“Hay que reformar el tema de los anticipos”

“Hay que reformar el tema de los anticipos”

Junio 05, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal
“Hay que reformar el tema de los anticipos”

Germán Cardona, ministro de Transporte.

El ministro de Transporte, Germán Cardona Gutiérrez, considera que si una empresa licita grandes obras, debe tener músculo financiero propio, o bien, bancos que la financien.

Para el Ministro de Transporte sus padres son el orgullo de su vida. Cuenta que su papá fue maestro de escuela y que estuvo trabajando mucho tiempo en Marulanda, Caldas, su pueblo natal. De familia pobre, Efrén Cardona, se casó con Ernestina Gutiérrez, la hija del rico gamonal del pueblo y se la llevó a vivir a Manizales, después de graduarse de normalista. Allá hizo una bonita carrera en el sector educativo y llegó a ser Secretario de Educación. El Ministro recuerda divertido, que cuando ocupó su primer cargo público -Gobernador del Departamento- la gente no lo reconocía como Germán Cardona sino como el hijo de Efrén. Dice que heredó de su mamá, una típica mujer antioqueña, trabajadora y con ‘palito’ para los negocios, la habilidad para hacer empresa y dinero. Por eso lleva 30 años sin devengar un sueldo, pero ha vivido muy bien de sus actividades profesionales y las utilidades de sus negocios. Ha tenido grandes dolores como la muerte de su padre, a los 54 años, y la de su hermano Carlos– su socio, su amigo-, en un accidente aéreo. Su mamá vivió feliz hasta el último día, a pesar de las tragedias que la acompañaron. ‘Confecciones Ilusión’ fue el nombre que le puso a su industria, porque tenía la esperanza de que se convirtiera en una empresa muy grande. Germán Cardona era un chico cuando le ayudaba a empacar la ropa que distribuía por todo el país y exportaba a Ecuador. Ella le enseñó el valor de la constancia, la honradez y el trabajo. Desde entonces ha sido independiente y seguro de sí mismo. Tanto, que llegó a ser Gobernador de Caldas y Alcalde laureado de Manizales en dos ocasiones. Hoy es Ministro de Transporte por decisión de Juan Manuel Santos, que le echó el ojo hace 16 años cuando se lo invitó a crear la Fundación Buen Gobierno, desde donde le ayudó a diseñar la estrategia que lo llevó, finalmente, al poder.¿Por qué renunció a ser el ‘Zar Anticorrupción’, un cargo tan ampuloso?Porque es un cargo que no tiene dientes. Le dije al presidente Uribe que el tipo más corrupto que había en Colombia en ese momento, era yo, porque recibía sueldo y no hacía nada (risa).Pero según Pacho Santos, le faltó “perrenque”.Me criticó, pero ahora somos grandes amigos y coincidimos en que ese cargo no tiene ninguna estructura, aún hoy, cuando en el país no se habla más que de corrupción. ¿Cómo conoció al presidente Santos?Yo era alcalde de Manizales y me habían elegido Mejor Alcalde de Colombia. Llamó a felicitarme y me pidió que lo acompañara en su proyecto de la Fundación Buen Gobierno. Fui gerente de su primera campaña, cuando se enfrentó a Serpa por la candidatura del Liberalismo a la presidencia, en el 97. Lógicamente le dieron una paliza impresionante. Era la época en que muy pocos creían en las posibilidades de Santos, ¿no?Sí, todo el mundo me preguntaba qué hacía yo con Santos, que dizque no tenía ninguna posibilidad en la vida pública y política, pues lo veían como un tipo distante y frío. Yo toda la vida creí en sus posibilidades y como no estaba buscando puestos, ni espacios políticos, me parecía muy chévere estar al lado de un tipo como él. Eso nos forjó una muy buena relación.¿Era usted anti-reeleccionista?De alguna manera sí, porque nunca fui amigo de la reelección del presidente Uribe; no por él, que es un hombre que le ha servido mucho al país, sino que no me gustaba el cambio de las reglas de juego, a mitad del camino. Públicamente dije que no era amigo de la primera reelección (y menos de la segunda), lo cual me generó malestares con miembros del Partido de la ‘U’, pero Santos siempre fue muy respetuoso con mi manera de pensar.¿Políticamente hoy dónde está?Soy un ‘liberal sin partido’, porque cuando me lancé a la segunda Alcaldía de Manizales ya tenía la imagen suficiente, a raíz de las peleas que tuve con Víctor Renán Barco, Omar Yepes y Luis Guillermo Giraldo, para lanzarme solo.¿La trilogía en la que usted se apoyó para llegar y que después mandó al chorizo?Risa. Veo que conoce mi historia. Mandarlos al chorizo, como usted dice, me generó muy buenos réditos en Manizales porque a la gente le gustó. Cuando me lancé a la segunda alcaldía, lo hice sólo con el apoyo del sector gremial y de las fuerzas vivas de la ciudad. Luis Guillermo Vélez me dio el aval del Liberalismo y luego llamó y dijo: “Me muero de la pena de tener que retirárselo, pero Víctor Renán Barco amenazó con irse del partido si yo le daba ese aval a usted”. Me conseguí uno con un movimiento chiquito que tenía Jairo Clopatofsky. Gané la alcaldía y desde entonces molesto a los amigos del partido, diciéndoles que soy un liberal sin partido. Risa.¿Y por qué mandó, a donde sabemos, al famoso triunvirato?Cuando fui elegido alcalde por voto popular, me presionaron por los puestos. Les dije que me mandaran ternas de tres y no de uno. Se molestaron y Víctor Renán dijo: “Les advertí que con este señor no nos iba a ir bien”. Se retiraron, y él me anunció oposición. Empezamos el nuevo estadio de Palogrande, un proyecto enorme para Manizales, y cuando ya había tumbado el estadio viejo, un concejal me dijo: “como ahora necesita plata, en el concejo ¡va a saber cómo es la vaina! Si quiere que le aprobemos esos acuerdos, debe hacer esto y esto”. Y usted lo denunció ante los medios.Exactamente. A Javier Giraldo Neira, un periodista muy conocido, le conté que nos iban frenar el estadio porque yo no quería entregar unos puestos. Se armó el escándalo y los tipos finalmente tuvieron que aprobar el acuerdo y entregar la plata, pero declararon la oposición, de modo que yo siempre goberné con 16 concejales en contra y tres a favor. Usted renunció pronto a ser ‘Zar’ anticorrupción, pero se asomó a ese hueco negro. ¿Qué opina de los escándalos de corrupción que estallan cada día?Ese es un tema que hay que combatir desde el colegio, si queremos rescatar valores. Una de las secuelas del narcotráfico es la cultura del dinero fácil. La gente sintió durante muchos años que podía enriquecerse rápidamente y empezó a apropiarse agresivamente de los dineros del estado. Hay que enseñarles a las nuevas generaciones que hay que jugarle limpio al país. Yo, por ejemplo, le insisto a los contratistas de obras públicas en la necesidad de decir la verdad y actuar con transparencia.¿No se supone que hay filtros como las Cámaras de Comercio?Muchas veces las inscripciones en las Cámaras de Comercio dicen mentiras, porque éstas no revisan a fondo, sino que dan fe de lo que se les presenta y entonces mucha gente da información alterada o mentirosa. Cuando se ganan los contratos cogen el dinero para financiar no sólo la obra, sino su propia empresa y adquirir bienes ajenos a la obra encomendada.¿No habría que acabar con los anticipos?Claro, esa es una de las reformas que hay que hacer. Si una empresa licita grandes obras, debe tener músculo financiero propio, o bien, bancos que la financien. Cuando uno administra su propia plata la cuida porque sabe que se la debe al banco y la invierte de una manera más juiciosa. Eso ya quedó establecido en el Estatuto Anticorrupción. Otra reforma tiene que ver con las interventorías, en las que ha faltado rigor, y en alguna forma han sido evasivas porque no admiten ninguna responsabilidad.¿Y qué hay con el tema de las adiciones a los contratos?Las famosas adiciones a los contratos con el correr del tiempo se van volviendo adiciones sobre adiciones. Otro tema son los consorcios entre diferentes empresas para presentarse a una licitación, permitidos por la ley cuando el contrato es muy grande. El resultado final es que no hay un responsable verdadero. Todo eso hay que controlarlo, limitarlo, y exigir que todas las empresas que se aliaron para hacer la obra respondan por su ejecución. ¿Por qué aceptó el chicharrón del Transporte?Únicamente por mi compromiso con Juan Manuel Santos. Ya elegido, le dije: “no le voy a congestionar sus listas para los cargos. Como mi satisfacción es que usted sea presidente, yo ya quedé feliz”. Él me agradeció y al otro día me preguntó, textualmente, lo mismo que usted: “¿Se le mide a ese chicharrón?”. Le dije que sí, pero que iba a necesitar mucha autonomía. Me dijo: “Cuente con eso, vamos a trabajar”.Algunos le critican al Presidente que delega mucho.El Presidente delega pero no olvida. Él deja que cada cual actúe y hace pocas llamadas, pero muy precisas. Está perfectamente enterado de los temas y en los Consejos nos escucha, uno por uno, a los trece ministros, a los consejeros, a todo el mundo, y a cada cual le tiene la pregunta precisa.¿Cómo le retrasó sus planes este invierno interminable?Es difícil de cuantificar y lo grave es que nos ha retrasado mucho. Por lo menos a nosotros nos ha cambiado el norte porque, entre lo que hemos invertido y lo que tenemos comprometido, vamos a contabilizar más de 650.000 millones de pesos, solamente en el tema de la ola invernal, mientras el promedio invertido en los últimos diez años es de 150.000 millones de pesos anuales. Estamos montando un programa llamado Infraestructura para la Prosperidad, para realizar de aquí hasta el 2021. Es como una bitácora de vuelo donde recogimos proyectos y programas del gobierno anterior y programamos lo que hay que hacer y lo que hemos acordado con las regiones.¿Es el plan que vale $99 billones?Sí, serán 99 billones a diez años y 30 billones para el cuatrienio del presidente Santos.¿Sí durará hasta 2025, con otros gobiernos?Yo lo que hice fue convocar a Centros de Pensamiento como Fedesarrollo, Anif, El Consejo Colombiano de Competitividad, la Andi y la Cámara de Infraestructura, para trabajar con ellos. Les he dicho que se apoderen de este ministerio porque lo que yo realmente quiero como colombiano es dejar establecida una carta de navegación y que el que llegue tenga que sentarse con ellos a conversar. Estamos haciendo un convenio marco para que haya un apoyo permanente. Ahora vamos a meterle un ‘Fast Track’ a todo el tema del desarrollo de las grandes obras porque si seguimos como vamos, no las terminaremos nunca. ¿Pero, y su insistencia en los diseños y estudios previos?Yo soy el primero en decir que eso es lo más importante, pero si nos quedamos haciéndolos toda la vida, no terminaremos nunca. Tendremos que buscar un esquema mediante el cual se puedan hacer diseños, estudios y construcción, con una misma empresa, con unas buenas interventorías que controlen desde el principio y con unas buenas pólizas de seguros que garanticen que quien va a hacer la obras las hará bien.¿Por qué es usted amigo de revisar el tema de concesiones?Soy amigo de las concesiones, pero como están estructuradas aquí, son mucho más favorables al concesionario que al Estado y al usuario, porque lo que el gobierno ha hecho en estos últimos años, de buena fe, es entregarles la plata antes de que hagan las obras, y garantizarles vigencias futuras y peajes. O sea que, funcionen las cosas o no, ya está la garantía del dinero. Otro tema complicado es la adquisición de predios porque si se demora, de todos modos están recibiendo los peajes. Ahora trataremos de darles plata sólo al término de las obras y una nueva ley hará más expedita la adquisición de predios. ¿La vía Bogotá-Girardot le sigue dando vergüenza?Definitivamente sí, porque es el colmo que una vía con los mejores tráficos promedios diarios de Latinoamérica, vaya al ritmo que va. Ya debía estar terminada, pero cayó en el lío de los Nule. Como los otros tres socios del proyecto de alguna forma se estaban abrigando en el fracaso de estos señores les dijimos: “Señores, esto es responsabilidad de ustedes porque son solidarios, terminen la obra”. Le han puesto voluntad pero va con un retraso por lo menos del 30%, aunque ellos nos dicen que a finales de este año van a tener un avance muy importante. ¿Por qué no les declaran caducidad?Porque las concesiones están hechas para no declarar caducidad. Se supone que el incumplimiento se da al terminar el plazo de entrega de la obra, no por hitos. Lo único que hay para hacer es ponerles multas, que son un saludo a la bandera. 93 billones de pesos para inversión. ¿Cuáles son sus obras consentidas?Las más importantes son los corredores logísticos Bogotá-Buenaventura y Bogotá-Cúcuta, decisivos para el desarrollo de los Tratados de Libre Comercio.Hay otras importantísimas, en sectores clave del país como Santander y Norte de Santander, con vías prácticamente destruídas por los movimientos de tierra y el invierno. Hay grandes dificultades entre Popayán y Pasto, y problemas delicadísimos entre Villeta y Honda, porque esa vía vital también se destruyó . La carretera entre Manizales y Mariquita prácticamente se derritió y vamos a meterle toda la energía. Otra vía, que para mucha gente no es importante, pero que para mí es estructural para el desarrollo de Colombia, es Puerto Gaitán-Puerto Carreño. Es una región que apenas se está empezando a desarrollar y no podemos seguir cometiendo el error de que las regiones se desarrollen sin infraestructura. ¿De donde saldrá la plata para resucitar el ferrocarril?Prácticamente todo hay que hacerlo con iniciativas privadas, garantizando la utilización. Un proyecto, al que le creemos mucho, es el fortalecimiento del Ferrocarril del Oeste, con propuestas de empresarios chinos apoyados por su gobierno.Otro es el Ferrocarril Central desde la Dorada hasta Chiriguaná y la Costa Caribe y un tercero es el Ferrocarril del Carare, pasando por la meseta Cundiboyacense. Esa ruta tiene garantía de uso con todo el carbón que se tiene que sacar. Una frustración vieja es la recuperación del Río Magdalena.El Presidente tiene una obsesión con eso. Por eso le estamos haciendo reformas a CorMagdalena.Ese proceso tendrá que hacerse a través de un esquema de concesión, donde el socio más importante será Ecopetrol, que hoy es usuario del 80% del río. Hay que incentivar ese uso fluvial y sumarle el resto a las petroleras, que podrían hacer allí una gran labor. ¿Qué tiene pensado para el Valle?Allí el tema del Puerto de Buenaventura es clave. En muy poco tiempo sacaremos la licitación para la profundización del canal de acceso que es una necesidad muy grande del Valle y del país. En el tema vial vamos a tratar de sacar adelante, muy rápidamente, la doble calzada desde Buga hasta Media Canoa, que son sólo nueve kilómetros pero importantísimos; tenemos en mente hacer un acuerdo con la gobernación y con los concesionarios que hicieron la vía Buga-Tuluá–La Paila, y vamos a meterle toda la fuerza del mundo a la vía Mulaló-Loboguerrero, así como a la vía hasta Buenaventura, para mencionarle algunas cosas.¿Cómo se resolverá el pulso de la Tabla de Fletes?No es tan sencillo como la gente cree, porque no es simplemente una negociación con los camioneros. De hecho, las conversaciones con ellos son permanentes, pero aquí todos nos vamos a tener que volver eficientes. Por eso creamos un sistema de costos eficientes que recoge un montón de parámetros como los tiempos de espera, los peajes, el estado de las vías, la obsolescencia de los equipos y demás. Eso nos dará unos valores promedio por ruta que servirán de referencia para negociar entre transportador y generador de carga. Han sido unas reuniones intensas, pero yo no lo veo tanto como que se va a acabar una tabla, sino cómo vamos a modernizar el transporte de carga, de cara a un país que se está desarrollando de una manera muy importante.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad