Valores vallecaucanos: Juan Gabriel Soto, el ángel de la población con discapacidad visual

Valores vallecaucanos: Juan Gabriel Soto, el ángel de la población con discapacidad visual

Diciembre 10, 2017 - 08:00 a.m. Por:
Redacción de El País 
Valores vallecaucanos - invidente

Juan Gabriel Soto, el director de la sala Helen Keller, también habla inglés y francés. En el aprendizaje de los idiomas ha sido autodidacta.

Especial para El País

“Yo soy un ciego feliz. Si en este momento se me apareciera el genio de la lámpara, no le pido que me devuelva la vista… Siento que sería como retroceder en todo el trabajo que he hecho con la discapacidad. Mucha gente llega acá y dice que ha llegado, y que ha seguido adelante, al encontrarme; tal vez porque me han entendido como como un testimonio de vida, un referente que les sirvió para creer que es posible. Aquí ha llegado gente con ganas de matarse que cambió de idea…”

Sentado en uno de los extremos de la mesa rectangular que llena el centro de la sala Helen Keller, en el primer piso de la Biblioteca Departamental, el director de ese espacio explica su lugar en el mundo. Gracias a él, sobre todo, funciona lo que hay alrededor: cuatro equipos (Víctor Reader) que convierten libros en audio, dos magnificadores de texto, computadores con teclados ampliados, una impresora en braille y una colección de textos y documentos en ese mismo sistema de diminutos puntos en relieve que le permiten a los ciegos leer a través del tacto.

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La sala se llama Helen Keller en honor a la chica estadounidense que bautizada así, se convirtió en la primer persona sordociega en obtener un título universitario, además de haber sido escritora y una importante activista política, dedicada muchos años a trabajar consiguiendo fondos para apoyar programas de formación para la población con distintas discapacidades visuales. En la Biblioteca la sala fue fundada en 1994 y ahora allí también hay una oferta de cursos y talleres gratuitos, como lecciones de dactilografía, lectura y escritura en braille, manejo de sistemas, y apoyo en los procesos de rehabilitación.

Desde ese sitio, un rectángulo con paredes de vidrio donde no cabrían dos autos estacionados, hace unos años su director impulsó un ciclo de cine para ciegos mediante un método de narración que iba describiendo palmo a palmo las proyecciones, como si se tratara de la transmisión radial de un partido de fútbol; aunque por fortuna, libre de los desgarros guturales y agónicos de un grito de gol. Y asimismo, desde ahí ha impulsado y asesorado el montaje de emisoras virtuales creadas y puestas en marcha por personas ciegas. El hombre se llama Juan Gabriel Soto y a los 35 años, el recorrido que ha hecho para llegar hasta ahí, parece de alguna forma y sin exagerar, el camino de un ángel de tierra.

Cuando perdió la vista, Juan Gabriel tenía 3 años. Lo estaban bañando, se cayó del lavadero, se golpeó la cabeza y ya no volvió a ver. En sus recuerdos, pues, no alcanzaron a quedar imágenes guardadas. Ni la panza amarilla del sol, ni el agua corriendo de la llave, ni de la cara de su mamá. Nada. Pero paulatinamente él se fue construyendo la concepción del universo a través de los libros; luego de cinco años en el Instituto para Niños Ciegos y Sordos de Cali, pasó a una escuela formal y a los 17 se graduó con honores como bachiller. De ahí estudió comunicación social en el Instituto Colombiano de Comunicaciones, y de ahí, en el Sena, una tecnología en sistemas con énfasis en lectores de pantallas.
Su primer trabajo formal lo consiguió durante la administración de Apolinar Salcedo, el alcalde ciego que tuvo la ciudad entre 2004 y 2007.

Junto a otro discapacitado visual, le encargaron lijar los barandales metálicos de los puentes vehiculares de la Autopista con 39 y del sector de La Luna. Entonces, recuerda riéndose, cuando la gente pasaba en sus carros y los identificaba por el chaleco como empleados públicos, los saludaban a madrazos; fueron varios días así hasta que después de unas notas de prensa reconociendo su labor, los conductores pasaron de insultarlos a saludarlos amorosamente pitando desde los carros.

Para moverse por Cali, cuenta Juan Gabriel, que creció en los barrios Marroquín y Petecuy, se valía de un amigo que lo acompañaba durante sus primeros viajes en bus, contándole con detalle la razón de las curvas y los trancones de la ruta, hasta que él pudiera hacerse un mapa mental que le permitiera andar solo. Después de lijar puentes, trabajó tres años en el call-center de Parquesoft y de ahí, el 5 de mayo del 2009, empezó en la sala Helen Keller, inicialmente dictando talleres en braille.

Después del primer contrato, cuenta, trabajó un tiempo sin paga pero feliz, seguro de que había encontrado su lugar en el mundo. Y con esa convicción se dedicó a insistir e insistir en la tecnificación de la sala, y en la importancia de abrir cada vez más puertas para que los discapacitados que llegaran, vieran, sí, vieran, que la oscuridad no es el final del camino.

Mientras toda esa vida transcurría, mienras él iba de un lugar a otro, se enamoraba y se convertía en padre, Juan Gabriel también se entrenó como futbolista y el pasado miércoles, con la Selección Cali, ganó oro en los Juegos Para-departamentales. “Ya me conozco media Colombia yendo detrás del balón…”, dice el hombre. El director de la sala, juga como volante de creación.

"Lo que me he planteado como misión es ayudar a otra gente, porque yo, en su momento, viví la misma angustia de las personas que pierden la visión"

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Juan Gabriel se casó el 7 de julio del 2009. Su esposa, abogada especializada en Derecho de Familia, también es discapacitada visual.

Especial para El País

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En la Biblioteca Departamental dicta los talleres y vive pendiente de asesorías individuales con alumnos que lo buscan a diario.

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Juan Gabriel está casi siempre en la sala Hellen Keller, ubicada en el primer piso de la Biblioteca Departamental.

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