¿Cómo deja el Gobierno las relaciones con EE.UU. y Venezuela?, responde la Canciller

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¿Cómo deja el Gobierno las relaciones con EE.UU. y Venezuela?, responde la Canciller

Julio 08, 2018 - 08:00 a. m. Por:
Argemiro Piñeros Moreno, Colprensa
La canciller María Ángela Holguín.

La canciller María Ángela Holguín.

Especial para El País

La canciller María Ángela Holguín sí que supo cumplir el llamado ‘servicio social’ de un funcionario público. Ella y su colega de gabinete Mariana Garcés fueron las únicas integrantes del gabinete que estuvieron durante los ocho años de mandato que tuvo Juan Manuel Santos (2010-2018).

Holguín, quien aparecía de manera insistente en los ‘sonajeros’ de cambio de ministros, se mantuvo siempre al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, desde donde tuvo que hacerles frente a ‘papas calientes’ diplomáticas como fueron la relación con Venezuela, el diferendo con Nicaragua y hasta mejorar y cambiar la agenda que se tenía en la relación con los Estados Unidos.

Al hacer un balance de esa gestión, Holguín no duda en reconocer que la crisis con Venezuela fue una de las situaciones más complejas que tuvo que sortear.

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Recuerda lo que le significó en lo personal estar sentada en la mesa de negociación con las Farc.

Cuenta que durante un año largo sufrió por un reflujo “terrible” que tuvo. “Se me estaba quemando una cuerda bucal, estaba muy mala y no hacía otra cosa que toser, cada reunión en que entraba yo empezaba a toser, me moría, me salía de las reuniones. Eso fue después del tema con Nicaragua”.

De estos y otros temas, de cómo fue el manejo de las relaciones diplomáticas durante los ocho años de la administración Santos, habló María Ángela Holguín con Colprensa.

¿Cómo queda la relación con Estados Unidos?

Empezamos una relación con Estados Unidos donde se inició lo que llamamos el diálogo de alto nivel: la reunión que se hace una vez al año, una vez allá y luego en Colombia, con muchos ministros, funcionarios, unos 30 de cada lado. Allí se pusieron en la agenda temas que nunca se habían visto en la relación, como ciencia y tecnología, innovación, energía, derechos humanos, gobernanza, una serie de temas que generan desarrollo y no solo narcotráfico y seguridad.

Con esta nueva cifra de los cultivos ilícitos –que también se vio en los diálogos de alto nivel–, nos pusimos una meta de cinco años para acabar con ellos. Eso lo que hace es ponernos una hoja de ruta tanto en sustitución como en la erradicación y ese tiempo nos sirve para sortear cualquier posibilidad de que haya una descertificación. El gobierno de hoy en los Estados Unidos en cualquier momento se mueve de unos temas a otros, ahora lo vemos más enfocado en el tema de las drogas, pero también sabemos que ven que hay más temas en la agenda.

¿Pero esa atención al tema de las drogas hoy es porque el presidente es Donald Trump?

Creo que es por el aumento de 21.000 hectáreas de cultivos ilícitos del 2016 al 2017. Para los americanos esto es importante, independiente del Gobierno. ¿Qué es lo que ha pasado en los Estados Unidos en el último año? Es toda la crisis que han tenido con los opioides de todo tipo, que ha llevado a que haya cerca de 60.000 americanos que han muerto por ello, comparado con 6000 por cocaína.

¿Se imaginó que el gobierno Trump sería así?

No solo Colombia sino el mundo entero estuvieron a la expectativa de cómo iba ser el gobierno Trump. Estamos siempre mirando sus actuaciones en el mundo, el tema comercial se ha vuelto de preocupación para todos, también el que se retire del Consejo de Derechos Humanos, que sienta que lo multilateral no es tan relevante como todos creemos que los Estados Unidos debe jugar ese papel. No deja uno de estar alerta a cualquier cosa que pueda pasar. El gobierno de Obama y los anteriores eran de menos sorpresas.

Otra gestión suya fue la relación con la Unión Europea, donde quitaron el requisito de la visa Schengen. ¿Cómo queda esa relación?

Muy bien. Está todo el apoyo de los gobiernos de la Unión Europea en el proceso de paz, además en las agendas bilaterales con cada uno de esos países se tienen temas que hemos trabajado y nos hemos beneficiado. En el retiro la visa Schengen, trabajamos desde el primer momento en cómo podíamos tener un pasaporte distinto, con el que los colombianos estuviéramos tranquilos. En el momento en que esos 28 países nos quitan la visa, mejoramos sustancialmente en relación a otros países.

Hoy en día los colombianos podemos entrar a 91 países sin visa, eso es muy importante. La Unión Europea también nos ayudó con el Fondo Europeo para la Paz, el tratado de libre de comercio también se inició con este gobierno, es difícil un mejor momento en la relación.

¿La Alianza del Pacífico goza de mejor salud que Unasur?

Unasur está prácticamente acabándose. Con la Alianza, lo que hicimos es estar enfocados en el tema económico, comercial, en la competitividad y nos alejamos de los temas en que desafortunadamente se concentró Unasur: las diferencias que hay en sus países por los modelos políticos y sociales, sin lograr salir de ahí. Esa es la dificultad de Unasur, se pueden reconocer las diferencias pero se debe avanzar.

Sí se mejoró la relación con Asia en este gobierno?

Avanzamos enormemente, Colombia –a diferencia de otros países de la región– llegó 20 años tarde a Asia, pero hemos tratado de acortar esas distancias. El hecho de tener una mayor presencia en los países asiáticos no significa que vaya un ministro cada dos años sino que haya una presencia, una continuidad, y eso se logró con embajadas nuevas que abrimos en Tailandia, Filipinas, con unas embajadas más fortalecidas en la región gracias a un trabajo conjunto con la Alianza del Pacífico.

Estamos con ellos en Singapur y Vietnam y Nueva Zelanda, hicimos el tratado de libre comercio con Corea, estamos avanzando con el de Japón, ojalá eso continúe. Esto es por fin llegar a un relacionamiento comercial con la región más grande del mundo.

¿Cómo fue vincular al mundo para que acompañara el proceso de paz?

Fue un trabajo grande mostrar lo que estaba haciendo Colombia con los acuerdos de paz, tener un país que dejó la confrontación y la guerra para poder entrar al desarrollo y que la gente tenga mayores posibilidades, y eso es viviendo en paz. En eso nos movimos por el mundo y este reaccionó muy positivamente. Hoy vemos una comunidad internacional que acompaña el proceso de paz, que ha ayudado en términos económicos pero también en lo político. El Consejo de Seguridad de la ONU pocas veces tiene esas resoluciones que unánimemente acompaña, ya vamos en dos y ahora muy seguramente en septiembre vendrá la siguiente.

¿Pero cuando llega de negociadora a La Habana creyó que las Farc iban a firmar la paz?

No estaba muy convencida, era bastante escéptica, pero después de las primeras reuniones me di cuenta de que había un gran convencimiento de que todos queríamos la paz.

Una de las ‘papas calientes’ fue el tema de la crisis con Venezuela. ¿Cómo queda esta relación y cómo fue su experiencia?

Ha sido muy duro porque creímos durante mucho tiempo que Venezuela a través del diálogo podría encontrar una salida a esa crisis política que lleva mucho tiempo y que ahora es más una crisis política, social, humanitaria.

Creímos en ese diálogo y nos la jugamos con varios países de la región para sentar en la mesa a la oposición y al gobierno y trazar una hoja de ruta. Pero la deportación de los 20.000 colombianos para mí fue el hito en donde hay una separación entre los dos países y se toma una distancia porque nadie le hace a un país vecino un trato así de sus connacionales. Esto fue casi, casi, de lo más duro que viví en estos años: ver ese día a la gente desesperada saliendo de sus casas, dejando a sus hijos. Se siente uno con las manos atadas, que no puede hacer nada.
Lo otro es que llegó un momento en donde decidimos devolver a nuestro embajador, no tener relaciones con Venezuela en el momento en que ellos acaban con la Asamblea Nacional. Ahí sí la democracia entra en una picada que no se ha repuesto.

¿Se demoró mucho el gobierno Santos en tomar esta posición frente a Venezuela?

Hicimos lo que pudimos, con dificultad veo otra salida, creímos que podíamos ayudar, presionar, pero cuando toman la decisión de acabar con la democracia ya no había nada absolutamente más que hacer.

El otro ‘chicharrón’ fue el diferendo con Nicaragua. ¿Cuál es la situación actual?

Fue muy duro, ese proceso venía desde el 2001, de alguna manera sabíamos que nos iba a tocar el fallo. Ese proceso se había manejado con una política más de Estado, porque pasó por los gobiernos Pastrana y Uribe y lo recibimos nosotros con un agente y unos abogados, en donde lo que hicimos fue seguir exactamente el mismo camino que venía. Lo que hemos hecho a raíz del fallo, que fue muy duro por haber separado los enclaves y no respetar las 200 millas a San Andrés y Providencia, son las decisiones que tomamos como retirarnos del Pacto de Bogotá, hicimos el decreto de las zonas contiguas, hicimos una pregunta ante la Corte Constitucional de cómo se cambian los límites del país por una sentencia de una corte internacional.

Conformamos además un equipo que es muy bueno, con el agente, con el coagente y hoy tenemos dos demandas adicionales que surgen de la misma demanda inicial de la plataforma continental extendida y la de violación a los derechos soberanos de Nicaragua.

El nuevo gobierno va a tener tiempo de introducirle los cambios que le parezcan, porque se presentarán en noviembre de 2018 y el otro en febrero de 2019, nosotros dejamos con los abogados todo listo, todos los soportes.

¿Cuál fue la labor que se realizó desde la Cancillería hacia las fronteras?

Las fronteras han estado abandonas en este país por décadas, logramos fue llegar a los 77 municipios de frontera que tiene Colombia con proyectos sociales, productivos, eran muchas comunidades que estaban alejadas, muchas que nunca habían visto un funcionario del Estado. Lo que hicimos fue trabajar con ellos para armar proyectos que les ayudara a progresar y se tuvieron 855 proyectos, $172.000 millones para traer recursos de otros ministerios, esto fue un primer granito para el posconflicto.

"Unasur tenía temas importantes como la infraestructura, trabajar juntos en salud, pero todo se fue dejando de lado por una visión mucho más política"

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