¿Cómo descubrir a un feminicida? Estos son los rastros de sus crímenes

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¿Cómo descubrir a un feminicida? Estos son los rastros de sus crímenes

Marzo 18, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos /El País
¿Cómo descubrir a un feminicida? Estos son los rastros de sus crímenes

Cuando el patólogo de Medicina Legal observó la primera foto de la escena del crimen de Beatriz Zuleima Tróchez, hallada en la habitación de un motel del sur de Cali, dijo sin dudarlo:

– Estamos ante un feminicidio.

Beatriz Zuleima tenía su cuerpo cubierto por una sábana. Como si durmiera. Apenas se veía su cara. Los feminicidas, continuó el experto, suelen cubrir a sus víctimas. Es una forma de decir: ese cuerpo me importa.

En la habitación del motel donde se encontraba Beatriz Zuleima los investigadores de la Unidad de Feminicidios hallaron rastros de sangre imposibles de detectar a simple vista.

Para encontrarlos utilizaron un reactivo químico llamado BlueStar que revela manchas de sangre así hayan sido lavadas. A Beatriz la golpearon. También la asfixiaron.

Los investigadores debieron tomarle sus huellas digitales y cotejarlas con los datos de la Registraduría para identificarla. Nadie en un motel deja sus datos a la entrada.

Lea también: '¿Por qué no funciona la ruta para prevenir violencia contra las mujeres en Cali?'.

Con su nombre confirmado, los agentes descubrieron parte de su historia. Un proceso en el Instituto de Bienestar Familiar para entregar a su hija en adopción. Una pareja que presuntamente la maltrataba: David Alonso Osorio Villada.

Los investigadores de la Unidad de Feminicidios creen que él sería el responsable de la muerte de Beatriz Zuleima. Para salir del motel David Alonso aseguró que se dirigía a comprar arroz chino. No volvió. Después de dos semanas de recabar entrevistas y pruebas, entre ellas las imágenes de las cámaras de seguridad del motel, lo capturaron.
Lo acusan de feminicidio agravado y acceso carnal violento. De resultar culpable, le esperan 50 años de cárcel.

Con el BlueStar, los investigadores de la Unidad de Feminicidios descartaron también que Leidy Tatiana Vidal se suicidó. Esa era la versión que había entregado Fabián Guillermo Pareja Espinosa, su compañero sentimental. Todo sucedió el 6 de abril de 2017. Leidy Tatiana, apenas 22 años, fue llevada por Fabián al Hospital La Buena Esperanza de Yumbo sin signos vitales. Allí juró que Leidy se había ahorcado.

En la autopsia que realizó Medicina Legal se comprobó que era mentira. Leidy tenía un trauma en la cabeza. Nadie que se va a ahorcar se golpea la cabeza. Además las heridas que le hicieron sus brackets revelaron una información valiosa: alguien le había puesto una mano con demasiada fuerza sobre su boca para sofocarla.

Un familiar de Leidy denunció también que Fabián Guillermo la maltrataba. Con el BlueStar los investigadores encontraron rastros de sangre en la casa donde sucedieron los hechos. Los rastros eran de hacía meses. La sangre puede ser encontrada incluso años después de derramada.

El 3 de enero de 2018, los agentes de la Unidad de Feminicidios capturaron a Fabián Guillermo.

A Jhon Édgar Hernández, ‘El Zarco’, lo capturaron en cambio en marzo de 2017, después de 8 meses de investigaciones. Lo encontraron en la terminal de transportes de Buga, tras una llamada que le interceptaron.
‘El Zarco’ fue condenado a 32 años de cárcel por el feminicidio en un motel del centro de Cali de su novia, Sandra Marcela Sierra. Cuando ‘El Zarco’ mató a Sandra, llamó a la madre de la víctima.
– Ahí le dejo a su hija muerta– le dijo.

La Unidad de Feminicidios está integrada por dos fiscales, sus correspondientes asistentes y seis investigadores judiciales. Su tarea es establecer, cuando asesinan a una mujer, si se trata de un feminicidio o un homicidio. Aunque la consecuencia es la misma, son dos asuntos distintos.

Con la Ley 1761 de 2015, también llamada Ley Rosa Elvira Cely, quien fue golpeada, violada y empalada en el parque Nacional de Bogotá a manos de Javier Velasco, un compañero de estudio, el gobierno tipificó el feminicidio como un delito autónomo, con penas autónomas – hasta 50 años de cárcel – e investigadores dedicados a perseguir a los responsables.

Las denuncias por estos casos ingresan a la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía, URI. Allí un fiscal hace un filtro para determinar si se está ante un feminicidio o un homicidio, y remite el expediente a la dependencia correspondiente.

El pasado martes 13 de marzo, justamente, asesinaron a una mujer en Cali. Después de recoger testimonios, se estableció que ella tenía vínculos con una organización delincuencial. Al parecer se había quedado con el dinero de una transacción de venta de drogas. El fiscal de la URI determinó que se trató de un homicidio.


El feminicidio se tipifica cuando asesinan a una mujer por su condición de género. O por su orientación sexual (lesbianas, transexuales); o cuando su victimario es un familiar, su pareja generalmente; o cuando antes de asesinarla, la instrumentalizan. Es decir: la convierten en un objeto de un patológico placer. Según Diana Russell, la activista y escritora que utilizó el término por primera vez en los años 70, feminicidio es el asesinato de una mujer por parte de un hombre, motivado por sentimientos como odio, desprecio, placer o sentido de posesión.

Los investigadores de la Unidad de Feminicidios sospechan que tras el asesinato de Yuliana Toro Chicaíza, una jovencita de 16 años cuyo cuerpo fue encontrado dentro de una bolsa en un antejardín del barrio Pízamos, habría o un celoso o un proxeneta. Yuliana tenía dos meses de embarazo. Quien la asesinó se ensañó con su rostro. También con su vientre. Efectivamente, un feminicidio.

Lea también: 'Las mujeres que en Cali luchan contra las violencias de género'.

El psiquiatra forense Óscar Díaz, el mismo que participó en la investigación para capturar al asesino serial de niños Luis Alfredo Garavito, y quien ha estudiado los asesinatos de mujeres en Cali, asegura que los feminicidas golpean a su víctima en la cara para desfigurarla. Como diciendo: la que algún día fue mía, ya no existe. Si se relaciona con otro, será otra mujer, pero no la que me perteneció; si no es para mí, no es para nadie.

Es la misma lógica de quienes atacan a sus parejas rociándoles ácido. O quizá la manera de pensar de alias Puyol, capturado por presuntamente golpear 35 veces a su compañera sentimental con un martillo.


En la Unidad de Feminicidios aseguran que lo más difícil de su trabajo son los prejuicios de algunos jueces y defensores públicos. Algunos de ellos consideran aún que una mujer no debe estar en la calle después de las 8:00 de la noche; algunos jueces y defensores públicos piensan que si a una mujer la mataron tras una infidelidad, “de alguna manera se lo buscó”.

Una buena parte de la sociedad tiene arraigado en el imaginario aquello de que como la mujer supuestamente fue hecha de la costilla de Adán, es un ser que debe estar al servicio del hombre.

El machismo, diagnostican los fiscales de la Unidad de Feminicidios, es una construcción cultural en la que la religión ha tenido mucho que ver. También el ejemplo en casa. Hogares donde se hace lo que diga el papá sin importar lo que piense la madre. Al punto que entre algunas mujeres se evidencia eso: machismo. Suponer que la mujer es propiedad privada del hombre, luego él decide sobre su vida.

A lo mejor esa idea pasó por la mente de Johan Francisco Ospina, el peluquero del barrio Alameda de Cali que asesinó a su pareja y a sus hijos. Primero, en la comida, les suministró un somnífero. Ya dormidos, los degolló con máquinas de afeitar Minerva.

Los investigadores de la Unidad de Feminicidios aseguran que los asesinos de mujeres planean sus crímenes. Imitan lo que ven en los documentales sobre supuestos homicidios perfectos: cambian la escena del crimen, limpian los cuerpos, preparan coartadas.

En algunos casos los feminicidas, después de asesinar a su pareja, se suicidan. El psiquiatra Óscar Díaz dice que opera la idea de que si la mujer no es para ellos, tampoco ellos sirven para nadie. Otros se entregan a la justicia, y no por arrepentimiento.

Pueden tener dos propósitos: buscar reconocimiento. Que la sociedad sepa que él fue quien mató a la mujer. O reconocer que no se puede contener. El feminicida que se entrega podría inconscientemente estar pidiendo ayuda externa.

El psiquiatra Óscar Díaz advierte en todo caso que el tratamiento profesional puede mantener a un feminicida controlado, pero jamás cambiará su conducta. En el fondo hay una personalidad antisocial. Es decir: un trastorno que hace que una persona mantenga un patrón prolongado de manipulación, explotación o violación de los derechos de los otros.

En el municipio de Candelaria, un hombre que mató y enterró a su pareja se confesó en una estación de policía.

En la Unidad de Feminicidios no hay días tranquilos. A diario, a la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía ingresan en promedio diez denuncias de mujeres que dicen ser víctimas de violencia intrafamiliar. En lo que va de 2018 se registran 9 feminicidios consumados y 5 tentativas, además. La mayoría de los responsables están presos.

Si algo esperan las familias de las víctimas es eso: justicia. Por ello a uno de los fiscales de la Unidad de Feminicidios le preocupa el caso de Ángela Yizeth Salazar Loaiza, asesinada en 2016 delante de su hija de 3 años. Le apuñalaron con un cuchillo tan grande, que le atravesó su cuerpo. Meses antes la violaron. El responsable sería un ex combatiente de las Farc, hoy detenido.

El Fiscal teme que el victimario termine acudiendo a la Justicia Especial para la Paz, JEP, donde deberá confesar sus delitos, recibiría una condena, aunque no sería la misma pena que se impondría en un proceso ordinario por feminicidio. El Fiscal aprieta sus dientes.

El término femicidio fue utilizado por primera vez en 1970 por la activista y escritora Diana Russell. Su objetivo era definir un una palabra alternativa a “homicidio” para visibilizar la violencia sistemática contra la mujer.

Las cifras

La Unidad de Feminicidios se encarga de los casos que suceden en el Distrito Cali, compuesto por los municipios de Cali, Jamundí, Palmira, Yumbo, Candelaria, Pradera, Florida y Dagua.

En todo el Distrito se registraron, en 2015, 19 feminicidios; 21 en 2016; 21 en 2017 y 9 en este 2018.

Hasta el momento por estos casos se registran 5 condenas en 2016; 31 en 2017 y 9 en lo que va del año.

El año pasado se registraron además 58 tentativas de feminicidios, 15 casos más que en el año 2016.

La pena para un feminicida puede ir de entre 250 y 600 meses de prisión.

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