Mujeres pilotos y auxiliares de vuelo cuentan cómo es realmente su profesión

Mujeres pilotos y auxiliares de vuelo cuentan cómo es realmente su profesión

Agosto 12, 2018 - 11:50 p.m. Por:
Valeria Araque Yepes / especial para El País
Catalina Campo Ferro, piloto

Catalina Campo Ferro, piloto graduada de la Academia de Aviación de Cali, muestra la verdadera imagen de una comandante de vuelo.

Giancarlo Manzano / El País

Figuras exuberantes, de faldas súper cortas, mucho maquillaje y escotes exagerados son algunas de las características con que representan a las pilotos y auxiliares de vuelos en producciones internacionales, como la telenovela ‘La piloto’, que transmite actualmente el Canal Caracol.

Sin embargo, Stefanía Medina, estudiante de tripulación de cabina de la Escuela de Aviación Internacional, dice que no reflejan en realidad cómo son sus profesiones y son una manera más de inculcar el gusto ‘narco’.

Yolanda, la protagonista de ‘La piloto’, ni siquiera tuvo que asistir a una academia para estudiar sobre el oficio de sobrecargo ni para luego saber pilotear un avión. Todo lo aprendió en un santiamén por obra y gracia de sus amigas y de su novio. Y para colmo, se convierte en una azafata y piloto que se enreda con barones de la mafia mexicana.

Este tipo de trama y la manera como se visten y actúan, alimentan los estereotipos que se tienen sobre estas mujeres que trabajan en el aire, encargándose de que todo esté en orden a la hora de emprender un viaje a más de 29.000 mil pies de altitud.

Sin embargo, la realidad es otra. Alguien que haya abordado alguna vez un avión, es testigo de que lo que se muestra en las pantallas televisivas son solo resultados de una mente bastante creativa.

Un dato curioso, por ejemplo, es que las compañías de aviación tienen un reglamento para portar el uniforme. La falda debe estar cuatro dedos debajo de las rodillas y deben usar una corbata que cubra el escote para que no se vea ordinario o extravagante, mantener el cabello recogido y un maquillaje suave y natural.

Catalina Campo Ferro, piloto graduada de la Academia de Aviación de Cali y madre de dos niñas, explica que para llegar a ser una profesional en este campo se debe estudiar mucho y prepararse, no como en la telenovela donde la protagonista Yolanda aprende la labor en muy poco tiempo.

“La aviación cambia rápidamente y por su misma tecnología uno debe mantenerse a la vanguardia de estos cambios para estar actualizada”, dice esta también administradora de empresa egresada de la Universidad Autónoma de Occidente.

Fueron dos años en los que esta caleña recibió clases teóricas y prácticas para desarrollar las destrezas necesarias para afrontar situaciones complejas, como el control de la aeronave, el conocimiento de motores y la navegación.

Este “estilo de vida”, como se refiere a su labor Catalina, quien actualmente se desempeña como piloto privada, brinda la oportunidad de conocer y disfrutar de nuevas culturas y variedades gastronómicas.

Sin embargo, resalta la piloto, que uno de los retos más difíciles en este oficio es ser mujer, ya que existe un gran volumen de hombres y en muchas ocasiones, de manera inconsciente, hay actos machistas, por ejemplo, no comprenden muchas veces que las mujeres son más sentimentales.

Uno de los grandes mitos que se tiene respecto a las auxiliares de vuelo es que las postulantes deben ser físicamente altas, bellas y sexies. Es cierto que deben tener una buena estatura (se les exige como mínimo a las auxiliares de vuelo 1,58 m), pero no por cuestiones de porte y glamour, como muchos piensan, sino por las medidas de los aviones.

María Alejandra Castillo, extripulante de cabina de la Academia de Aviación Cali, explica que para abrir las puertas de las salidas de emergencias ellas lo deben hacer estando a un lado de la puerta y sin mover su cuerpo, así que es necesario tener unos brazos preferiblemente largos. Además, para ayudar a los pasajeros a organizar su equipaje en los comportamientos es necesario que la auxiliar pueda hacerlo sin dificultades y por eso se buscan mujeres altas.

“Los pasajeros no pueden saltar en el avión intentando subir una maleta, además, pueden causarse daños en la espalda. Para eso estamos nosotras, para velar por la seguridad de los pasajeros, atenderlos y auxiliarlos, facilitando los servicios y procurando que siempre se sientan cómodos antes y durante el vuelo”, resalta María Alejandra.

Son tres años que se necesitan para formarse como tripulante de cabina y para que sea certificada como tal, se requiere superar alrededor de doce materias como Procedimientos de Emergencia, Localización y Uso de Equipo de Emergencia, Primeros Auxilios. También deben manejar el inglés mínimo, en un 60 % si desea volar en una aerolínea nacional y un 100 % en una internacional.

Después de graduarse y estando oficialmente en una aerolínea, deben realizar anualmente exámenes propuestos por las escuelas recurrentes, con el propósito de que se mantenga vigente la licencia TCP (Tripulante de Cabina de Pasajero).

Más de cien vidas se reúnen a diario en los aviones, confiando ciegamente en las capacidades de todo el personal. Es por eso, de vital importancia, que cada una de ellas y de ellos (recordemos que también hay hombres pilotos y auxiliares de vuelo) estén alertas, concentrados, y sobre todo, saludables. “Constantemente y de manera aleatoria nos hacen exámenes de drogas y alcohol. Si a alguien le sale positivo, puede perder la licencia”, comenta Castillo.

Asimismo, la Aeronáutica Civil Colombiana estableció que los tripulantes de cabina de pasajeros no pueden volar más de seis días de seguidos. “En el mes tenemos siete días libres dependiendo del vuelo que se haga si es nacional o si es internacional”, dice María Alejandra, quien voló por doce años como tripulante, oficio que dejó porque “ya como mujer casada y madre de dos hijos, las prioridades cambian. La familia comienza a hacerte falta en las fechas especiales”.

"Toda mi vida quería volar"

“En un vuelo en la noche, trayecto Medellín-Bogotá, al momento del aterrizaje, el capitán indicó que este sería drástico. Y se escuchó por parte del capitán que se debían suspender los servicios. Eso quería decir que era una emergencia.

Se debía preparar entonces la tripulación para un aterrizaje forzoso y hacer un minuto de silencio y concentración.

En ese instante se me vino a la mente toda mi familia, los recuerdos y toda mi vida porque no sabía qué iba a pasar, escuchaba el ruido de los motores y esperaba el impacto.

Afortunadamente, todo salió bien, el avión aterrizó perfectamente. Me di cuenta de que eso era lo que quería hacer por toda mi vida, volar y ayudar a los demás. Entendí que valió la pena haberme preparado y formado”.

Alejandra Castillo, exauxiliar de vuelo.

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