El experimento

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El experimento

Septiembre 25, 2018 - 11:50 p.m. Por: Emilio Sardi

Vale la pena repasar las enseñanzas que dejó el día sin carro que vivió la ciudad el sábado pasado.

La primera es que sin transporte privado la ciudad muere en su vida productiva, social, cultural y colectiva. Quienes celebraban porque con ese día se reduciría la dependencia del vehículo motorizado se equivocaron. Ese sábado Cali no vivió un día normal, de gente activa, trabajando y viviendo su vida corriente sin necesidad de su carro o de su moto, sino un día de una ciudad en reclusión forzada. Cali fue una ciudad fantasma.

Como era de esperarse al guardar a la gente en sus casas, en ese día se redujeron a cero los homicidios y ‘sólo’ reportaron (¡en una ciudad sin carro!) ocho accidentes viales. Esto obviamente genera el riesgo de que salgan ahora los variopintos observatorios, colectivos y demás grupos que congregan a los fanáticos enemigos del transporte automotor a proclamar ese gran descubrimiento y a pedir la eliminación total de los carros y las motos, como su solución definitiva a los problemas de seguridad de la ciudad.

Por otra parte, el sábado se probó una vez más que nuestro transporte público es ineficiente e insuficiente. En una ciudad de dos millones y medio de habitantes, el MÍO, a plena capacidad, transportó apenas a poco más de 200 mil (ida y vuelta), y lo hizo mal y con esperas desesperantes. Esto mientras otros medios de transporte público, como los taxis, prestaban también un servicio pobre.

También fue evidente que la tan cacareada cultura de la bicicleta existe solo en los sueños de unos cuantos fanáticos en la Alcaldía. Si un experimento hubiera servido para probar cuán dispuestos están los caleños a pasarse a la bicicleta era ese día sin carro. En las calles vacías nunca se vio la ‘multitud’ de ciclistas que dizque usará los cientos de kilómetros de ciclorrutas que le viene arrebatando la Administración al resto del tráfico.

En cuanto a la contaminación atmosférica, algo bajan algunos gases, pero el material particulado aumenta por la mayor y más libre circulación de los buses, que son los grandes contaminantes. De todos modos, esa era sólo una excusa de la Administración para imponer su capricho de ‘la bici’, pues evidentemente el aire limpio no es de su interés. De serlo, no permitiría que cerca de la mitad de los vehículos que circulan por Cali carezcan de revisión, y sacaría de las calles a las innumerables chimeneas ambulantes que las contaminan.

Las urbes competitivas del mundo tienen sistemas integrados que combinan transportes masivos eficientes y esquemas de vehículos y motos modernos, cada vez más limpios, con la infraestructura vial requerida. Prohibir los carros no será solución para Cali. La inversión en la infraestructura vial -una de las más rezagadas del mundo- es lo determinante. Quiéranlo o no, Colombia va a crecer su parque automotor aún más, pues tiene menos vehículos por habitante que el promedio latinoamericano y está muy lejos de los países desarrollados. No será con bicicletas y caminando como llegaremos a los niveles de competitividad de las ciudades en esos países.

En los países civilizados que tienen un día sin carro, el no uso del vehículo es voluntario y no forzado. En Cali decidieron copiar a Bogotá, que es tal vez la única ciudad del mundo que tiene un día sin carro obligatorio. Pareciera que el experimento del sábado pasado también demostró que la imbecilidad es contagiosa.

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