Así funciona por dentro el 'cerebro' de la seguridad en Cali

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Así funciona por dentro el 'cerebro' de la seguridad en Cali

Marzo 31, 2019 - 08:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / Editor de Crónicas de El País
Así funciona por dentro el 'cerebro' de la seguridad en Cali

Con la información suministrada por el Observatorio de Seguridad, la Policía y el Ejército focalizan sus operativos en determinadas zonas y horarios. Proteger los cerros, entre las estrategias.

Archivo de El País

Cuando Rodrigo Guerrero, el tercer alcalde electo popularmente en Cali, asumió su cargo en 1992, encontró que la principal causa de muerte en la población eran los homicidios.

– Ocurrían con mayor frecuencia que las enfermedades infecciosas, el cáncer o las enfermedades degenerativas. Entonces dije: homicidios es la prioridad.

Guerrero le solicitó a la Policía las estadísticas de asesinatos ocurridos en julio y agosto de 1992: tantos, le dijeron. Después llamó a la Fiscalía y le suministraron un número muy distinto.

– Las diferencias eran abismales. Los datos de la Fiscalía eran casi el doble que los de la Policía. ¡No puede ser!, dije. El homicidio es una cosa demasiado evidente como para que no se pueda contar fácilmente.

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Para solucionar el problema de la disparidad en las cifras, se le ocurrió hacer una reunión. Se citaba los martes y asistían la Fiscalía, la Policía, Medicina Legal y el Instituto Cisalva.

Entre todos exponían sus estadísticas sobre los asesinatos de la última semana. Mientras que en Nueva York ya utilizaban computadores para pintar en un mapa los puntos rojos con los sitios donde ocurrían los homicidios, en esa reunión del martes se hacía lo mismo, pero con alfileres.

Antes, Guerrero descubrió a qué se debían las diferencias entre las cifras de homicidios de la Policía y la Fiscalía.

– En ese tiempo la Policía llamaba “homicidio” al que se encontraba muerto en la calle. Así, si una persona era abaleada, llegaba al hospital, y moría días después, no quedaba registrada en las estadísticas de asesinatos. La Fiscalía, por su parte, llamaba “homicidio” a todo aquel que muriera en Cali. Entonces alguien que era abaleado en Yumbo y moría en una clínica de Cali, quedaba en los registros como un homicidio ocurrido aquí. Por eso lo primero que hicimos fue definir qué es homicidio: el uso voluntario de la fuerza física para matar a alguien. Incluso si una persona se muere 30 días después de recibir una bala o una puñalada o lo que sea con lo que intentaron matarlo, en Cali es considerado como un homicidio – dice Guerrero y recuerda un caso.

El hijo del periodista Álvaro Miguel Mina, Alaín, murió un mes después de haber recibido tres disparos en un intento de robo. Durante la recuperación, una infección le causó un paro cardiorespiratorio, lo que desencadenó su deceso. En la ciudad sin embargo el caso quedó registrado como un homicidio.

También quedan registrados como asesinatos los muertos que dejan los enfrentamientos entre la fuerza pública y los delincuentes, o en los procedimientos de las autoridades. En algunas ciudades, como Medellín, “el uso legal de la fuerza” no se considera un homicidio.

– En Cali hemos sido muy estrictos con la información de la violencia así las alcaldías se vean afectadas, porque nos evalúan con esos datos. Pero con la información que comenzamos a consolidar los martes entendimos las dinámicas de los homicidios para tomar decisiones. Supimos que el día en que más matan es el domingo o que fechas como el Día de la Madre son críticas, así que podíamos anticiparnos con los operativos. En ese tiempo a las reuniones las llamábamos Grupo de los Martes. Después eso se convirtió en el Observatorio de Seguridad. La reducción de la tasa de homicidios (de 84 por cada cien mil habitantes en 2013, a 47.6 el año pasado), se debe en parte al trabajo de esta entidad, cuando los alcaldes la han aprovechado – continúa Guerrero.

Durante la gestión de un alcalde que nadie se atreve a mencionar ante una grabadora, los datos de algunos años del Observatorio se borraron. No se sabe si fue un error, o un acto intencional. Por fortuna, en Cisalva, desde siempre se ha guardado una copia de respaldo.

Desde 2012, durante la segunda Alcaldía de Rodrigo Guerrero, hasta hoy, con la Alcaldía de Maurice Armitage, al Observatorio de Seguridad se le ha dado tal importancia, que algunos lo llaman “el cerebro de la seguridad de Cali”.

En el ‘cerebro de la seguridad’ trabajan doce personas, entre economistas, estadísticos, cartógrafos, ingenieros de sistemas, sociólogos.

Su labor comienza temprano, a las 4:00 a.m., cuando elaboran el primer informe del día: el conteo de los homicidios ocurridos durante la jornada anterior, que deben enviarle en un correo electrónico tanto al Alcalde como al Secretario de Seguridad.

Después de ese primer informe el trabajo continúa muy temprano, cuando los periodistas comienzan a solicitar información sobre homicidios pero también sobre hurtos a personas, de vehículos, feminicidios, riñas, e incluso algunos datos tan específicos como los robos ocurridos en el MÍO, o los actos de vandalismo en el sistema.

Son las nuevas bases de datos que viene realizando el Observatorio desde hace un año. Finalmente, la seguridad va mucho más allá de los asesinatos.

La información es expuesta ante las autoridades de la misma manera que hace 27 años: en comités. Los martes está programado el Comité de Homicidios, una cita que no ha dejado de realizarse desde 1992. La reunión comienza a las 8:30 a.m., en un auditorio de Medicina Legal.

Alrededor de una mesa rimax se sientan representantes de la Fiscalía, Cisalva, la Secretaría de Tránsito, la Policía, el Observatorio, y consolidan la base de datos única de homicidios, comparando los registros de cada entidad con respecto a la última semana y contando el relato de los hechos: dónde ocurrió el crimen, quién era la víctima, el arma utilizada, los posibles móviles: una venganza, una riña, un ajuste de cuentas.

Hace unas semanas se dijo en ese Comité, por ejemplo, que entre el 1 de enero y el 16 de marzo en Cali se habían cometido 222 homicidios, la mayoría en la Comuna 15, donde ocurrieron 21.

“Las comunas 14, 15, 18 y 20 presentan el mayor número de homicidios en fines de semana”, se lee en el informe final de la reunión. “La Comuna 18 es la que presenta más casos en las noches; la Comuna 21 es la que tiene más casos en la mañana; las comunas 20 y 14 tienen el mayor número de homicidios en la madrugada; los domingos asesinan a las personas entre la medianoche del sábado y las 6:00 de la mañana. Los viernes los asesinatos ocurren en la noche”.

Dos días después, el jueves, todo ello se presenta en el Comité de Seguridad, que se realiza en el CAM. Asisten el Alcalde, el Secretario de Seguridad, altos mandos de la Policía, el Ejército, la Fuerza Área, quienes, con base en esos números, toman decisiones. Que el Ejército patrulle barrios como Llano Verde, que al 16 de marzo registraba 7 homicidios, por decir algo. O Lleras Camargo, que sumaba 6.

– El Observatorio de Seguridad es una herramienta de gobernabilidad que le ha permitido a Cali saber qué es lo que pasa y orientar acciones. ¿Por qué el Alcalde no quitó el decreto que prohíbe el parrillero hombre? Porque con los datos del Observatorio y la participación de Cisalva le mostramos un estudio que evidenciaba que el uso de motocicletas como medio de desplazamiento de los agresores se había incrementado. Cosas tan fundamentales como esa se pueden hacer con la información. Y con eso, proteger vidas – dice María Isabel Gutiérrez, la directora de Cisalva.

La sede de operaciones del Observatorio es una pequeña oficina ubicada en el quinto piso del CAM, repleta de papeles, fólderes, mapas y por supuesto, computadores. En los cubículos está Johan Loaiza, economista, el nuevo director.

Después de bucear en los datos que a diario debe procesar, Johan asegura que la situación de violencia en Cali está asociada a las mafias que históricamente han hecho presencia en la ciudad, por lo que son más difíciles de desarticular.

– Las comunas más afectadas por los homicidios han sido las del oriente - 13, 14 15, 21 - nororiente, la Comuna 6, y la ladera, comunas 18 y 20. En lo que va del año, sin embargo, hemos detectado que la violencia en el oriente ha menguado, pero ha crecido en la ladera. Se cree que puede ser un desplazamiento de la actividad delictiva. Los programas sociales y las intervenciones de seguridad se han priorizado en el oriente y eso, sospechamos, ha desplazado el delito.

Aquel es otro trabajo del Observatorio: le indica a las autoridades en qué calle o parque debe adelantar jornadas como Domingo Seguro, una estrategia con la que la Policía hace presencia en zonas con fronteras invisibles y problemas de convivencia, llevando obras de teatro o actividades deportivas.

Los hurtos a personas– continúa Johan– se concentran, a diferencia de los homicidios, en el corredor vial del MÍO, las vías troncales del sistema, donde prevalecen dos modalidades: el raponazo o el cosquilleo.

Aunque casi el 70% de los robos en Cali se cometen con armas de fuego, lo que genera la sensación de que la vida está en constante peligro.

En cuanto a los hurtos a vehículos, explica Johan, están concentrados en sectores como Valle del Lili, de calles muy solas, donde no hay un gran flujo vehicular, o en el Parque del Perro en la Comuna 19, “donde no hay disposición de parqueaderos”.

Justamente, en una panadería de la Comuna 19, el anterior director del Observatorio, Álvaro Pretel, dice que navegar en los números le enseñó que en Cali, en lo referente a la violencia, hay una segregación evidente: a cierta gente no le importa si el muerto es en el oriente o la ladera, pero sí cuando el crimen es en Ciudad Jardín o El Peñón.

– Todos los homicidios deben importar. Como sociedad, somos responsables. Por eso desde el Observatorio luché para que se visibilizara la violencia, no para que la gente dijera “Cali es una ciudad violenta”, sino porque la manera de parar esto es entendiendo que los homicidios no son el problema del Alcalde, sino de Cali. Si la ciudad no para y habla de esto y no se une, no pasa nada. Por eso también venimos trabajando con la comunidad – dice Álvaro.

El año anterior, para concebir la política pública de seguridad, el Observatorio participó con la ONU en casi 100 talleres realizados en las comunas y corregimientos, con lo que se logró, por primera vez, elaborar mapas de riesgos concebidos por la población. Las personas de cada barrio dijeron dónde estaban las fronteras invisibles, los expendios de droga, los puntos calientes. Encargarse, como sociedad, del problema.

Mientras le da un sorbo a una avena helada en la panadería, Álvaro Pretel añade que sumergirse en los datos del Observatorio le ha permitido leer a Cali. Saber, por ejemplo, que en esta panadería tal vez no nos va a pasar nada, por lo menos en cuanto a homicidios, porque los asesinatos están concentrados en otros sectores, y la mayoría ocurren en perfiles de edad específicos: jóvenes entre 20 y 29 años, escolaridad media, relacionados a actividades delictivas: pandillas, bandas criminales, grupos del narcotráfico.

– La violencia está espacializada, concentrada geográficamente en algunas comunas, así la percepción ciudadana sea distinta.

En la panadería, en todo caso, no se confían. Un guarda camina de un lado a otro, como un león en una jaula. Tal vez sabe que en cuestión de hurtos, la Comuna 19 figura con un punto muy rojo en los mapas del ‘cerebro’ de la seguridad.

8
de cada diez homicidios en Cali son cometidos con armas de fuego.
15%
de los homicidios se cometen con armas cortopunzantes.
64%
de los crímenes se deben a la actuación de la delincuencia: bandas criminales, grupos del narcotráfico. Un 29% de los asesinatos se debe a problemas de convivencia. (Datos del año 2018 del Observatorio).

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