Alejandro Gaviria nos contó los secretos de su lucha contra el cáncer

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Alejandro Gaviria nos contó los secretos de su lucha contra el cáncer

Septiembre 05, 2018 - 11:45 p.m. Por:
Isabel Peláez R. / Reportera de El País
Alejandro Gaviria

Alejandro Gaviria, exministro de Salud y autor de ‘Hoy es siempre todavía’.

Cortesía para El País

A Alejandro Gaviria le tocó vivir una coincidencia irónica: ser paciente de cáncer y Ministro de Salud y protección social de Colombia.

Fruto de su experiencia escribió el libro: ‘Hoy es siempre todavía’, que es también el título de su charla la décima versión de e Exposer Coomeva, que se llevará a cabo los días sábado 8 y domingo 9 de septiembre en Cali, en el Centro de Eventos Valle del Pacífico.

En el libro, Gaviria reflexiona sobre lo que vivió y lo conecta con algunos de los temas que pasaron por su despacho en el Ministerio de Salud.

El exministro habló con El País sobre su historia con el cáncer y lo que será su charla en Exposer 2018, que está programada para el domingo 9 de septiembre a las 3:00 de la tarde, en el Centro de Eventos Valle del Pacífico.

¿Por qué "hoy es siempre todavía", como decía Antonio Machado?

Porque el libro (con dicho título) es en esencia una invitación a celebrar la vida, a asumir con optimismo trágico nuestra finitud, lo efímero de todo.

¿Qué fue lo más difícil de contar?

Una conversación con mi hijo en un momento difícil. “Tomás, creo que te vas a quedar sin papá”, le dije. Todavía me arrepiento.

¿Cuál fue la mayor enseñanza que le dio la enfermedad?

“Solo el asombro entrega la verdad de las cosas”, dice el poeta. Debemos recordarlo todos los días.

¿Quién era antes y quién después de pasar por este cáncer?

Uno casi siempre es el mismo. Hay en todas una esencia inmodificable. Pero esta enfermedad nos abre los ojos, nos libra del hollín de los días.

¿Cómo venció el “por qué a mí”?

Con una frase que le aprendí a Cristopher Hitchens: ¿Por qué no a mí?

¿Qué actitud frente al cáncer debe dejar atrás quien pasa por este?

Cada quien lucha como puede. Solo algo que decir: esta enfermedad no es impedimento para seguir viviendo.

Lea también: 'Las lecciones del líder espiritual budista que conoció la salsa en Cali'.

¿A quién le reza?

No soy devoto de ningún santo. Me gusta la poesía, esa única religión que les va quedando a los hombres.

¿No tuvo conversaciones con Dios?

Dios es el universo y cualquier conversación es unilateral, es el hombre expresando su asombro.

¿Tener cáncer lo hizo más creyente?

No, mis convicciones no cambiaron. La enfermedad acentuó mi gusto por caminar solo, por mirar el mundo.

Alejandro Gaviria

Alejandro Gaviria junto a Carolina Soto, su esposa, y su hijo Tomás.

Cortesía para El País

¿Pensó dejar de luchar?

No, pero entendí las razones profundas del cansancio, la ética y la estética de la renuncia, del desistimiento.

¿Se sintió culpable por la enfermedad o culpó a otros?

No, yo he aprendido a lidiar con la culpa. La suerte es parte de la vida y nada ganamos con culpar a los otros de los caprichos del destino. Odio esa tendencia de tanta gente a victimizarse, a buscar culpables por todas partes.

¿Qué reacciones tuvo su libro ‘Hoy es siempre todavía’ en sus lectores?

Todos los días recibo un mensaje de un lector agradecido. El libro no tenía pretensión distinta a dar las gracias y dejar algunas constancias.

¿En qué está en deuda el sistema de salud actual con los colombianos?

En la salud rural y en la oportunidad para algunos tratamientos.

¿Qué actitud hay que evitar para salir adelante en ese proceso?

Cumplir el tratamiento, confiar en la medicina moderna que con sus limitaciones es lo único que tenemos.

En momentos difíciles se sabe quiénes son los amigos. ¿Perdió muchos?

Al contrario, gané amigos y conocí lo mejor del corazón humano.

¿Qué piensa de quienes ocultan su enfermedad a su familia?

No juzgo a nadie. No me gusta el dedo acusador. Trato de entender a todos.

¿Hasta cuándo luchar sabiendo los efectos adversos de la quimioterapia?

Todos tenemos nuestros límites. Simplemente debe evitarse la tiranía de la esperanza, nuestra tendencia a aferrarnos a una última tecnología que promete lo que no puede cumplir.

¿Qué sensación le deja el acompañamiento que le dan los médicos al paciente con cáncer y a su familia?

En mi caso fue muy importante. La carga emocional del cáncer es muy fuerte. Casi todos necesitamos ayuda.

¿Sí siguió su tratamiento en el país?

Sí. Todo mi tratamiento fue en Colombia. Fue estándar. Con evidencia, sin apestas experimentales.

¿Qué fue lo más difícil de estos años como ministro de salud?

Los problemas de sostenibilidad del sistema son agobiantes. No tienen una solución definitiva. Son crónicos. Necesitan manejo cuidoso y complejo.

¿Cree que el poder es un cáncer?

No, el poder es más una enfermedad mental, enloquece.

¿Volvería a la política?

Por ahora estoy contento en las huestes del desempleo.

¿Fue a una sala X, se hizo ‘quimio’ y nadie lo reconoció, pero le hablaron bien del trato que les dieron?

Por supuesto. El sistema de salud del país es mejor de lo que dicen los mercaderes de la indignación diaria.

¿En Colombia hay privilegios en la salud para unos pocos?

El sistema de salud es incluyente. En las salas de espera de los hospitales privados se juntan todos los estratos.

¿Por qué si el sistema de salud en Colombia no es malo, hay casos de niños con cáncer a quienes las EPS no les reconocen sus tratamientos?

Habría que analizar cada caso. Hay problemas con algunas EPS. Pero la gran mayoría recibe atención.

¿Qué lo curó a usted?

La quimioterapia.

¿Qué les diría a quienes recaen?

Que en muchos casos es una lucha de varios capítulos; el cáncer es como la vida, recursivo, oportunista, pero la medicina moderna ha venido afinando sus estrategias.

¿Qué daño hace la gente cuando habla con una persona con cáncer?

A veces las metáforas y palabras son agobiantes: valiente, luchador...

¿Se siente un renacido?

No, simplemente renovado y más consciente de la fragilidad biológica, la incertidumbre y precariedad de todo.

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