Crispetas con marihuana y 'jarabes' con gaseosa: se dispara el consumo de drogas en Cali

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Crispetas con marihuana y 'jarabes' con gaseosa: se dispara el consumo de drogas en Cali

Julio 22, 2018 - 07:55 a. m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / El País 
Drogas sintéticas

En Cali la mayoría de los consumidores de drogas son policonsumidores. Es decir, no son adictos a una única sustancia, sino a varias. Está creciendo el consumo entre las mujeres. Uso de heroína aumenta en habitantes de calle pero también en universitarios.

El País

O el mundo no consigue ser feliz por sí mismo, o es demasiado curioso, o se siente solo, o tal vez necesita relajarse, o divertirse, o quizá requiere de una pócima que le dé mayor energía para rendir, para dejar de ser tímido, a lo mejor para enfrentar algún miedo, tal vez lo que en realidad pretenda es envenenarse, o todas las anteriores, pero lo cierto es que pese a las consecuencias, cada vez más gente consume drogas.

Solo en el año 2016, 275 millones de personas entre los 15 y los 64 años – casi siete veces la población de Colombia - admitieron haberlas consumido por lo menos en una ocasión, según el Informe Mundial sobre Drogas 2018, presentado en Viena por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc).

En Cali la edad promedio de inicio del consumo es un poco antes: 12 años, es decir niños, la mayoría estudiantes de colegio, según los registros de la Secretaría de Salud Municipal, sustentados en informes nacionales.

El Informe Mundial sobre drogas dice también que en 2015 fallecieron aproximadamente 450.000 personas como consecuencia del consumo: o por sobredosis, o por enfermedades como el Sida o la hepatitis C adquiridas por utilizar drogas inyectables tipo heroína. Algunos acostumbran a intercambiar las jeringas.

El año pasado Cali sumó 22 casos; 22 ciudadanos murieron por consumir drogas.

La epidemióloga de la Secretaría de Salud, Claudia Patricia Mora, explica que el 77% de los fallecidos fueron hombres, la mayoría jóvenes: tenían un promedio de 39 años. Dos de las personas muertas eran habitantes de calle. El 41% eran casados. Los meses con mayor número de casos fueron julio y diciembre.

El toxicólogo de la Secretaría de Salud, Jorge Quiñones, quien entre otras cosas fue amigo del escritor Andrés Caicedo y lo llegó a atender “cuando Andrés azotaba las calles de Cali”, calcula que solo en lo que va de 2018 ha recibido 63 llamadas relacionadas con pacientes con sobredosis de droga aunque por fortuna sobrevivieron.

El Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas estimó, por cierto, que para el 2016, en Cali 3501 personas consumían heroína inyectada. 526 asisten actualmente al “local” – así le llaman – un lugar ubicado en el barrio Sucre del centro donde las personas registradas en el programa de “mitigación de riesgos” de la Secretaría de Salud reciben material higiénico como curas y jeringas para que se inyecten sin la amenaza de contraer Sida o Hepatitis.

Quince de ellos, dicen en el equipo de salud mental de la Secretaría liderado por la especialista Maritza Isaza, recibieron el año pasado tratamientos con metadona. Es un medicamento que evita que las personas que quieran dejar la heroína sientan dolor y ansiedad en los periodos de abstinencia.

Para este año se espera que sean 25 los que reciban el tratamiento. Son muchos los que quisieran acceder– incluso hay una larga lista de espera – pero el presupuesto público de momento solo alcanza para esos cupos. En promedio, un tratamiento con metadona puede costar entre 4 y 5 millones de pesos mensuales, y en Cali son pocas las instituciones médicas que tienen la experiencia y los insumos para ofrecerlo.

Con otra variable que se debe considerar: A diferencia de otras ciudades del país, el consumo de heroína en la ciudad se concentra en habitantes de calle. Carolina Vidal Vélez, del equipo de Salud Mental de la Secretaría de Salud, dice que eso es posible porque la heroína en Cali es mucho más barata debido a la cercanía con los departamentos por donde ingresa, como el Cauca, y la alta demanda. Una bolsa alcanza para cuatro inyecciones, y puede costar $6000, cuando en otras ciudades el precio es tres veces mayor.

Los adictos en Cali también tienen la posibilidad de comprar la mitad de la bolsa, así que les sale a $3000. Y en la calle hacen “vaca” para comprar una bolsa entre varios. Al día se inyectan entre cuatro y seis veces.
Volviendo al Informe Mundial sobre drogas de la Unodc, se advierte que en el mundo “se ha producido un aumento del consumo con fines no médicos de medicamentos sujetos a prescripción médica”, lo que también sucede en Cali.

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La oferta de clonazepam “es extraordinaria”, dice el toxicólogo Jorge Quiñones, queriendo decir que se consigue fácilmente. Se trata de un medicamento que por lo regular los médicos recetan para personas que sufren de pánico, o fobias. También es un anticonvulsionante, propicio para personas con epilepsia, aunque en Cali los consumidores lo utilizan para “desconectarse”.

Sin embargo eso no es noticia. El clonazepam ha existido desde hace décadas con otros nombres. Lo nuevo es que a los jóvenes les dio por tomar jarabes para la tos que contengan codeína, una sustancia extraída del opio, menos tóxica que la morfina, que se emplea en medicina como analgésico y narcótico para calmar la tos y curar la diarrea.

Los consumidores están diluyendo el jarabe en gaseosas. A algunos los relaja, otros sienten euforia, y el problema, dice Henry Aristizábal, un exconsumidor de cocaína que dirige la Fundación Pescador de Hombres, es que ahora cualquiera puede elaborar la droga sin salir de casa, lo que hace más complicado para la familia detectar el problema a tiempo.

De hecho, hay muchachos de colegios de Cali que elaboran crispetas a las que, en vez de mantequilla, le agregan aceite de marihuana. Otros hacen pasteles de chocolate y cannabis de alta concentración con un toque de polen, que a simple vista parecen una delicia. También ponen a hervir leche, le agregan moños de marihuana, cuelan el líquido y después le agregan Milo, un batido al que llaman “mágico”.

“Los consumidores nunca han tenido a su alcance tal variedad de sustancias y mezclas de sustancias”, agrega el Informe Mundial sobre las Drogas. La psiquiatra y especialista en adicciones Delia Hernández, directora de la Fundación Forjar Colombia, está de acuerdo con esa afirmación.

La doctora Delia ha registrado casos de personas en Cali que consumen tramadol mezclado con otras sustancias para sentirse “con más energía”, cuando en realidad es un analgésico que alivia el dolor actuando sobre células nerviosas de la médula espinal y del cerebro. La OMS asegura que después de tomar tramadol durante algunas semanas, puede crear dependencia física.

Otros consumen benzodiacepinas, es decir, sedantes hipnóticos. También ketamina, un anestésico para gatos y para caballos. Los que lo consumen en dosis altas dicen que experimentan alucinaciones, aunque si se exceden pueden llegar a padecer amnesia en el mejor de los casos, y en el peor, la muerte.

El Informe Mundial Sobre Drogas dice también que los jóvenes consumen preferiblemente en “clubes de ambientes nocturnos”, en el caso de las personas adineradas, o como sucede en Cali, en discotecas y fiestas, donde, advierte la doctora Delia Hernández, está disparado el consumo de ‘tusi’, también llamada ‘cocaína rosada’.

Se trata de una droga preparada a base de ketamina y otras sustancias estimulantes o depresores del Sistema Nervioso. Se comercializa por puntos. “Un punto” equivale a un gramo, que puede costar entre $80 y $100 mil pesos, y se consigue fácilmente en un expendio del barrio Alto Nápoles, al sur de la ciudad.

El efecto después de cada “olida” pueda durar entre 10 y 20 minutos, y la persona incrementa las percepciones, alerta los sentidos, lo que estimula el erotismo. Hernán Molano, director de la Fundación Albalá, conoce historias de adolescentes que consumen ‘tusi’ para participar en orgias.

Molano sospecha que entre los jóvenes de la ciudad hay una reinterpretación de la sexualidad, a la que no le dan mayor valor. Nos acostamos todos con todos. No hay conquista, ni elecciones. “Una práctica muy instintiva, como de animalitos”.

Pero no solo son los jóvenes los que están consumiendo. El Informe Mundial dice que el consumo de drogas ha aumentado “a un ritmo más rápido en las generaciones mayores (de 40 años en adelante)” y esto probablemente corresponda a personas que en su juventud vivieron el boom de las drogas en los 60, dejaron de consumir, y volvieron a hacerlo, o que simplemente no se detuvieron.

Según los registros de la Secretaría de Salud Municipal, en Cali 8616 personas solicitaron consultas médicas relacionadas con problemas por el consumo de drogas durante 2017, y aunque la mayoría tenía entre 15 y 24 años, en los mayores de 50 se detectó un inesperado aumento de las consultas, sobre todo por trastornos mentales ocasionados por el alcohol.

Hay otros datos del Informe Mundial que coinciden con lo que sucede en la ciudad. Como que la droga predilecta de los jóvenes sigue siendo la marihuana, aunque la combinan con cocaína, licor u otras sustancias.

Al igual que en el resto del mundo, los jóvenes en Cali son “policonsumidores”, dice Victoria Eugenia Correa Rentería, Directora Ejecutiva de la Corporación Caminos, donde le brindan tratamientos a adolescentes de entre los 12 y los 17 años.

El Informe Mundial también dice que hay retrasos en la atención a los consumidores. Una de cada seis personas que padece trastornos por consumo de drogas recibió tratamiento en 2016.

En Cali pueden transcurrir meses, o incluso años, para que una EPS autorice que una persona sea internada en un centro de rehabilitación, y es una decisión que no da espera. La motivación del consumidor para alejarse de las drogas es el primer movimiento para rescatarlo.

Sin tratamiento se corre el riesgo de acudir a las drogas una y otra vez para supuestamente no sentirse solo, o relajarse, o divertirse, rendir más, dejar de ser tímido, enfrentar algún miedo, en realidad envenenarse. El mundo aún no consigue ser feliz por sí mismo o es demasiado curioso.

Mapa de las drogas en Cali
La marihuana, la más usada por estudiantes
marihuana

Planta de marihuana de un club cannábico de Montevideo (Uruguay).

EFE/ El País

Según el ‘Estudio de consumo de sustancias psicoactivas en población escolar 2016’, presentado este mes por el Gobierno Nacional, la marihuana “por un amplio margen” es la sustancia ilícita más usada entre los estudiantes colombianos, y la prefieren con la más alta concentración posible.

Es decir: 7 de cada 10 estudiantes que manifestaron consumir marihuana dentro del último año, reportaron haber consumido cannabis tipo cripy.

Después de la marihuana, dice el informe, los inhalables, la cocaína y los tranquilizantes sin prescripción médica son las sustancias de más prevalencia de uso entre los escolares. En el grupo de los inhalables se encuentra el popper como la segunda sustancia ilícita más consumida.

El estudio igualmente encontró una situación que sorprendió a los investigadores. Las mujeres escolarizadas están consumiendo más alcohol que los hombres, al igual que tranquilizantes sin prescripción médica, y sustancias ilícitas inhalables como pegantes, solventes, pinturas. “Lo anterior muestra la necesidad de brindar a los escolares programas de prevención del consumo con un enfoque diferencial de género”, se lee.

El documento también señala que, pese a las prohibiciones, los menores de edad consideran que es bastante fácil conseguir drogas.

Un 70,2% de los alumnos consideran que es fácil comprar alcohol, por ejemplo. La marihuana es la sustancia ilícita que el mayor porcentaje de los estudiantes declara conseguir con facilidad, seguida del basuco, la cocaína, los inhalables y el éxtasis.

Igualmente, uno de cada 5 estudiantes ha recibido ofertas para probar alguna sustancia psicoactiva alguna vez, “quedando así constatada también la necesidad de fortalecer los controles hacia la oferta orientada al consumo de drogas licitas e ilícitas en los estudiantes entre los grados séptimo a undécimo”.

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Victoria Eugenia Correa Rentería, Directora Ejecutiva de la Corporación Caminos, asegura, a propósito, que la “presión de los pares”, es decir los compañeros de salón, es uno de los principales riesgos y motivos por los que algunos menores de edad inician el consumo de drogas. “Los padres deben darles criterios a los niños para que aprenden a soportar esa presión y decidir lo que les conviene o no pese a la presión social”.

El ‘Estudio de consumo en población escolar’ demostró precisamente que los niños y adolescentes que cuentan con padres o adultos cuidadores muy involucrados en sus vidas, “presentan la mitad de los niveles de prevalencias de consumo, frente a aquellos niños y adolescentes cuyos padres o adultos cuidadores están poco involucrados”.

Legales

El doctor Eduardo José Bueno Piñeros, del área de Neuropsicología Clínica del Centro Médico Imbanaco, asegura que las sustancias más usadas en Cali son las legales, el alcohol y el tabaco, este último altamente adictivo.

“Ambas son sustancia psicoactivas como las demás. Y son motivo de cuidado las nuevas sustancias denominadas de diseño como la cocaína rosa. Aún no se sabe mucho sobre sus efectos a largo plazo”.

Con respecto a la mujer, advierte que el impacto de la violencia, y de los traumas infantiles, “la hace más vulnerable a abusar de sustancias psicotrópicas”.

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