Padre Linero confiesa: "Estoy cuestionando mi vocación"

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El Padre Linero confiesa: "Estoy cuestionando mi vocación"

Mayo 27, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Camila Cardona e Isabel Peláez / Reporteras de El País 
Padre Alberto Linero

Felicidad. Es la palabra que mejor define al padre Alberto José Linero Gómez, mejor conocido como el Padre Linero. Esa misma que le ha permitido ganarse el corazón de casi todos los colombianos.

Especial para El País

Felicidad. Es la palabra que mejor define al padre Alberto José Linero Gómez, mejor conocido como el Padre Linero. Esa misma que le ha permitido ganarse el corazón de casi todos los colombianos. Y es que su sonrisa y su frase ‘el man el está vivo’ han sido los caballitos de batalla de este costeño como mensajero de Dios, desde que ingresó como seminarista a los 17 años.

Para algunos es una gracia divina, para otros su reconocimiento se debe a participar en medios y hay quienes aseguran que su carisma es algo propio de su región. “Nací en Santa Marta en 1968, un 20 de octubre, frente al mar, así que mi horizonte siempre ha sido la infinitud del océano. Viví en un barrio popular, en el barrio Olivo en Santa Marta”, cuenta.

Como él mismo asegura, fue “una niñez rodeada de las experiencias cotidianas de los jóvenes de esa época. Fui niño de los años 70 y adolescente de la mitad de los 80. Un niño común y corriente, con un papá fuerte, fiestero y trabajador. Con una mamá tierna, protectora, rígida en algunos aspectos, tuve cinco hermanos, con los cuales he tenido una excelente relación, soy el mayor y he sido el líder de la casa. Estudié la primera en una escuela pública, donde me encontré con todo tipo de personas que me enseñaron a irme forjando mi temperamento”.

Se define como ‘samarquillero’, ¿qué tiene de samario y de barranquillero?

Mi mamá es barranquillera y mi papá samario. Viví 16 años en Santa Marta, ciudad que amo y que me define por el mar y sus montañas. Pero a los 17 años me fui al Seminario Mayor de Barranquilla y nació mi relación con esa ciudad. Luego me fui a Bogotá a estudiar en la Universidad Javeriana teología y regresé a Barranquilla, donde trabajé 18 años en los que me volví tan barranquillero que mucha gente al verme cree que lo soy, porque tengo su capacidad de hablar, el amor por el Carnaval y el baile.

Y de rolo, ¿qué tiene?

Bogotá me acogió en dos etapas de mi vida, cuando vine de estudiar que fue muy difícil. Venía de una cultura diferente en la cual yo estudiaba filosofía escuchando a Diomedes Díaz. Era una vaina bacana tratar de entender a Hegel y Marx con esa música. En la capital me enfrenté a la música clásica en los sitios de estudio, el frío me pegó muy duro, pero como todo en esta vida, me adapté, ahora entiendo que Bogotá es la ciudad de todos los colombianos.

Es comunicador, padre, escritor y conferencista. ¿Cómo es tan versátil?
Me definiría como un ser feliz, la clave está en hacer lo que a uno le gusta. Me gusta escribir y lo hago, a diario escribo una página de algún libro —unos no se han publicado pero ya están escritos—. Hasta he narrado fútbol.

¿Le hace falta la paternidad? ¿O le basta con sus 10 sobrinos?

Todavía estoy a tiempo (se ríe). No deseo lo que no tengo. No estoy pensando en tener hijos, no me ha hecho falta, tengo una muy buena relación con mis sobrinos, tengo 10.

¿Qué tipo de papá cree que sería?

No creo en los papás amigos. Los amigos los pueden encontrar en cualquier parte, pero a un papá no. Yo sería un papá que tiene una autoridad dada por la coherencia y el ejemplo de vida y que conversa las reglas. Sería un bacán, uno que les habla, que disfruta con ellos, que no jode tanto la vida, a veces los padres ponen reglas que ni ellos podrían cumplir.

¿Cuáles son sus pecados capitales?

Mi primer gran pecado es que no me contento con poco, quiero bastante siempre. Segundo, no tengo problema en decir que he tenido malos pensamientos, es algo muy normal. Y tercero, tengo temperamento fuerte, si me emputo lo hago notar, no me dejo de nada, ni de nadie. Esos serían mis pecados ya que me están confesando.

¿Y la gula ya no es su pecado? ¿Por qué decidió bajar unos kilos?

Es que soy de los que se toman un vaso de agua y sube dos kilos. Por muchos años nunca me interesó mi aspecto físico, yo ando con mi barba y mi cabello despelucado y me baño en contra de mi voluntad. Estuve al borde de la diabetes. Un médico me dijo ‘baja de peso o se convierte en diabético de por vida’. Cambié mis hábitos alimenticios, me dediqué y bajé 42 kilos. Estoy escribiendo el libro ‘Me quité un peso de encima’.

A propósito: ¿De dónde saca esos títulos tan creativos?

Tengo que decir que los títulos me fluyen tanto que en Editorial Planeta una vez me pidieron que fuera a los comités creativos para proponerles títulos, pues se me ocurren con facilidad. He sido bueno pa’ echar cuento. Me he ganado la vida con el sudor de mi lengua.

¿Y cómo surge la idea de su más reciente libro ‘Dios es mujer’?

Siempre he sospechado que la relación con nuestras mujeres no es sana, comencé a asustarme cuando en el confesionario o en el diálogo pastoral
vi tanta mujer maltratada. Dije ‘como un líder espiritual debo aportar algo’. Inicié con una investigación, con unos seminarios llamados ‘Mujeres con propósito’ y me documenté.

¿Qué rasgos femeninos tiene Dios?

Un pocotón. Dios aparece en el antiguo testamento como una madre. A mí me encanta eso, el profeta Isaías lo presenta como una mamá que ama, cuida y protege. Lo muestra como una madre que sufre por nosotros. Eso me emociona. Creo que el rasgo de “madre” es lo más fuerte que en la Biblia se nos presenta de Dios.

¿Su libro tiene que ver con los abusos y acosos ocurridos en el espectáculo?

Claro que sí. Me impresionó mucho el ‘Me too’, hablar con mujeres y entender que para ellas los piropos son invasivos y el acoso que muchas sufren en muchos espacios, por ejemplo, en el transporte público. El tema del libro tiene que ver con la actualidad y con un mundo en el que los hombres hemos abusado de las mujeres y esto no puede seguir.

¿En cuanto a política, por qué tipo de presidente se inclina?

Es un tema difícil, a mí unos días los de derecha me insultan y luego los de izquierda por lo que digo en mi programa (Mañanas Blu, en Blu Radio). Solo te puedo de decir que quiero que este país se construya entre todos desde la tolerancia y la diferencia. Creo en la necesidad de inversión social y de equidad.

¿Cree en la continuidad del Proceso de Paz?


Creo que no hemos firmado la paz. Firmamos unos acuerdos que propician espacios de paz, pero para tener paz tendremos que construirla todos. Estoy de acuerdo con mucho de lo firmado y creo que el Estado debe sacarlos adelante, que hay unas cosas que se pudieron manejar de una u otra manera y, aunque tenga críticas, ha sido una cosa muy buena para nuestro país. Hay que seguir construyendo un mundo en el que podamos compartir sin matarnos. Hemos confundido justicia con venganza y perdón con impunidad.

¿Por qué dice que sin leer una persona no es totalmente feliz? ¿Qué lee?

Aprendí a leer muy temprano, mi abuela Cleotilde Igirio, que era analfabeta, me decía que había que leer, comencé a devorar libros y ahí nació esa relación apasionada con ellos. Yo seguiré leyendo hasta el día en que me muera y si en el cielo hay bibliotecas, como espero, seguro estaré ahí metido. Leo de todo, desde un artículo en una revista en SoHo, hasta un texto bíblico que me aprendo de memoria, leo a García Márquez, mi autor favorito.

¿Cuál es su libro favorito?

Amo leer ‘El amor en los tiempos del cólera’. Lo leo cada tiempo y lo repito cada que puedo.

Confesó que había leído el libro erótico ‘50 sombras de Grey’, ¿es cierto?

No llegué a las 50, me quedé en las 25, comencé a leerlo, incluso decirlo me causó unas críticas terribles, me cayeron a palos, como siempre. Lo leí por curiosidad, pero llegó un momento en el que iba en contra de mi manera de entender la sexualidad y la dignidad humana y tuve que suspenderlo.

¿Ha pensado en colgar la sotana?

En este momento estoy en un año sabático, un año en el que no tengo actividades pastorales públicas, estoy en un tiempo de pensar, de revisar cosas, de preguntarme por la vida y estoy cuestionando mi vocación. No tengo decisiones claras, pero estoy en ese plan, debe ser la crisis de los 50, estoy dándome la oportunidad de pensar cosas, y no tengo miedo de decirle a Dios: “Oye, quiero servirte de otra manera”, no soy cura por obligación. Si decido que no sigo, pues “no” y punto. Y como soy dueño de mi vida lo hago con tranquilidad y nadie me va a... tú sabes.

En Cali se dio el caso de Gonzalo Gallo, que renunció al sacerdocio, a él lo cuestionaron porque se pensó que renunciaba por un lío amoroso...


Sí, en el caso mío todavía no. Pero no tengo miedo. Si pasa las llamo y les digo: ‘Conseguí a una vieja extraordinaria’.

Un papá para todos

Alberto Linero es el mayor de los seis hijos de Rocina Gómez y Carlos Alfonso Linero Masa. “Se fue al seminario a los 17 años, yo tenía 7 y él estudiaba en Santa Marta en un colegio dirigido por el sacerdote Francisco Bedoya (fallecido), y de él aprendió esa vocación de servicio social. Siempre escuché que mi papá estaba un poco molesto de que se fuera a ordenar, él lo visualizaba como un ingeniero o un arquitecto, eso quería para su hijo mayor. Aunque en un principio mi padre estaba disgustado, con el tiempo entendió que su decisión fue la mejor que pudo tomar y la respetó. Ahora está muy feliz con lo que él ha hecho”, dice Alexander Linero, hermano menor (Alberto le lleva 10 años).

Agrega que toda la familia se siente agradecida con Dios por su vocación y que hasta se confiesan con él. “Yo lo hice durante 14 años que trabajamos juntos, y más que una confesión, era una charla en la que le contaba las cosas que estaba haciendo y él me orientaba de la mejor manera. Ahora, por el tiempo y las distancias, es más difícil”.

Dice que Alberto ha sido para él y sus hermanos como un papá. “Todos le consultamos cómo debemos actuar, por ser el hermano mayor lo vemos como la autoridad que sigue luego de mis papás. Siempre lo vi como un líder, así lo recuerdo desde niño dándonos instrucciones, indicándonos cómo debían ser las cosas, cómo comportarnos, dándonos la ruta a seguir, siempre fue nuestra guía, nuestro faro”.

Para Alexander, “Alberto es un ser con un alma generosa. En su corazón no cabe un mal sentimiento, no sabe de odio ni envidia, además es muy inteligente, constante, disciplinado”.

Además de su fe los hermanos comparten el fervor por el fútbol. “Cuando yo vivía en Cartagena y él en Barranquilla, los sábados y domingos era religioso ir a los partidos del Unión en Santa Marta. Yo viajaba en un transporte público hasta Barranquilla y de ahí nos íbamos en lo que fuera hacia Santa Marta y salíamos rapidísimo, porque él siempre tenía una misa a las 8:00 p.m. en Barranquilla”. Otra vez, en el Estadio Monumental de Argentina, viendo un partido, su hermano lanzó muy duro una expresión muy costeña, pensando que allí nadie lo reconocería, “pero, de repente, voltea una muchacha y le dice con cara de asombro: ‘¿Padre Linero, vio lo qué dijo?’. Fue algo muy chistoso”.

Y es que el propio sacerdote admite: “Como hincha lo he hecho todo, he llorado por el Unión Magdalena, he dejado de comer para ir al estadio, he gritado todas las vulgaridades que me sé, he estado al borde de irme a las manos con alguien que ha hablado muy mal del equipo (cuando era joven)”.

Alejandro Guedez Veracoechea, asistente del padre Linero, dice que a este “lo llama muchísima gente por muchos motivos, el principal, que ore por ellos, por sus necesidades. Lo invitan a eventos, le solicitan que los confiese, pero el tiempo no le alcanza”.

Al sacerdote, quien tiene en Twitter @plinero 2.8 M seguidores, y en @elmanestavivo 8329 “lo siguen jóvenes, y los más asiduos son de más 40 años, incluso personas sin creencias religiosas o católicas asisten a sus eventos y escuchan sus mensajes”, agrega Alejandro. Un ejemplo es la sexóloga Flavia Dos Santos: “Soy atea, pero él es el único cura al que le hago caso. Es capaz de entender y respetar la diferencia de opinión. No se apoya en argumentos clichés o dogmáticos de la iglesia, lo que me gusta de Alberto es su capacidad incluyente, le creo cada palabra y todos los días hago sus tareas”.

Dios es mujer

El padre Linero es tan rebelde como la novicia de la película, al punto que en su libro ‘Dios es mujer’ ideó diez mandamientos dirigidos exclusivamente a las mujeres. “Es un manifiesto antimachista. Escrito por un caribe y tú sabes que el mundo caribe es machista, por un hombre de casi 50 años y por alguien que vive en la iglesia católica y esta es una iglesia patriarcal, así a algunos no les guste. Y sí, un hombre con esas características, ha escrito un manifiesto que quiere empoderar a las mujeres y derribar de los hombres esos esquemas machistas”.

Afirma que el libro es para que lo lean tanto hombres como mujeres. “Es para que nosotros nos cuestionemos por los comportamientos que tenemos y para invitar a las mujeres a ser dueñas de su vida, tener un proyecto, luchar por sacar adelante sus sueños, no depender de nada ni de nadie, construir la vida en interdependencia pero no dependiendo de los otros. Mujeres capaces de crear proyectos con su propia economía, riqueza emocional y sus sueños, que se relacionen en equidad con los varones”.

Para Linero, “no existe ninguna razón en la Biblia para sostener el machismo, ninguno de sus textos puede ser leído en clave machista. En el Antiguo Testamento hay imágenes femeninas que muestran a Dios y que dan argumentos para enfrentar el mundo. Por eso escribí diez mandamientos o tareas para que las mujeres los peguen en la puerta de la nevera o el clóset y recuerden, constantemente, cómo debe ser su vida. No creo que la mujeres deben estar sometidas a nadie, deben ser autónomas y construir complementariamente su relación”.

Aunque apoya los movimientos feministas, difiere con la idea de que las mujeres quieran verse superiores a los hombres. “Ni son mejores ni son peores, son distintas a los hombres e igual nosotros. Cuando el feminismo trata de demostrar relaciones de superioridad, lo que hace es reproducir esa situación que el machismo nos ha hecho vivir. Las mujeres tampoco deben ser hombres, deben acceder al mundo con sus capacidades y cualidades, desde sus diferencias. De resto estoy de acuerdo con nuestras feministas y se deben apoyar”.

El autor de ‘¿Qué tiene que no tenga yo?’ coincide con Gabriel García Márquez en que “el corazón tiene más cuartos que un hotel de putas”, “uno puede estar enamorado de más de una persona al mismo tiempo, con el mismo dolor y la misma pasión, pero a pesar de eso, se puede ser fiel, si se construyen bien las relaciones y se procura una vida feliz”.
Aunque defiende la institución del matrimonio, dice que “si los curas no nos casamos, ¿por que criticar a quienes no se casan? Uno es libre de hacer con su vida lo que quiera, el que no se casó no se casó”.

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