¿Sabe usted si tiene inteligencia social?

¿Sabe usted si tiene inteligencia social?

Septiembre 02, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Paola Guevara | Editora Vé
¿Sabe usted si tiene inteligencia social?

Elsa Punset. Licenciada en Filosofía y Letras, Máster en Humanidades por la U. de Oxford.

Evitar la tentación de dañar a otros y tener la capacidad para identificar y encausar los talentos de los demás, síntomas de alta empatía.

¿Siente que a veces los demás le importan demasiado? ¿Tiene muchísimos amigos en Facebook pero ninguno le daría un abrazo de 6 segundos? ¿Tiene usted un nivel de moralidad deficiente? ¿Existe una forma de mejorar sus malos hábitos mentales o sociales? De estos y otros aspectos, todos relacionados con la inteligencia social (esa capacidad para relacionarnos armoniosa y sanamente con los demás), habló con El País la filósofa, humanista y escritora británica Elsa Punset, quien está en Colombia para presentar su libro ‘El mundo en sus manos’. ¿Cuándo se considera que alguien tiene inteligencia social?Se reconoce muy fácilmente quién tiene inteligencia social. Son personas que saben liderar un equipo, son líderes en su pareja, líderes en la relación con sus hijos, en fin, son personas que tienen muy desarrolada la primera emoción social: la empatía. Son personas que te miran, que te escuchan, que te reciben, que se toman el tiempo de entender lo que dices, que te dan espacios para que te expreses. Tienen alta capacidad de escucha. ¿Todo líder tiene inteligencia social?En nuestro tiempo, cada vez más, se entiende que el mejor líder es el que más inteligencia social tiene. Todo buen líder sabe reconocer los límites y los talentos de los demás y sabe cómo encausarlos. Tiene buenos recursos técnicos, pero además sabe general un clima de equipo especial.Usted habla de la soledad en tiempos en que la gente tiene miles de contactos en Facebook. ¿Por qué tocar este tema al hablar de inteligencia social?Me llama la atención cómo la revolución tecnológica de nuestro tiempo coincide con la gran epidemia de la soledad. Los estudios revelan que hoy la gente se siente más sola que nunca, más “desconectada”. Y yo creo que el problema es que olvidamos que nos comunicamos gracias a la empatía: si te miro, si estamos frente a frente, puedo saber qué expresa tu rostro mientras hablo. Por teléfono, en cambio, solo tengo la voz. ¡Y por las redes sociales ni siquiera tengo eso! Por esa razón la gente es tan cruel en las redes sociales, veamos el caso de la esposa de James Rodríguez y el matonoeo que le han hecho: obviamente las cosas que le han escrito por redes jamás se habrían atrevido a decírselas frente a frente. Si estás tras un teclado se rompe la empatía, se cosifica al otro. ¿Por qué cree que la inteligencia social tiene qué ver con la moral?El cerebro nos protege para no sufrir con todo, pues sería imposible vivir si sufrimos con cada cosa que pasa en el mundo. Pero hay personas que lo llevan al extremo y niegan que hayan hecho daño, o se autojustifican y no sienten culpa; esos son los sociópatas. Pero hay otras personas que, sin ser sociópatas, cuando quieren hacer daño se llenan de justificaciones. Saben que lo que están haciendo está mal, su conciencia moral se los dice, pero bloquean esa alerta y con una excusa: “Es que se merece que yo le haya hecho sufrir”. Eso se ve todos los días en casos de acoso, en los colegios: la gente es testigo del matoneo y se siente incómoda por eso pero, para bloquear su conciencia social, en lugar de atacar al matoneador atacan a la víctima. Para no sentirse incómodos o culpables niegan que haya habido maldad, dicen de la víctima: “Ella se lo buscó”. La inteligencia social empieza por ser conscientes de que no debemos hacer el mal, es la capacidad para detener la propia tentación a hacer daño. Quien hiere, daña y no se contiene sino que se justifica, no está ejercitando su inteligencia social.¿Por qué nos importan tanto los otros y lo que piensan sobre nosotros?Hay que entender que nuestro cerebro está naturalmente entrenado para fijarse en lo negativo, en lo amenazante. El cerebro agranda cualquier posible amenaza, por eso un insulto pesa 5 veces más que un elogio. Al cerebro no le preocupa que seamos felices, lo que le importa es que sobrevivamos. Por eso hay que entrenarlo para lo positivo. ¿Y cómo se entrena el cerebro para eso?Alguien dijo que el cerebro es como un esquiador que se lanza desde la cima de una montaña nevada. Si siempre baja por la misma ruta, va creando un sendero; entre más lo transite, más hondo será. Lo mismo pasa con el cerebro. Un niño que no se sintió amado será un adulto evitativo, aprenderá -a fuerza de repetición- a no fiarse de los demás. Hay indicios fisiológicos de que el cerebro adopta la forma que le das; nuestros pensamientos y acciones dejan una huella física y química en el cerebro. Cuantos menos pensamientos y conductas inútiles albergues, más sano serás. Nos han dicho que después de cierta edad el cerebro es resistente al cambio... La buena noticia es que el cerebro siempre es susceptible de modificarse, de cambiar. No estamos condenados, hasta el último día de nuestras vidas podemos aprender. El que no tiene salida es aquel que dice: “Es que yo soy así”. Ese le está dando la espalda a su propia capacidad para transformarse, renuncia al poder de reinventarse.¿Que es la escalera de la energía vital que usted propone?La vida nos desgasta. Nos han enseñado muchas cosas en la escuela, menos a reponernos de una crisis, de una angustia. No nos han alfabetizado en lo emocional. La escalera de la energía vital son unas preguntas para identificar nuestra fuente de estrés, y ejercicios que propongo para para desbloquearnos en siete ámbitos. Todo, basado en la teoría del “burn out” (sentirse quemado, fundido) que se ha usado en lo laboral pero que hay que extender también a lo emocional. ¿Qué cambios podemos hacer? ¿Por dónde podemos empezar para desarrollar una más alta inteligencia social?Si quieres cambiar, incorpora pequeños cambios en tu rutina diaria. Busca una ruta diferente para ir al trabajo, ensaya otra forma de saludar, de mirar a los ojos al que te habla, cambia de lugar los muebles en casa, haz cada día algo distinto, sé consciente de tus rutinas y ya no te dejes adormilar por ellas.

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