“La Procuraduría no tiene razón de existir”: Rodrigo Lara Restrepo

“La Procuraduría no tiene razón de existir”: Rodrigo Lara Restrepo

Septiembre 28, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés
“La Procuraduría no tiene razón de existir”: Rodrigo Lara Restrepo

Rodrigo Lara Restrepo, representante a la Cámara.

El representante a la Cámara dice que la reconciliación pasa por un piso mínimo de verdad. Prepara proyectos para la descentralización, los ancianos y trasplantes.

Nació en Neiva, tiene 38 años y es abogado. Cursó estudios políticos en la Sorbona y una Maestría en la Escuela Nacional de Administración (ENA) de París, la más prestigiosa del mundo. Se especializó en Derecho Minero y Petrolero en el Externado. Ha sido senador y actualmente es representante a la Cámara por Cambio Radical.El pasado 30 de abril se cumplieron 30 años del magnicidio de Rodrigo Lara, su padre, asesinado por la mafia del narcotráfico, cuando se desempeñaba como ministro de Justicia de la Administración Betancur. Lara Bonilla se enfrentó con valor a sus amenazas y pagó con su vida.Hoy, Rodrigo Lara Restrepo, su hijo mayor, sigue sus pasos políticos en el Parlamento colombiano, donde tuvo una destacada intervención en el pasado debate Cepeda-Uribe, elogiada por su altura y ponderación. Por algo dicen que “no en vano de casta le viene al galgo”.¿Cómo vio el decreto sobre biotecnológicos y biosimilares que logró derrotar el ‘lobby’ de las multinacionales y del mismo gobierno de los Estados Unidos?Me parece que es un decreto muy valiente para abrirle la puerta a la producción nacional de biosimilares, que son para los biotecnológicos lo que son los genéricos para los medicamentos de origen químico. Esto es muy importante porque abaratará los costos de los diez medicamentos más recobrados en el Fosyga, siete de los cuales son biotecnológicos y fortalecerá la producción nacional de esos medicamentos. ¿Cuál era el cuello de botella?Que se les pedía a las empresas interesadas que reprodujeran las mismas pruebas que habían hecho 4 o 5 enormes laboratorios del mundo, y que ya están inventadas.Los costos para una multinacional son de miles de millones de dólares, pero esta tiene un mercado global que los absorbe. Nuestra industria farmacéutica, en cambio, se diseñó para los mercados nacional y andino que no tienen economías de escala para reproducir estudios ya realizados por las multinacionales. El decreto prevé que la producción de biosimilares en el país sea segura y apunta a fomentar una competencia que acabará con los monopolios.Este es un indudable logro del ministro Gaviria, que se hizo a través de un decreto. El Ministerio ha tenido que ir expidiendo decretos en vista del hundimiento de la reforma a la salud el año pasado. ¿Por qué el Congreso no ha querido abocar a fondo un tema tan importante para los colombianos?Colombia se embarcó en un sistema de subsidio a la demanda y le entregó la oferta al sector privado. A mí me parece que en un país donde el 50 % de la población vive en la informalidad, se necesita, por el contrario, un sistema de subsidio a la oferta, porque en un sistema como el nuestro donde cada quien paga su seguro de salud, que es su afiliación a una EPS, termina siendo más costoso. El estado tiene que entrar a subsidiar el seguro individual del 50 % de la población, que está en la informalidad. Desmontar ese sistema es muy complejo. Ha habido resultados interesantes en materia de cobertura, pero es demasiado costoso. En últimas lo que se necesita por ahora es más regulación. Lo que se ha hecho hasta ahora se consideran paños de agua tibia y la gente está muy brava. El tema de la salud amerita una discusión muy profunda, especialmente en cuanto a la integración vertical, que ha llevado a un deterioro de la calidad en la prestación del servicio. Es imperativo ahorrar en una serie de costos excesivos, pero me parece que la imprecisión del POS se ha venido corrigiendo porque había llevado a que el 60 % de las tutelas fuera para exigir tratamientos ya previstos en el POS. Lo que hay que hacer es ajustar muy bien la prestación de servicios por las EPS y asegurarse de que la lógica comercial no termine deteriorando la calidad de la prestación de este servicio fundamental.Pasando a otro tema, el controvertido seudo-enfrentamiento entre Álvaro Uribe e Iván Cepeda dejó nuevamente muy mal parado a un Congreso ya de por sí bastante desprestigiado. ¿Tendremos los colombianos que resignarnos a seguir contemplando espectáculos de gallera? A mí me parece que este tipo de debates son sanos y necesarios. Colombia posiblemente va a llegar a un acuerdo de paz con las Farc, que podría implicar la terminación de un conflicto que ha tenido diferentes orígenes de violencia. Y para ponerle fin a ese conflicto hay que discutir temas sobre los cuales nunca ha habido verdad, ni claridad histórica. Hay que ponerlos sobre el tapete porque la reconciliación no se hará sobre una aplicación estricta de la justicia, sino más bien sobre un piso mínimo de verdad, que es el que en realidad podrá facilitar la reconciliación del país. Por ejemplo, sobre los vínculos de un sector de la clase política con el paramilitarismo nunca se ha hecho un debate profundo, cuando lo que necesitamos como sociedad es ponernos de acuerdo sobre lo que ocurrió, exigiendo sinceridad por parte de los actores para que, una vez esclarecida la verdad, puedan apaciguarse los ánimos. La verdad es un bálsamo para el espíritu de las víctimas.¿Y en su opinión qué quedó del debate de Cepeda y la actitud de Uribe?Es lamentable que Uribe no haya puesto la cara. Esquivó totalmente señalamientos graves que se le hicieron. Serpenteó entre las acusaciones de Cepeda, que aún pesan sobre su trayectoria pública en los años 80, como fue su cercanía con integrantes del Cartel de Medellín, y tomó los elementos más débiles de las acusaciones para tratar de desvirtuar los argumentos de peso. Como no puso la cara, ni desvirtuó nada todas las acusaciones continúan en pie.¿Cómo está viendo el proyecto de equilibrio de poderes que cursa en el Congreso?Eliminar la reelección es de vital importancia. Esa es una figura válida cuando existen sistemas de carrera administrativa dentro del Estado que se comportan como una muralla china entre la política y la administración. Pero en Colombia no hay carrera administrativa, sino que la clase política entra a controlar los cargos de dirección del Estado para utilizarlos con fines políticos. Eso hace que la reelección sea sumamente perversa. ¿Cuál es su visión del problema que se ha presentado en las altas cortes, acusadas de politización en parte por la facultad de elegir ciertos cargos de control, que les concedió la Constitución del 91?Aquí deberíamos contar con un sistema de carrera judicial cerrado, que permita mejorar el nivel de nuestros jueces. Si les decimos a los estudiantes con vocación de servicio en la rama judicial, que el único camino que tienen para llegar a ser magistrados es empezar desde abajo como jueces promiscuos, a lo mejor esos estudiantes entrarán en la carrera judicial. Hoy los mejores no hacen esa carrera porque sienten que después de 25 años de cátedra y de prestar sus servicios en el sector privado podrán saltar a una alta corte y ser magistrados sin necesidad de hacer todo el recorrido. ¿Qué opina de la figura del Procurador, tan criticado por sus poderes omnímodos?La Procuraduría es una figura anacrónica que no tiene razón de existir. Su función principal es impartir derecho disciplinario para sancionar funcionarios, pero el derecho disciplinario es muy vago y muy amplio, con una doctrina poco elaborada que no amerita la creación de un órgano constitucional autónomo y eso ha convertido a la Procuraduría en una figura política, ya que la norma disciplinaria depende de la discrecionalidad del funcionario. Y si esa persona es constitucionalmente autónoma, con poder de vigilar y de sancionar, más que en un poder jurídico, deriva en un poder político. Deberíamos transformar la Procuraduría en un órgano de inspección y control interno de la Administración, como en Estados Unidos y Europa.¿Por qué prepara un proyecto para impulsar la descentralización?Porque creo que el país se ha re-centralizado. Desde 1991, cuando establecimos principios ambiciosos de descentralización no hemos hecho sino reversar progresivamente. Le hemos quitado libertad de decisión a los municipios, en parte porque ha habido problemas de regulación, o porque no hemos sabido controlar la ejecución de los recursos públicos en las entidades territoriales. Es hora de abrir ese debate en el Congreso.Otra cruzada es la de impulsar la donación de órganos para trasplante, que está en crisis.Sí, cada día hay menos donaciones y menos trasplantes. Faltan campañas educativas que fomenten la cultura de donación de órganos porque existe mucha prevención por parte de las familias que se oponen a que, una vez han dejado de existir, los cuerpos de sus seres queridos sean intervenidos para extraerles algún órgano destinado a trasplante. En 2012 se hicieron 1108 trasplantes y en 2013 se hicieron 960. Colombia tiene una tasa de donación voluntaria de órganos muy baja, apenas un 14.9 % por millón de individuos, mientras España tiene 36 %.

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