Más de las 11 pm en Popayán

Más de las 11 pm en Popayán

Junio 27, 2011 - 12:00 a.m. Por:

Crónica de un comprador de licor, en una noche de fin de semana en la capital caucana después de la entrada a rigor decreto que regula el horario de atención de los estancos y tiendas.

Son las ocho y media de la noche, me siento en una de las sillas del parque Caldas. Espero a un amigo, él quedo de llegar a esa hora pero como no es raro en Popayán, las personas son impuntuales. Mientras tanto, veo el paisaje, las paredes blancas se tornan amarillas por el reflejo de la luz que emanan los faroles. Prendo un cigarrillo, mentolado como me gustan, y de repente clavo mi mirada en dos señores, bastante adultos, uno de ellos con una botella de aguardiente en la mano derecha y sirviendo en una copa plástica, hablan, ríen, juegan, en fin se nota alegría en sus rostros. No incomodan a nadie solo pasan el tiempo recordando cosas y personas que seguramente ya no los recuerdan a ellos. Empieza a volar mi imaginación y con ella el tiempo, miro nuevamente el reloj, pero hasta ahora han pasado cinco minutos, el desespero me atrapa, no he comido. Suena mi celular, es mi amigo, al que estoy esperando, “parce estoy en mi apartamento con unos amigos, ¡vengase!” Empieza mi recorrido, toca bajar del centro, camino por la carrera séptima, siento clima de fin de semana en la ciudad, hay más movimiento de lo normal, veo bares y cafés que antes no había observado, sin embargo no le presto mucha atención y sigo. Paro en un estanco, donde Heyer, en el barrio El Modelo, pregunto a cómo el litro de aguardiente “a veinte mijo” me responde. Me toco los bolsillos, siento mi billetera, la abro y veo que tengo diez, no me alcanza, “Vecino lo compro más tardecito” me despido. Llegó a la casa de mi amigo, varias personas están cómodas hablando, con una guitarra y un bongo. Entro, saludo y rápidamente me ofrecen un trago, aguardiente, “cómo no” respondo. De copa, en copa se fue agotando el licor, miro el reloj; ya son las once y media y me uno a la delegación para ir a comprar la bebida embriagante. Salimos y vamos al estanco pero vemos que está cerrado, y mis amigos preguntan el por qué, les respondo, es el decreto 139.

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