La relación de amores y odios entre Duque y el Centro Democrático

La relación de amores y odios entre Duque y el Centro Democrático

Agosto 05, 2019 - 11:30 p.m. Por:
Redacción de El País
Álvaro Uribe Vélez e Iván Duque

Política. Desde el inicio de la campaña por la Presidencia de la República, el exmandatario y senador del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, respaldó y apoyó la candidatura de Iván Duque.

Colprensa

Aquí hay que diferenciar dos cosas: una es el Centro Democrático, partido del presidente Iván Duque, que valoramos, respetamos y que será fundamental para nosotros, pero otra es el Gobierno. Y es distinto el presidente Duque. Las iniciativas de varios miembros de su partido siempre las tomaremos en cuenta con el mayor interés, pero las decisiones del Gobierno son del Gobierno”. Agosto 4 de 2018

Faltaban tres días para la posesión de Iván Duque Márquez como el presidente de la República número 59 y ya su vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, hablaba de una independencia que los colombianos no podían imaginar o que, en algunos sectores, interpretaban como una traición.

La fricción quedó manifiesta en redes sociales y se fue ahondando con el paso de los días y las decisiones del Mandatario, en especial, las relacionadas con la conformación del Gabinete ministerial.

Una de las primeras en expresar sus incomodidades fue la senadora del Centro Democrático, María Fernanda Cabal: “Él (Duque) tiene el derecho de estar con su mejor equipo, pero él y su equipo tienen que darse cuenta de que allí no llegaron gratis, que trabajamos todos, que todos conseguimos votos, que dimos nuestro tiempo, que le pusimos pasión y nos la jugamos para que ellos ganaran”.

Desde el uribismo también hubo quienes cuestionaron la manera de ejecutar los lineamientos que en campaña se ofrecieron al electorado y el resultado que eso evidenciaba en las encuestas.

Pero en diciembre, cuatro meses después de su posesión, el presidente Duque fue claro: “A mí, más que producir aplausos, me interesa es resolver los problemas de Colombia, porque hay algunos que gobernaron para los aplausos y lo que hicieron fue dejar envejecer los problemas del país”.

Y así terminó el 2018. El arranque de año fue traumático: En enero, un carro dejado por un integrante del ELN explotó dentro de la Escuela de Cadetes General Santander y mató a 23 muchachos que estudiaban para ser policías.

La contundencia con la que el Primer Mandatario manejó la situación lo hizo reconciliarse con su partido. Y recibió el respaldo de todo el país. Sin embargo, el romance duró poco. Dos meses después, el ataque vino de nuevo de la ‘llave’ Londoño-Cabal.

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El exministro Fernando Londoño escribió una columna de opinión en la que criticaba la actitud de diálogo del Jefe de Estado en relación con la minga indígena del Cauca: “El presidente Duque es un hombre brillante y que no nos duela calificarlo como el mejor y más moderno pensador de la República. Y como el más eminente conversador posible. Pero no lo elegimos para conversar sino para que ejerciera autoridad”.

Pero no todos estaban en sincronía con esa percepción. El entonces presidente del Senado, Ernesto Macías, aseguró que Londoño era un “monarca soberano”.

“A los problemas del país que tiene que resolver Iván Duque se suman los ‘mensajes solemnes’ de Fernando Londoño, quien cree saberlo todo, y como el ‘monarca soberano’ puede indicarle al Presidente de la República qué debe hacer y qué no debe hacer”, respondió Macías desde su cuenta en Twitter.

Desde entonces se empezó a marcar una división en el uribismo entre el ‘ala moderada’, representada paradójicamente por José Obdulio Gaviria, quien llegó a asegurar que Duque es el relevo generacional del uribismo, y quienes exigen ‘mano dura’ para combatir los problemas del país, liderado por la senadora Cabal.

Entonces el senador Gaviria dijo que “en cuatro décadas él (Duque) estará vigente, en cambio nosotros estaremos casi que olvidados. Colombia necesita una modernización y él está empeñado en eso y produciendo resultados”.

A pesar de su respaldo al Presidente, Gaviria, quien además le habla al oído al expresidente Álvaro Uribe, expresó su malestar por el desempeño de los integrantes del Gabinete.

Sus críticas, específicamente, iban dirigidas contra la entonces ministra de Justicia, Gloria María Borrero.

“Conduele ver a miembros del Gabinete totalmente alejados, sin poner el pecho a la situación, reacios a asumir con entereza y verticalidad la defensa del Gobierno”, sostuvo el senador del CD.

Hoy, un día antes de cumplirse el primer año de Gobierno de Iván Duque, la relación entre su partido, el Centro Democrático, y él, parece no haber variado mucho.

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En el Valle del Cauca hay una visión ambivalente de lo que ocurre con el Jefe de Estado. Pese a que los integrantes de ese partido en este departamento destacan el trato con la región, sostienen que en temas de seguridad, todavía no ha cumplido.

El concejal del CD Roberto Rodríguez considera que la relación con el presidente Duque ha sido buena, que “Cali ha sido bien tratada y el Gobierno ha cumplido lo que en campaña prometió con reciprocidad”.
Sin embargo, sostiene que el tema de los dos mil hombres que prometió para reforzar la seguridad no se ha dado y en este sector se “necesitan decisiones más ‘pantalonudas’”.

El concejal también admite que las relaciones “han mejorado muchísimo porque antes eran muy técnicas”.

Por eso, el también uribista representante a la Cámara Christian Garcés considera que hay gente muy radical en el partido que quiere que se solucionen de tajo “un montón de problemas que vienen del pasado”, pero dice que son personas que vienen entendiendo que se requiere paciencia porque hay muchos retos.

Pero no piensan lo mismo todos los congresistas. Incluso, dicen que el inconformismo es tal que por eso, a falta de tres años de administración, ya la senadora Paloma Valencia anunció que quiere ser presidenta de la República de Colombia.

Ese día de junio pasado, Valencia no habló de su intención de suceder a Duque, pero sí dejó claro que “hay muchas cosas que se pueden hacer” desde los sectores agropecuarios, industrial, la educación.

Pero aunque ella no lo dijo a manera de queja, sí hay colegas que rumoran sus inconformidades.

“Continúan las quejas porque en sus cargos sigue un gran porcentaje de personas, tanto en altos cargos como bajos, que vienen del Gobierno Santos o que incluso apoyaron a Petro y son enemigos abiertamente del Presidente, pero sobre todo de Álvaro Uribe”, dice la fuente que explica que esta situación deteriora “mucho la solidez del partido, sobre todo, en las regiones”.

Entre los uribistas de ‘mano dura’ se le cuestiona a Duque que todavía no se tomen decisiones del cambio que se prometió. “Peleamos por eso con muchas dificultades durante ocho años y ahora que estamos en el poder, no se ven los efectos”, dice un congresista.

Y aunque reconocen que el Acuerdo de Paz debe implementarse porque “no podemos volver atrás porque hay que buscar la mejor forma para que estos bárbaros dejen de delinquir, en mi criterio no hay personalidad de un Gobierno que nos defina”.

Los uribistas ‘de corazón grande’ reconocen que los problemas del país eran muchos y que sin duda en temas de seguridad sí se han hecho cosas.
Jhon Marulanda, experto en seguridad y defensa y uribista declarado, dice que sí han incrementado los ataques contra los grupos subversivos y que ha mejorado la moral de los soldados y policías. Y aunque la seguridad interna, sostiene, “se ha venido deteriorando desde hace varios años, ahora estamos un poco mejor”.

Pero advierte que si no se adoptan medidas drásticas en seguridad, la delincuencia puede seguir ganando espacio en el país.

La encrucijada

*Análisis 

El presidente Iván Duque está en una situación bastante incómoda, casi que en el peor de los mundos, porque se hizo elegir con las banderas de un partido con el cual no quiere gobernar, esto último, por razones variadas.

El punto es que parecería que además de no querer gobernar con ellos, tampoco quieren darle la gobernabilidad que necesita para desarrollar su mandato; primero, porque no son mayoría y, segundo, porque las diferencias entre ambos son cada vez más notorias.

Considero que eso explica un mensaje errático de ciertos temas en los cuales Duque ha mostrado no tener el suficiente apoyo político para sacarlos adelante y además, comprar peleas que no son de él.

En ese sentido, le ha faltado pragmatismo para asegurar la gobernanza porque la agenda legislativa se ve embolatada y enfocada en temas que no son, sin apoyo, y que no le aseguran una coalición con los demás partidos.

La gran pregunta sigue siendo: ¿cuál es el proyecto político y la propuesta de país que tiene? Sigue siendo infortunadamente una pregunta pendiente después de un año de haber asumido como Presidente de la República.

Es difícil decir qué debe hacer. En cualquier caso, políticamente, la indefinición conspira contra la posibilidad de que pueda llevar adelante una agenda de Gobierno más consistente y que finalmente deje algún legado.

Tal vez Duque no tiene el talante del nobel para hacer lo que él hizo, es decir, que eso de ‘traicionar’ me parece poco viable, pero tampoco tiene el talante de querer hacer equipo con su partido de gobierno. Es una situación difícil, pero la política supone tomar decisiones.

*Iván Garzón Vallejo, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana.

Cinco momentos clave

1. El día de la posesión de Duque, el entonces presidente del Senado Ernesto Macías pronunció un discurso que opacó el del Jefe de Estado.

2. En marzo de 2019 el presidente Iván Duque recibió el apoyo de su partido al declarar que seis artículos de la Ley Estatutaria de la JEP eran inviables.

3. Lucha contra las drogas. También en marzo, Duque fue apoyado por su partido cuando el presidente de EE. UU., Donald Trump, lo acusó de no hacer nada contra el alza de cultivos ilícitos.

4. Tras el hundimiento de las objeciones, Duque citó a una cumbre a la bancada de su partido y varios de ellos se quejaron por el trato dado a ellos por el Gabinete.

5. El último episodio en el que el expresidente Álvaro Uribe salió en defensa de Duque fue por un artículo de The Economist que lo señalaba de improductivo.

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