'En la nevera': relatos de los venezolanos que luchan contra el frío en Bogotá

'En la nevera': relatos de los venezolanos que luchan contra el frío en Bogotá 

Septiembre 09, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Daniela Miranda, Reportera de Colprensa / Bogotá
Migrantes venezolanos en Bogotá

Así viven los migrantes venezolanos en su tránsito por Bogotá. Acampan en algunas zonas verdes de Fontibón.

Diego Pineda / Colprensa

Bogotá, reconocida coloquialmente como ‘la nevera’ por sus bajas temperaturas, no es una ciudad fácil para estas personas que llegan esperando una ayuda. El frío y la xenofobia que se evidencia cada vez con más fuerza, ante el sentimiento de amenaza que sienten las personas con la presencia de los venezolanos, la han convertido en todo un desafío para ellos.

El único lugar seguro para empezar su travesía es la Fundación, pues allí llegan entre 120 y 150 venezolanos por día buscando una ayuda, que ven retribuida en un pequeño desayuno que les da calor tras pasar la noche en un parque y los anima a continuar su recorrido.

Las hermanas de la Arquidiócesis les brindan acompañamiento psicológico y, en varias ocasiones, les abren la puerta de la casa hogar, que dispone de 70 camas, para que puedan ofrecerle un descanso a sus pies, como es el caso de María.

“Hace más o menos un año que empezó una fuerte demanda de los venezolanos que llegan a Bogotá y la única casa que los aloja es esta. Primero hacemos sentir a las personas dignas, porque independientemente de todo son seres humanos, no se debe discriminar”, detalla la hermana Valdete, quien agrega que también se les da la oportunidad de bañarse y consumir un alimento y, en muchos casos, se albergan allí entre cinco y quince días, para después salir a buscar una vivienda.

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Risas de niños venezolanos inundan por momentos el lugar, donde las caras demacradas de los adultos buscan un poco de oxígeno para seguir dando pasos. Con esa sensación, María espera en el patio a que le asignen una cama, sus pasos son débiles porque las heridas en sus pies no le permiten caminar con firmeza. En su cabeza espera pasar al menos una semana en la fundación, mientras organiza su cabeza y “se va a trabajar de lo que sea”, siempre y cuando sea honesto.

Según la Secretaría de Gobierno de Bogotá, el grueso de venezolanos, cuya situación no está resuelta, se encuentra viviendo en arriendo por un costo entre 150.000 y 500.000 pesos, dependiendo de la localidad que escoja.

Ciudad destino

La población venezolana en Colombia suma más de 935.593 ciudadanos, según las últimas cifras reveladas por las autoridades migratorias, de los cuales el 23,5 % permanece en la capital del país, teniendo en cuenta que la ciudad es un destino al cual estas personas llegan a ‘rebuscársela’, como dicen ellos.

El subsecretario para Gobernabilidad de Bogota, Francisco Pulido Acuña, detalla que la ciudad ha sido caracterizada por una oferta social muy amplia con dinámicas económicas y de incorporación cultural, que se hace ver atractiva ante los ojos de los migrantes.

"Salimos en busca de salud y una vida digna"

Por: Martha Lucía Gómez, Reportera de La Patria / Manizales

Samir Lira, venezolano

Samir Lira con su hijo de 2 años y su esposa Rusmery Padrón, emigraron a Manizales en busca de oportunidades.

La Patria

Aunque $45.000 para comprar un medicamento con el que pueda desparasitar un hijo, y evitar que se desnutra, no es mucha plata para un colombiano, hacer esto en Venezuela costaba dos millones de bolívares. Por esto, el venezolano Samir Lira se la jugó y salió ilegalmente de su país y llegó hasta Manizales.

Fue lo único con lo que salvó la vida de su hijo de 2 años, aunque la desnutrición no la logró frenar, porque ya era tarde. Samir tiene 34 años y su esposa, Rusmery Padrón, 29, quien ya también se encuentra en la capital de Caldas con el niño.

“Dormí 15 días en las calles de Cúcuta para trabajar, reunir el pasaje y llegar a Bogotá, donde me recibió un amigo. Fue un domingo, en la tarde salí a buscar empleo y lo conseguí en una venta de comidas rápidas. El primer sueldo que me pagaron lo envié a Venezuela para comprar el medicamento. El niño ya se mejoró”, recuerda Samir, al contar que el pequeño tenía un parásito que consumía lo que ingería.

En mayo de este año, Samir se quedó sin el empleo en Bogotá. Empezó a vender puerta a puerta productos de aseo. Solo comía una vez en el día con tal de que le quedara plata para mandar a Venezuela, para que Rusmery y su hijo se vinieran a Colombia. Una vez reunidos, otros compatriotas les recomendaron viajar a Manizales, porque era buena plaza para conseguir trabajo.

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Llegaron a una casa del Centro de la ciudad en la que viven once venezolanos, donde estuvieron hasta hace dos semanas. Decidieron arrendar una pieza en la Galería, por la que pagan $7000 diarios. “Ella está trabajando en un café, atendiendo mesas. No es prostitución. Gana $25.000 diarios. Entra a las 12:00 del día y sale a las 9:00 de la noche, con eso nos estamos defendiendo. Estoy sin trabajo, al cuidado del niño y esperando que me llegue el permiso para ver quién me da empleo”, sostiene Samir.

Rusmery es administradora de empresas y él, técnico en computación. Dicen que además del problema de salud, salieron de Venezuela pensando en el futuro. Ya estaban vendiendo sus pertenencias para sobrevivir.

“Actualmente un salario mínimo mensual son 5.300 millones de bolívares, y un kilo de carne vale 10 millones. Acá nos han tratado muy bien. Lo que ella está ganando nos da para comer, que es una cosa muy difícil en Venezuela. Mi suegro nos está cuidando la casa, porque si la dejamos sola el gobierno nos la quita. La agarra la junta comunal y la entrega al instituto de tierras para dársela a personas que nunca han trabajado”, expresa Samir.

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