones principales y unas cuantas subordinadas. Por eso se dice que los escritores escriben un solo libro en su vida porque aunque escriban muchos, siempre en ellos están presentes las mismas obsesiones observadas desde distintos puntos de vista.

Los libros de Millás se han traducido a 23 idiomas. 

Para escribir, Millás prefiere madrugar. Cuando no está de viaje su rutina consiste en sentarse frente al computador a eso de las 6:00 a.m. hasta las 8:30 a.m. Es el tiempo que le dedica a sus “proyectos más personales”, como las novelas. Después desayuna, sale a comprar la prensa y da un paseo de entre una hora y hora y media. Cuando regresa se dedica a los compromisos más urgentes: reportajes, columnas, conferencias. Las largas tardes europeas procura destinarlas a leer.

Hace unos días estaba leyendo la biografía del inventor de la palabra ‘genocidio’, el jurista polaco Rafael Lemkin. Desde niño le ha interesado conocer el origen de las palabras.

– Siempre pensé que el diccionario era una especie de casa de fieras de las palabras. Del mismo que cuando vas al zoológico vas viendo a cada animal en su jaula, cuando visitas el diccionario vas viendo en su jaula a cada palabra. Y siempre fui muy aficionado a la lectura de los diccionarios y las enciclopedias.

En ‘Que nadie duerma’ los personajes se sienten atraídos por la música que se produce al mezclarse ciertas palabras. En cada página está presente también la música culta, la ópera, aunque Millás reconoce —con frustración— que no ha logrado ser un melómano. No ha conseguido que la música sea parte importante de su vida.

La novela se inicia con la historia de una mujer profesional que se queda sin trabajo y por lo tanto se compra un taxi, lo que, por otro lado, es un reflejo de la crisis económica de España, una situación que, dice Millás casi molesto, aún se mantiene. Gran parte de la clase media fue expulsada a la pobreza, y los pobres fueron expulsados a la indigencia. Desde entonces es una sociedad que tiene miedo.

– La clase media, que era una clase muy asentada, que pensaba que los hijos iban a vivir mejor que los padres, todas esas ideas, esas certidumbres, se las ha llevado el viento. De manera que estamos ante una sociedad muy frágil y muy resignada.

Alguna vez Juan José Millás se quedó sin un trabajo estable, aunque en un contexto muy diferente al de la mujer que protagoniza ‘Que nadie duerma’. Era 1993, él trabajaba en la aerolínea Iberia, y decidió renunciar para dedicarse a escribir, lo que no era, en su caso, un acto suicida, un salto al vacío o algo por el estilo. Tenía ciertas garantías, digamos, por lo que tampoco se le ocurrió comprarse un taxi como la protagonista de la novela, aunque hay que decir que Millás los contrata con frecuencia.
Los taxistas finalmente son una fuente de información preciosa sobre una ciudad para un escritor. No es casualidad, dice, que en los regímenes dictatoriales los taxistas suelan ser los confidentes de la policía. Pero el caso es que Millás renunció a Iberia sin poner en juego el pellejo, o el dinero para pagar las cuentas.

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– No había pensado en abandonar Iberia porque siempre me configuré como un escritor que tenía un trabajo del que podía vivir y que en su tiempo libre escribía. No me gustaba la idea de vivir de escribir porque me parecía que eso podía ser muy agobiante. Y mis modelos de escritores eran los que se habían ganado la vida con un oficio que no tenía nada que ver con la escritura. Kafka, que para mí siempre ha sido un modelo, trabajó en una oficina de seguros. En mi caso lo que sucedió es que ya tenía 43 años, y debía decidir. Mis novelas empezaban a producir unos derechos de autor interesantes, tenía mucha demanda para escribir en la prensa, así que renuncié a ese trabajo estable y bien pagado por la aventura de escribir. Fue una decisión bien tomada vista con perspectiva. Haber seguido en Iberia habría sido como decidir no crecer. Una decisión cobarde. Y esta idea fue lo que me impulsó a tomar la decisión.

Los libros de Millás se han traducido a 23 idiomas. Entre otros, ha recibido el premio Nacional de Narrativa en 2007 por su novela ‘El Mundo; el premio Don Quijote en 2009, y el Premio de Periodismo Cultural Manuel Vásquez Montalbán en 2011.

Los datos se confirman en las solapas de sus libros, mucho más confiables que Wikipedia, donde alguna vez escribieron fake news sobre él, como que era homosexual, o que se había casado con el escritor Sándor Márai. Las noticias falsas fueron corregidas por la enciclopedia, pero si se busca de nuevo su nombre aparece que Millás nació un 35 de junio…

Más allá de un artículo que hizo sobre las mentiras de Wikipedia no se le ha ocurrido escribir una ficción a partir de ese episodio, aunque podría ser inspiración para un cuento. En la literatura de Millás la realidad se mezcla con la fantasía, al punto que hay mujeres pájaro, como sucede en ‘Que nadie duerma’, y también en la vida real. Para la novela, lo influyó la historia de Minnie Woosley, más conocida como Koo – Koo, la mujer con apariencia de ave que hizo parte de la película de terror ‘Freaks’.

Entre otros, ha recibido el premio Nacional de Narrativa en 2007 por su novela ‘El Mundo; el premio Don Quijote en 2009, y el Premio de Periodismo Cultural Manuel Vásquez Montalbán en 2011.

– Fíjate que esa mujer no solo existió, sino que desapareció sin dejar rastro como si hubiera volado. Era un fenómeno de feria, la llevaban de aquí para allá mostrándola por su aspecto de pájaro, y un día desapareció y nunca se supo qué sucedió. Es una historia que me impresionó mucho.

La curiosidad y la manera en que Millás se acerca a esas historias fantásticas presentes en la vida real tiene que ver en buena parte con lo que les aconseja a sus alumnos de literatura: mirar siempre hacia otro lado, nunca al centro. Nunca vayáis al corazón. Toda la realidad está dispuesta para engañarnos. El modo de sorprender a la realidad, descubrir su trampa, es yendo de la periferia al centro, y no del centro a la periferia. El significado nunca está en el centro. El significado está en la periferia. La lección aplica para los periodistas, por supuesto.

Y aunque no es algo que aconseje propiamente, Millás por lo general no tiene idea de lo que sucederá en la siguiente página. No trabaja como un ingeniero: con un plano.

– Yo trabajo equivocándome mucho, dando marcha atrás. El instrumento de medida que tengo es el olfato, la intuición, la sensibilidad. Yo no puedo medir la resistencia de mis materiales narrativos como un ingeniero mide la resistencia de los materiales de un puente. Nunca sé a dónde voy. Por eso digo a veces que comenzar una novela es como comenzar un naufragio. El barco se acaba de hundir y tú debes ir hacia un sitio o hacia otro en función de lo que te vaya diciendo tu intuición.

Y un naufragio es, claramente, un conflicto. En el caso de Millás, si no tiene un conflicto, o si se encuentra demasiado bien, demasiado feliz, no escribe. Ni siquiera lee. Millás lee porque no encuentra en su medio respuestas a las preguntas que se hace. Y sin embargo, cuando está frente a una buena novela, sospecha que esa sensación de angustia que se siente ante la vida se atenúa. Lee, en definitiva, por las mismas razones por las que escribe: para combatir el caos.

En el cuento ‘Un raro bienestar’, escribió: “Las buenas acciones siempre me producen un raro bienestar. Por eso hago pocas: porque el bienestar es raro y me quita de escribir. Cuando soy feliz, odio escribir, que es lo que más me gusta”.

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